9. El aislamiento es un problema

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Hay una manera de vivir, que nos hace neuróticos, aislados, con muchísimos problemas. Pero, aparentemente no encontramos la solución, salvo ir al psicólogo, al psiquiatra, que nos receta algo para las crisis. Pero, aunque creemos que eso es definitivo, ya que no hacemos nada de verdad para salir, sí que hay una posibilidad de adoptar otra actitud, que nos libere de ese aislamiento en que vivimos. Cuando más se encierre en sí mismo, cuando más se encierre en su ámbito familiar, en el social, aunque se encuentre aparentemente seguro, es cuando más inseguro está. Por otra parte, ¿existe la seguridad en absoluto? Si usted, no sale de casa porque así se encuentra más seguro, si huye de la relación, sale al anochecer y disfruta de la noche, sentirá alivio y placer. Pero cada vez, estará más hundido, dividido, y cuando salga de ese ámbito que tanto le place, no lo podrá soportar. Está claro, que si alguien tiene una merma física, como algo paralizado definitivamente, una amputación, eso será definitivo. Pero en el ámbito mental y psíquico, siempre puede haber una posibilidad de solucionar los problemas. Pero para ello, uno tiene que tener mucho amor por uno mismo y los demás, tiene que amar a la vida, tiene que sentir gozo de relacionarse con quién sea, tiene que verse lo inútil que es; y no tener miedo de aceptarse, que su vida no tiene ningún sentido. En realidad, lo que sucede es que tenemos miedo a las personas, sobre todo a las que no entran dentro de nuestro patrón de conducta. ¿Alguien que tiene miedo, puede tener amor? Si tenemos miedo, cómo podremos mirar a los ojos a las personas, cómo podremos escucharles atentamente para comprender lo que dicen, cómo tendremos el tiempo para observarlos atentamente. Pero, esa ansiedad, esa aceleración, demuestra que tenemos miedo. Cuanto más corremos, más perdidos y confundidos estamos. Entonces, qué hará que despertemos de esa terrible pesadilla, que es el vivir aislado, temeroso, siempre con prisa y ansiedad. Primero que nada, tiene que tener tiempo para mirarse, para observarse atentamente, para darse cuenta de cada deseo y pensamiento que surgen e intentar seguirlo hasta el fin, hasta el final, y entonces, ese deseo cesará. ¿No nos damos cuenta, que la rutina que llevamos nos divide, tanto interna, como externamente? Y, es que somos tan pobres internamente, somos tan fríos y egoístas, que vivimos aparte, en nuestra torre de marfil. ¿No siente el deseo de amar, de hablar con las personas, de comunicarse con ellas, sean quienes sean; de amar a los árboles, a los animales, a las nubes y los pájaros; no siente amor, al ver la salida o la puesta del sol, de los atardeceres, de ese momento tan especial que es el amanecer, con su frescura, su silencio y su pureza, de todo lo sagrado que hay en ello? Pues aún está a tiempo, para gozarlo y deleitarse, para sentirse vivo y unido a todo cuanto le rodea. Y recuerde, que mientras tenga miedo, los problemas no se resolverán. El miedo, es paralizante y genera confusión; y entonces, ya no hay nada que hacer, porque ha perdido la posibilidad de poder observar y ver la belleza en todo lo que le rodea. Y entonces aparecen, la fealdad y la desdicha.