04. Necesitamos la verdad.

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                                                                         T o n i   S e g a r r a
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
            N e c e s i t a m os   l a   v e r d a d                                                                                                        
                                  -1992-
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Í n d i c e
 
 
 
 
 
 
 
 
                    1. Comunicación
 
                    1. Paz
                    2. Vida
                    3. Imagen
                    4. Juzgar
 
                    1. Renunciamiento
 
                    1. Violencia
 
                    1. Obstáculos
 
                    1. Los retos
 
                    1. Religión
 
                    1. Libertad
 
                    1. Lo nuevo
 
                    1. La mente no-dual
 
                    1. Ignorancia
 
                    1. Moral
 
                    1. Lo sagrado
 
                    1. El silencio
 
                    1. La represión
        1. 1
           
           
          Comunicación
           
           
          La comunicación es imprescindible para poder vivir. Comunicación es la relación. Cuando vemos algo, un objeto, un ser viviente, automáticante surgen en nuestras mentes pensamientos. Estos pensamientos son los que hacen que la comunicación sea la base de nuestra existencia. Sin comunicación, o sea sin relación, uno no puede vivir en este mundo. Inclusive si alguien tiene destruida parte de los mecanismos cerebrales, pero todavía le queda el de las funciones motrices tiene una comunicación automática sin posibilidad de interferencias personales, o egoístas. Las personas que están en coma profundo sabemos bien poco sobre ellas; aunque aparentemente su comunicación es también automática, sin mediar deseo humano; su actitud sería como la de un árbol, o una brizna de hierba.
          Las personas que tenemos la mente entera, sabemos que si al ver a un ser viviente que nos desagrada, le comunicamos ese desagrado y seguidamente todo un sentimiento de rechazo, todo nuestro ser se conmueve. Más maravilloso todavía es el observar que cuando un objeto -una silla, un florero, un cuadro, una estatuilla- es visto con desagrado y nos disgusta y molesta, tarde o pronto tropezamos con él haciéndonos daño mutuamente. ¿Por qué surge el rechazo, el disgusto, en nuestras vidas? ¿Es posible vivir sin rechazar absolutamente nada? ¿O es otra fantasía de unos cuantos lunáticos charlatanes? ¿Podemos ver el sitio exacto que cada cual tiene en el universo? Para poder afrontar estas preguntas uno tiene que saber qué es la vida y qué es el morir. El morir es tan importante como el vivir. Vivir y morir son una misma cosa -es como la noche y el día, el fuego y el agua, el frío y la calor-.
          Nosotros estamos vivos. Vivimos cada día, cada instante, cada momento largo o corto, sabiendo que estamos vivos. Lo cosa que más caracteriza a la vida es el dolor. Nuestras vidas son un sentir dolor. Y la única utilidad de la vida es ver la manera de desprenderse del dolor. No solamente del dolor físico, sino también del psicológico. El dolor es lo que más caracteriza al hombre vulgar. No la vulgaridad de la pobreza y la miseria, sino la vulgaridad de la ignorancia y la hipocresía. La vulgaridad es la repetición de algo que provoca dolor. Viendo en la repetición la seguridad momentánea. Todos repetimos hábitos y costumbres encontrándonos mucho más tranquilos. Pero el dolor no desaparece, se incrementa cada día más.
          La vulgaridad es insensibilidad. Aunque nos creamos sensibles por poseer un poco de gusto en el vestir, en coleccionar unos cuantos libros o grabaciones de música, somos tan vulgares como el que más. La vulgaridad desaparece cuando uno es íntegro, completo y sin división. Donde hay un atisbo de miedo y seguridad hay vulgaridad. Si somos sensibles veremos lo que acontece al hombre en su diario vivir. La amargura de su vida diaria, sin saber qué hacer para poder desprenderse de eso que lo hace feo, de eso que le oprime y le resta la capacidad de ver y gozar. La amargura es un veneno que nos destruye. Todo lo que hacemos y tocamos, si lo hacemos sin estar libres de esa ponzoña desagradable que es la amargura, saldrá distorsionado y nos enredará aún más en este mar de desdicha.
          ¿Por qué nos sentimos divididos de nuestro entorno? ¿Qué ha ocurrido para que el hombre tenga esta vida tan fragmentada? ¿Qué podemos hacer para desenredar el lío en que vivimos? ¿Dónde está el principio de todo este desasosiego, ante el cual nos encontramos tan impotentes? ¿Tenemos nosotros toda la responsabilidad de cuanto ocurre? El principio de todo no lo podemos asir con nuestras mentes. Es mejor dejarlo, ya que todo es infinito; y lo infinito no tiene fin. Pero lo que sí tenemos son dos datos: uno es la mente -más o menos lúcida- y algo que nos ocurre a todos que es el dolor. Con estas dos herramientas -que al final se convierte en una: la mente- ya podemos encararnos para ver si podemos solucionar los problemas que nos acucian.
          Queremos librarnos del dolor y ese mismo sentimiento nos introduce aún más en él. El dolor y el miedo son una misma cosa. Tenemos muchos miedos: de fracasar en algo que llevamos entre manos, a la soledad, a la vejez, a la enfermedad, a la autoridad potente y firme, a un sin número de cosas y al final de todo a la muerte. ¿Sin el miedo habría dolor? Uno debe investigarlo muy profundamente. El dolor, o el recuerdo del dolor, me da inseguridad por lo tanto tengo miedo. Al sentirme inseguro surge todo el plan de defensa lo que me lleva a la división y a la fragmentación. ¿Sin esta defensa peligraría nuestra integridad física? ¿Nos destruirían el cuerpo antes, que si nos defendiésemos de nuestros hipotéticos enemigos? El cuerpo tiene su propia inteligencia al margen de todo intento de inmiscuirse en él. Nuestro cuerpo sabe lo que tiene que hacer. Aunque está claro que se tiene que deteriorar y perecer, de una manera o de otra, tarde o temprano.
          Cuando uno se defiendo de otro, entra en el plano del presunto atacante. Si el que pretende atacar es agresivo y violento, el que pretenda defenderse caerá en la agresividad y la violencia. No hay que defenderse de nada, porque a uno no le pueden atacar. Y si lo intentan al no encontrar la respuesta esperada, no habrá más ataques; ya que al no responder no se entra en el plano que está el atacante, que es el de la agresividad seguida de violencia. Indudablemente uno tiene que tener una gran compasión por los hombres, que nos hará humildes y sencillos, limpios y correctos.
           
           
           
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          Paz
           
           
          De vez en cuando hay personas que representan a un gran grupo de seres humanos, que se empeñan en hablar de paz. Repiten esta palabra de una manera tan vulgar que al final, la paz se queda en un signo de tres letras, que como tantos otros, está en el diccionario y nada más. Cuando uno habla de paz, lo primero que tiene que hacer es mirar cómo es su manera de vivir cotidiana. No podemos hablar de paz si nosotros somos los primeros que preconizamos lo contrario. Se puede hablar interminablemente de lo favorable de la paz, comunicarlo por medio de una información propagandística, hacer ostentación de ella, pero si nuestra vida está rodeada de injusticias, que son continuadas y sustentadas por nosotros mismos, la tranquilidad no llegará. Nos podemos dedicar invirtiendo tiempo y energía, pero nos seguiremos engañando como en tantas otras cosas.
          La palabra paz entre algunos significados quiere decir: sosiego, tranquilidad, unión, concordia, ausencia de guerra, reconciliación, quietud. Si uno no tiene su vida asentada en estos atributos, qué utilidad tiene hablar de paz. ¿Cómo puede uno rodeado de personas armadas, que defienden y hacen valer su autoridad, hablar de paz? ¿Puede uno que lleva una vida inmoral hablar de paz a las personas, para que surjan buenos efectos sobre ellas? Si no se desprenden de su inmoralidad y hablan de la verdad, los resultados serán negativos provocando el fin contrario al deseado por la paz. Cuando uno quiere la paz, es porque tiene algo que le perturba. Para que esa perturbación cese uno tiene que hacer las paces con el perturbador. Y la única manera en que puede cesar de perturbar algo es uniéndose con el causante del desconcierto.
          Deberíamos ver qué no es la paz y de esa visión ver qué podemos hacer. Tenemos que empezar a observar e investigar como si no supiésemos nada al respecto, para descartar las falsas opiniones, las imágenes preconcebidas, las presiones, todo lo que nos han dicho. Nuestra mente es la única herramienta que tenemos y lo más maravilloso que ésta tiene es que podemos observar cualquier cosa desde cerca y desde lejos -a manera de microscopio y telescopio a la vez-. ¿Podemos hablar de paz sintiéndonos cristianos, comunistas, de derechas o de izquierdas, europeo o asiático, pobre o rico? ¿Es posible la paz en este mundo sobrecargado de armas para matar a hombres y destruir la tierra? ¿Con el hambre y la pobreza es posible que haya paz? ¿Con la escala de valores que domina a todo el mundo, tan crueles e insensibles, podemos vivir en paz?
          No nos engañemos, la paz no es un atributo de nadie. Ni de un organismo, ni de un hombre piadoso, ni de un santo, ni de un país. Cuando alguien reclama la paz, porque alguien la perturba, no debe creer, que uno está en posesión del estado perfecto. Algo habrá ocurrido, o está ocurriendo, que provoca en los demás la acción agresiva. No es que debamos tolerar a los que rompen con la violencia la aparente paz. Hay que ver qué motivos han impulsado a uno a la ira y la violencia. Si nos lanzamos, creyendo que estamos en posesión de un estado virtuoso, con el fin de controlar y dominar a la persona que está encolerizada no lograremos la paz. Al contrario, podemos aplastarla momentáneamente, pero la paz no estará ni en uno, ni en el otro. La división proseguirá. Nos sentiremos divididos y fragmentados. Y la paz no será la concordia, sino “mi” paz impuesta.
          Es muy fácil hablar de paz desde un punto social privilegiado. Donde hay arbitrariedad tiene que surgir la discordia. Donde no hay amor, ¿puede haber paz? ¿Qué es el amor? Porque la paz es amor. Si hay amor no hay armas, no hay guerras, no hay aviones y barcos cargados de bombas y hombres para destruir a otros hombres como ellos. Si quisiéramos la paz de verdad, todos los arsenales de armamentos los haríamos desaparecer para siempre. La paz no necesita armas, ni mentiras, ni prepotencias. El que quiere la paz no necesita dispositivos de ataque, ni defensivos, solamente necesita sentirse unido a los hombres y nada más. No nos engañemos, la esencia de la paz es la unión de todos los hombres como si fuésemos todos uno. ¿Nos sentimos uno con los que viven en chabolas y son separados y rechazados por los que les sobra en abundancia de todo?
          ¿Sin dejar de ser egoísta puede uno ser feliz? No podemos ya que el egoísmo desencadena todo lo contrario para que pueda llegar la unión. Sin desprenderse del sentimiento egoísta bien poca cosa podemos hacer por la paz. Uno piensa en uno mismo como si fuéramos algo separado de los demás. No pensamos, ni nos damos cuenta, que uno es la totalidad. Cuando vemos algo -un hombre, un pájaro, una palmera, una hormiga- lo observamos como si fuera uno diferente de lo que ve. Este sentimiento, tan arraigado en nosotros, es el que desencadena la división, el dolor y la guerra. Sin estar unidos en el vivir de cada día la paz no llegará. Cada vez que hablamos de que desaparezca la violencia de nuestras vidas, no podemos pensar que esto va a suceder sin más. Aunque hablemos en charlas y conferencias, aunque salgamos a la calle y nos unamos unos cuantos para presionar, si estamos divididos de los violentos la paz no llegará.
          Muchos piensan que la paz es el cese de los actos violentos, que agreden y matan a seres humanos. Si hubiera habido algún tiempo de paz verdadero en nuestras vidas, seguramente la violencia presente no tendría por qué ser. El cese de la violencia externa no implica el que uno esté libre de la violencia interna. Uno puede creer que tiene su vida en paz y sin embargo estar sembrando la violencia. ¿Qué es lo que hacemos cada día en el trabajo, en la calle, en la casa, en la diversión? ¿Nos comportamos con amabilidad, con sinceridad y limpieza? ¿O vivimos mintiendo, tolerando las brutalidades que vemos por todos lados, huyendo de los problemas humanos, buscando la tibieza y el placer? ¿No es violencia rechazar a alguien porque nos molesta su presencia? ¿No es violencia mentir y engañar a personas de bajo nivel intelectual? ¿Obligar a hacer algo no es violencia? ¿Por qué nos extrañamos que nuestras vidas sean violentas?
          El sentirse miembro de una comunidad e identificarse con ella nos fragmenta y divide, hasta el punto que los hombres han erigido las fronteras entre países, regiones, zonas continentales, entre individuos. Cada vez que uno se identifica y se autodenomina como cristiano, como comunista, como árabe, como europeo o asiático, se está aislando y poniendo barreras para que la vida sea en paz. La identificación en cualquiera de sus múltiples formas, ya sea en la familia, en el partido político, en la tendencia intelectual, no es más que miedo a estar solo, a no ser nada. Sintiéndome americano siento que todo el poder y todo lo que se relaciona con mi país -bandera, música peculiar, idioma, manera de comer, costumbres tradicionales- me ayuda a soportar esta angustiosa vida diaria.
          ¿Qué haremos para que nuestras vidas tengan una paz verdadera? ¿La paz se puede conseguir mediante algo previsto, planificado, consensuado por un grupo pequeño o grande de personas -una asociación, un país o ya sea un bloque-? Si la paz se consigue imponiendo un criterio sobre los otros, esta paz es falsa aunque se divulgue y presente como verdadera. Aunque uno se crea que está en posesión del estado de paz, y por causa de este sentimiento nos divida de los que no lo están -guerreros, terroristas, violentos-, esa paz es otra ilusión más de nuestras mentes. La verdadera paz es el sentimiento de unión con todos los hombres y con todo el universo. La mente buscará la manera de justificar la paz falsa que nos divide y nos deja en el mismo sitio de siempre que es un estado confuso y violento. Un estado de no identificación con nada -ni familia, ni religión, ni cultura, ni corriente de opinión ya sea intelectual o política- sería la paz verdadera. Esta no es la realidad de cada día en la vida de cada uno de nosotros.
          Es necesario que nos desprendamos de los esfuerzos a que tan acostumbrados estamos a realizar sin darnos cuenta. Ya que el esfuerzo es destructivo y hace perder a la mente la sensibilidad necesaria para poder encarar cualquier acción. Siempre que hay identificación con algo hay esfuerzo. Identificación quiere decir que tengo una imagen de algo -ya sea de la paz, la de un método para llegar a conseguir algo, ya sea la de una idea que me hace feliz- y esa imagen por noble y correcta que nos parezca nos hace brutales, violentos y nos divide de los demás. Cada vez que la mente va en persecución de algo, que ya ha establecido en una imagen manoseada, la confusión y lo contrario de la paz están ahí. La mente al buscar la seguridad, que es lo que más necesita, inventa su paz. Y aunque esta paz sea falsa, ridícula y absurda, la defenderá por todos los medios cayendo en el esfuerzo y la confusión.
          La verdadera paz es un estado no inventado, nuevo, y por ello no se puede imponer. La verdadera paz se manifiesta de instante a instante, siempre nuevo e indescifrable. No es “mi” paz, ni “nuestra” paz, imponiéndose a lo que creemos que no es la paz. Si uno está en paz no lo ve como un logro, sino que la percibe muy dentro de sí mismo y la transmite como se transmite la energía del sol a la tierra.
           
           
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          Vida
           
           
          Vivir es algo que todos hacemos; lo contrario de la vida -que es muerte- sabemos bien poco al respecto sobre todo desde un punto de vista racional o tangible. En todas las partes de la tierra, ya sean los mahometanos, los cristianos, los hindúes que profesan el hinduismo, como los distintos grupos minoritarios que pertenecen o practican alguna teoría religiosa, sienten parecidas opiniones con respecto a la muerte y lo que puede venir tras de ella. Esto es debido a que sus vidas en todos ellos tienen muy poco sentido. Todos piensan en algo que pueda venir tras la cesación de esta vida. Esto en principio no es negativo, a pesar de que la mente no puede ir más allá de lo que ella conoce; y la muerte aunque parezca lo contrario es lo nuevo, lo impensado; ya que nadie -que se sepa- ha venido de la muerte y nos ha informado detalles sobre ella. Hay sistemas religiosos que indican, que una vida pecaminosa puede acarrear el infierno, que vendría a ser el dolor en su más elevado grado; hay otros como los hindúes, que el resultado de una vida no religiosa provoca un nuevo nacimiento del difunto en un estado menos avanzado espiritualmente y abocado a la ignorancia y al sufrimiento.
          La inmensa mayoría de las personas que habitan en la tierra, se sienten identificados con alguno de los sistemas que intentan darle alguna salida a esta vida. Hay algunos otros que diluyen sus vidas en el placer que proporcionan toda clase de drogas, entretenimientos y distracciones -viajes, cinematógrafos, teorías absurdas y sin sentido-. Todo esto demuestra que nuestras vidas están neurotizadas, vacías de calor humano, llenas de egoísmo. ¿Si el futuro es verdaderamente tan importante como lo presentan tras la muerte, por qué este desprecio por el presente? ¿Si el presente está conectado fatalmente al futuro, qué pasa con nosotros, que tenemos una vida tan descuidada, tan sucia y desordenada? ¿Si nuestra vida estuviera perfectamente entroncada en el presente para qué nos serviría el futuro? Si el presente fuera nuestras vidas el azaroso futuro no nos perturbaría.
          La raíz de todo está en la ignorancia. Cuanto más ignorantes más alejados de la verdad estamos. La ignorancia es una de las cosas más comunes a todos los hombres. Y tenemos que investigar profundamente el asunto de la ignorancia. No nos gusta mirarnos muy en lo dentro para no sentirnos heridos y desgraciados. Preferimos que otro vaya delante: y así nos convertimos en vulgares y de segunda mano. Pero es preciso investigar hasta la misma raíz de las cosas. Es preciso investigar qué le pasa al hombre que durante toda su larga o corta vida sufre y hace sufrir a los demás. Tenemos que investigar que todo esto que llamamos vivir puede cambiar. Vivir una vida como la que vive cualquier persona tiene muy poco sentido, no vale la pena ser vivida. Los avances científicos están alargando la vida, sin embargo el desorden y las angustias también se acrecientan.
          ¿Qué es el vivir para cualquiera de nosotros? Trabajar largas jornadas durante varias decenas de años, casamiento, sexo, hijos, un gran montón de problemas y la enloquecida huida del dolor -que es lo mismo que la persecución del placer-, es lo que más caracteriza a nuestra existencia. Al final de todo esto, que no tiene ningún sentido, llega la decrepitud y la muerte. Hemos avanzado en lo tecnológico hasta límites inimaginables: hace tan solo cien años hemos inventado gran cantidad de máquinas capaces de hacer toda clase de trabajos; en el campo médico y en el químico-biológico nadie sabe hasta donde han llegado en los avances. No ha sido así en el campo espiritual, en lo humano, en las relaciones entre los hombres. La crueldad, la inseguridad y desprecio por los seres vivientes, sigue estando en nuestras vidas como siempre.
          ¿Puede todo esto acabar de una vez para siempre y vivir una vida de paz y de amor por todo lo que me rodea? ¿Podremos desenredar todo este asunto del vivir -que al fin y al cabo es el vivir de cada uno-? ¿Seremos capaces de desentrañar todo el fuerte condicionamiento que tenemos? ¿Sin una mutación en nosotros no podremos hacer nada? Esta mutación es interna y psicológica. Es la gran revolución que debemos hacer todos los hombres para que desaparezca la división. Todas las revoluciones externas han dicho: cambiemos lo externo, lo físico, las estructuras, el sistema y todo se tornará ordenado y armónico. Esto no ha sido así, porque lo interno se manifiesta en lo externo. Si en lo psicológico somos codiciosos, estamos llenos de ansiedad, somos perezosos y desordenados, la sociedad que surgirá será caótica y deshonesta.
          El cambio psicológico debe de ser inmediato, porque una de las causas que obstaculizan el cambio es el factor tiempo. Cuando uno dice: pondré en práctica este modo de vivir para que dentro de una semana, un mes o un año, pueda surgir el efecto para que venga la mutación, el cambio, entonces se está engañando, Pues todo método o sistema implica un logro que requiere tiempo. La mente ha inventado el tiempo como ayer, hoy y mañana. Todo lo que la mente inventa es pensamiento. Y el pensamiento es lo falso y engañoso. El cambio, la mutación, no llega con el tiempo. La mente tiene que tener la cualidad del ver, de la instantaneidad. Ver en cada reto lo negativo, y si lo tiene descartarlo; y lo que llegue después de descartar lo negativo será el orden. No podemos saber lo que llegará después de descartar lo negativo -en imágenes o conceptos-; pues si media el pensamiento llegará el desorden que es lo negativo.
          El condicionamiento que nos ha sido transmitido es el mismo que tenían los hombres hace miles de años, cuando vivían en las estepas o en las cavernas sin apenas protección ante la naturaleza. Desde entonces hasta nuestros días, el hombre ha intentado solucionar el gran problema del vivir. Y en todo este periodo tan grandioso de tiempo no ha podido desvelar la gran trama de la ignorancia. En todas partes, desde la familia, las autoridades tanto científicas como morales, se nos enseña a tolerar y a seguir viviendo con la ignorancia. El resultado es este mundo que está en grave peligro de destrucción. En los últimos miles de años la tierra no ha estado tan amenazada y sus habitantes tan expuestos a la destrucción como le están en la actualidad. Aparte de las armas atómicas y las de toda la vida, una peor arma ha aparecido en cada uno de nosotros que es la ansiedad.
          A más destrucción más dolor, lo que quiere decir que el hombre en el presente es cuando mayor dolor ha sufrido desde que camina sobre este hermoso planeta. Ya que nunca la tierra sus pobladores tenían tanto poder de destrucción. Antes -hace miles o tan solo cien años-los hombres se destruían en luchas y guerras; ahora además de guerrear y matarnos unos a otros destruimos los ríos, los mares, los bosques, las montañas, los animales que enriquecen cada rincón de este planeta. Cada paso que damos en avances técnicos más destructivos somos. Ello es debido a la falta de una verdadera vida sencilla y moralmente vivida. La ignorancia es todo este mar de desdicha en que vivimos; aceptarlo y vivir con él, sin darnos cuenta que si no salimos nuestra vida seguirá siendo cruel y desdichada. La elección es de cada cual.
          ¿De dónde sacaremos toda la energía necesaria para poder desprendernos de la ignorancia? Toda la energía infinita del universo se encuentra reunida en nosotros cuando tenemos profunda atención. Si no hay atención has dispersión, hay fragmentación, hay desunión. Si cuando miramos a otro hombre lo miramos sin ninguna interferencia, se produce el milagro de la unión; donde ya no caben las palabras, donde la relación es al más alto nivel. La atención profunda, que es una vida de meditación, todo lo resuelve, los problemas como vienen se van: mejor dicho los problemas no son vistos como problemas sino como una sucesión del vivir, que no perturba la conciencia. Y desde esta conciencia hay un ver que disuelve toda la ignorancia que está destruyendo a la tierra y a los hombres.
           
           
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          Imagen
           
           
          Repetir lo que dicen los otros es peligroso. Y hacer lo que dicen los otros es aún más peligroso. Siempre que imitamos a alguien estamos llamando a la desdicha. Cada cual tiene que descubrir, como si uno fuera el primero que lo ve, todo lo que dicen los demás. Ya sea lo que dice la autoridad del maestro, lo que hayan dicho desde hace mucho tiempo atrás; lo que dijo tal salvador, lo que dicen en la actualidad. Cada vez que nos dejamos influenciar y llevar por una teoría, una idea, una opinión, estamos dentro del ciclo cerrado de la repetición y el condicionamiento. Desgraciadamente todos los salvadores y líderes, como los maestros y lo guías, tienen un aire propagandístico y embaucador.
          Nuestras vidas son tan desgraciadas, y tienen tan poco sentido, que nada más sentirnos un poco arropados en cualquier grupo, o persona que representa una idea que nos puede sacar del torbellino en que vivimos, no dudamos en imitar y hacer todo lo que se nos diga. Desafortunadamente al tener una imagen de lo que tenemos que conseguir es cuando surge la desdicha y el dolor. Porque todo lo que queramos conseguir, de una manera fatal, nos lleva al control, al deseo y en definitiva a la brutalidad. El pensamiento como no sabe cómo vérselas con la realidad inventa lo que él cree que es la realidad. O lo que es lo mismo: el pensamiento inventa “su” realidad. Yo soy violento y agresivo y esto no me gusta, por tanto invento la no-violencia y la apacibilidad. Y en ese mismo momento en que entra en juego el querer ser no-violento y dulce, es cuando estoy potenciando la división.
          El deseo es la raíz de donde arrancan todas las desdichas. El deseo no se puede reprimir, ni arrancar desde la misma raíz. El deseo es una fuente de energía. El deseo lleva implícito toda la fuerza de la vida. Sin deseo seríamos como vegetales. Pero el deseo, es el causante de tanta amargura y sufrimiento, que tenemos que tener una percepción alerta y diáfana. Para que nada más surja, y veamos que es negativo, descartarlo sin ningún esfuerzo. Hay que abrir una brecha entre el surgimiento del deseo y la acción que le sigue. Si alguien me dice que soy un necio y desprecia mi comportamiento, lo primero que surge en la mente es la sensación de estar herido y luego el deseo de deshacerme de esa herida, o el defender mi integridad ya que estoy agresivo. Si estoy atento, con todo mi ser, al insulto y al desprecio ¿qué sucede? Ya no hay herida porque la atención me ha dado tal lucidez y energía que he visto el mismo instante en que surgía el sentimiento de ofensa; y por lo tanto el deseo de reparar o defender ha muerto en el mismo instante en que ha salido en el pensamiento.
          Nuestro comportamiento no es así, ya que tenemos infinidad de imágenes de nosotros. Queremos ser inteligentes y queridos, nos gusta imitar y cuando nos lo dicen nos sentimos a disgusto, queremos llegar muy alto. Y todo esto nos resta la atención necesaria, esforzándonos y ajustándonos. ¿Por qué tengo la imagen de español? ¿Por qué siento que me deben de respetar ya que me considero una persona inteligente? ¿Por qué tengo la imagen de debilidad y por lo tanto necesitado de protección? Si no tuviéramos ninguna imagen nuestras vidas serían siempre limpias y nuevas. La imagen es la que nos tiene aplastados contra el suelo y no podemos apenas caminar. Sin imágenes no tendríamos barreras.
          Desprenderse de lo material resulta fácil comparado con nuestras imágenes. Es difícil no ser nada. Queremos ser ingleses, rusos, europeos; tener un oficio, un estilo, una familia; queremos tener un lugar sagrado que nos distingue de los otros; queremos vivir donde me siento más identificado. Esta es la trama en que vivimos los hombres y en la que estamos atrapados. ¿Tan difícil es deshacer las fronteras internas y sentir el mundo como un solo país, donde no haya extranjeros, ni nacionalidades? ¿Tan importante es el apellido familiar, el oficio, el clan, que nos hace ver la trama del condicionamiento como algo correcto, normal y valeroso? ¿Qué son esos lugares santos que representan a sistemas religiosos, que toleran que se enfrenten y se maten los hombres?
          Ver y actuar es lo mismo. Para ver correctamente, no distorsionando la realidad, tenemos que estar libres de todas las imágenes. Vivir sin imágenes es vivir en la realidad. No la realidad que me gusta debido al condicionamiento, sino a lo que es. Lo que debería ser es el juego astuto que inventa el pensamiento para no salir de su falsa seguridad. El pensamiento es falso cuando se enfrenta con la realidad. La realidad quiere decir: soy negro, soy blanco, vivo cerca del mar o en una alta montaña, soy alto o bajo, no soy importante o sí que lo soy, soy frágil o duro físicamente; todo esto es lo que es: la realidad, maravillosa o molesta, agradable o desagradable, pero esto es la vida tal y como es. Aquí el pensamiento, que produce una imagen diferente a la que en realidad soy, es un estorbo. El pensamiento solamente tiene utilidad en lo referente a cosas tales como el construir una casa, aprender un idioma, saber dónde vivo y cómo me llamo.
          Todos tenemos tanta prisa, tenemos tanta ansiedad, que nos hemos convertido en seres fríos e insensibles. Si pudiéramos ver en el mismo instante en que surge el capricho, la ilusión, el romanticismo, y ver su falsedad actuaríamos sin ningún esfuerzo. Una mente romántica es una mente que siempre está cotejando, mirando hacia atrás, hacia adelante, mirando todo a través de su pasado que es lo conocido. ¿Por qué no podemos morir al pasado -que por otra parte ya está muerto- ahora mismo, en este mismo instante, para que ya no sea nunca jamás un lastre, una pesada carga, que llevamos arrastrando desde hace tanto tiempo?
          Soñamos con algo mejor, pensamos en que este desdichado mundo sea más justo, queremos que nuestros hijos y las generaciones venideras vivan en paz y armonía. Y sin embargo, ¿qué hacemos nosotros para que sea todo esto una realidad y no una fantasía, una opinión esnobista, que pronto nos olvidamos de ella? Todo esto es muy serio, de lo contrario quiere decir que estamos jugando con las imágenes. Lo que quiere decir que el dolor y el sufrimiento seguirán en nosotros transmitiéndolo a los demás.
           
           
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          Juzgar
           
           
          Tenemos que ver la vida como una totalidad; en la que todo está unido y entrelazado de una manera perfecta y matemática. ¿Es esto una realidad o una idea que no tiene sentido? ¿Es posible ver la manera en qué actúa el universo? ¿Tenemos la mente suficientemente clara y despierta para asumir todo lo que nos es raro y extraño, capaz de perturbar nuestra estrecha visión de las cosas? Para ser libre hay que ser desapegados y estar dispuestos a deshacerse de lo que nos esclaviza. La libertad no es solamente con respecto a las directrices que dicta la autoridad, tanto si es política, religiosa, científica, o de la clase que sea, ya que la vida abarca a todos los aspectos de los hombres.
          Para ser auténticamente libres tenemos que saber que cada cual puede hacer bien poco por la vida, para cambiarla completamente. Y es de esta visión, sentida y vivida en cada acto de nuestra existencia, donde llega la libertad. Donde hay responsabilidad hay apego y esfuerzo. Si acostumbramos a juzgar cada suceso que acontece, como la mente es tan astuta inventa la manera de exculparnos. Por lo que siempre estamos atacando y dividiéndonos de los de nuestro alrededor. Cada persona, todos somos culpables de lo que ocurre; unos más, otros menos; pero en el fondo todos somos culpables y nadie a la vez. Por lo tanto si intentamos salir completamente limpios de cualquier situación, culpando a los demás, nos estamos engañando.
          Todo nos condiciona: el lugar donde vivimos, lo que comemos, lo que leemos, la familia, el clima, la época en que vivimos, el color de la piel. Así que tenemos bien poco -muchos desgraciadamente no tienen nada- verdaderamente nuestro. Somos como máquinas programadas, que saben lo que tienen que hacer y cuando. Por eso en todas partes nos manejan como quieren y cuando quieren. No tienen que especular demasiado para averiguar cuál va a ser el comportamiento en los momentos, ya sean conflictivos o de relativa tranquilidad, de nuestras vidas. De ahí que la culpabilidad nunca es de uno, sino de todos. Todos estamos empujados desde diferentes puntos a hacer lo que es negativo. Todos estamos en esto lo queramos o no.
          ¿Saben lo que les damos a los niños y a los jóvenes diariamente en la escuela, en la casa donde viven, en los libros, los diarios y la televisión, en los lugares de esparcimiento y diversión? Les estamos dando basura. Les estamos intoxicando su delicada mente con nuestras mentiras e hipocresías, con nuestro egoísmo visto como la cosa más natural, con nuestra tolerancia ante la guerra y la violencia, con la sumisión ante el actual estado de cosas; bombardeándolos por medio de la televisión y otros medios con mensajes consumistas y destructivos, enalteciendo el esfuerzo y la competición. Luego queremos erigirnos en jueces, para rectificar lo que consideramos perturbador y nos sorprendemos momentáneamente ante lo que nos horroriza en los demás.
          ¿Vemos en los demás, a los que se salen de los límites brutalmente establecidos, nuestra violencia y nuestra corrupción? ¿Vemos que nosotros consentimos y provocamos todo lo que nos molesta y nos pone los pelos de punta? ¿Por qué somos tan perezosos y no llegamos de una vez por todas hasta la raíz de los problemas? Queremos que haya orden y sin embargo somos desordenados. Queremos limpieza y nuestro interior se halla cubierto por la suciedad. Queremos que desaparezca la violencia siendo nosotros violentos. Queremos que la paz llegue viviendo en la inhumana injusticia. ¿A dónde vamos a parar con todo este sistema de enfocar y vivir la vida? Porque el problema es de todos pero también es de cada uno de nosotros. No espere que alguien le dé una solución mágica, de lo contrario estará dando vueltas sin ningún sentido.
          ¿Cuál es el resultado de esta turbadora situación, que cada vez es más caótica? Cada cual puede ver en sí mismo qué es lo que está ocurriendo en el mundo en que vivimos. La inseguridad, el ruido que todo lo abarca en las ciudades, la destrucción de todo lo que nos da vida, son algunos de los avisos de que algo no funciona bien. Ante esto, la solución más fácil que le damos, es la huida de todo lo que nos recuerde dónde estamos y qué es lo que estamos haciendo. Para ello nos rodeamos de toda clase de aparatos que nos llenan la cabeza de ruidos sin dejarnos pensar. Tenemos gran confianza en el futuro, ya que éste pretendemos que nos despeje el turbador presente que es la vida cotidiana. Por todo ellos nos hacemos torpes e inflexibles, tolerantes con las brutalidades que encontramos en cada esquina, huidizos de la soledad que nos aplasta y nos acusa sin la más mínima compasión.
          En todo este asombroso vivir el placer ocupa el lugar más importante y desplaza a todo lo que pueda perturbar el sentimiento de seguridad que nos da la existencia egoísta. ¿Qué es el placer, que tiene gran variedad de formas y maneras? ¿Es el placer amor a sí mismo? ¿Qué sucede cuándo nos entregamos al placer? ¿Podemos vivir toda la vida en un estado de placer? ¿O el placer de una manera fatídica nos aboca al dolor? ¿Por qué buscamos el placer de manera tan enajenante? ¿Podemos vivir sin sentir jamás placer? El miedo y el placer son la misma cosa. El placer y la esclavitud también son lo mismo. El placer es querer vivir en lo que debería ser: la existencia tal y como es en realidad no me gusta -enfermedad, vejez, muerte, soledad, frío y calor, dolor y sufrimiento-, entonces invento una nueva existencia que no tiene nada que ver con la realidad.
          En lo más profundo de nuestro ser tenemos un pequeño destello de que la manera de vivir de espaldas a la realidad es incorrecta, lo que nos aboca aún más en manos del placer. ¿Qué es la vida sino dolor y sufrimiento? ¿En qué parte del mundo no hay dolor? ¿Dónde hay justicia y amabilidad? ¿Dónde se puede confiar en las personas? ¿Dónde no se tiene que obedecer estúpidas órdenes? ¿Dónde se puede vivir sin ningún miedo a que le obliguen a uno a hacer cosas sucias y deshonestas? ¿Dónde está el lugar donde no haya ni enfermedad, ni la decrepitud, ni el final del cuerpo? ¿Alguna vez hemos entrado dentro -sin ningún intento de salir- del sufrimiento? ¿Por qué queremos salir del dolor que ni más ni menos es la vida? El dolor forma parte de la totalidad de la existencia y por lo tanto no se puede excluir sin quedar fragmentado.
          Cuando uno se da cuenta que está hablando con alguien que es feo, poco inteligente, sucio y oloroso, ¿qué es lo que sentimos enseguida? ¿Repulsión, inestabilidad, ganas de huir y sufrimiento? Pero si en ese mismo instante tenemos un atisbo de amor -llegará una descarga de lucidez- veremos que todo lo que nos divide desaparece y que el sufrimiento por lo tanto ha desaparecido. La fealdad, la suciedad y la falta de inteligencia, al igual que el olor que sentimos, ya nos molestará. No es que todo haya cambiado, sino más bien que uno ha cambiado. Entonces no hay el observador desde un centro -que es mi “yo”-, que nos divide y fragmenta. En esta observación el “yo” personal desaparece y se confunde con el yo colectivo o universal. Es decir uno se ha fundido con la totalidad, lo absoluto, con lo que no se puede describir con el pensamiento.
          ¿De qué manera actuamos y nos comportamos ante cualquier reto que de primeras nos molesta? La reacción inmediata es la de deshacernos lo antes posible de lo que nos desagrada. Y para ello recurrimos a métodos que nada nos recuerdan que somos hombres civilizados, demócratas y liberales. En la huida hay un gran desperdicio de energía. Y en la huida está la división, el caos y el dolor. Si no huimos de cualquier reto y nos encaramos con él con todo nuestro ser, entonces veremos qué podemos hacer para que la desdicha llegue a su fin.
           
           
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          Renunciamiento
           
           
          Todos los problemas que nos tienen atrapados de vez en cuando se convierten en retos ineludibles, por lo que uno se ve en la obligación de intentar darles una solución inmediata. La solución de un problema no quiere decir que vamos a entrar en un estado en que no hemos de estar atentos, donde la vida discurra sin dificultades. En un problema siempre hay una dualidad: mi opinión contraponiéndose a su opinión, sufrimiento físico y estado de no-sufrimiento, gusto ante el disgusto. ¿Qué es un problema? ¿Qué podemos hacer ante todos los problemas que tenemos que enfrentarnos cada día? ¿Son los problemas lo que más caracteriza a los hombres? ¿Son inventados o es algo innato en los hombres?
          Lo primero que sentimos dentro de nosotros cuando sobreviene algo que le damos rango de problema, es el ver cómo lo resolvemos. Si no lo resolvemos rápidamente porque no podemos o por pereza, el problema sigue estando ahí aunque ya no molesta tanto como al principio. Uno se habitúa a la perturbación y hasta que no estalle en otro reto parece que el problema no existe. Aunque todos los problemas están conectados entre sí, al olvidarnos del que no podemos solucionar tenemos un alivio pasajero. La pereza es algo que nos destruye lo más maravilloso que poseemos: la mente, el ser interno, el hombre nuevo. La pereza nos hace de segunda mano, nos distrae y nos hace placenteros. Dejamos que los problemas los resuelvan los demás: el psiquiatra, el político, el psicólogo, el gurú, el líder.
          Hay algo que es de tremenda importancia: conocerse completamente uno mismo. Uno tiene que saber si puede llegar a hacer algo por afinidad con el propósito. Tiene que ver su actitud psicológica ante las cosas; no como le gustan que sean vistas al maestro o el salvador de turno. Ser puro, limpio y nuevo es imprescindible para poder encarar los obstáculos que se ponen ante nosotros. Si nuestro interior está ocupado por una opinión fija y establecida, si estamos en manos de dirigentes, si pertenecemos a una secta, la solución de cualquier problema estará encarada por las influencias que aceptamos. Por lo tanto la solución no será nueva ni verdadera. Ya que lo que es fruto del pensamiento, que es el pasado en forma de información, no puede contener la verdad.
          De la única forma que se solucionan los problemas es encarándolos desde y hacia la verdad. Sin la verdad estamos estancados. Para poder saber por dónde se puede llegar a la verdad hace falta el renunciamiento de todo. No hay que renunciar solamente a las cosas materiales; hace falta que desaparezca el egoísmo que es lo contrario del renunciamiento. Si pretendemos disolver cualquier problema y queda una sombra de egoísmo escondido en nuestro interior, la solución seguirá siendo un problema. Descartar el egoísmo es el principal problema de los hombres. Pues el último egoísmo reside en defender el cuerpo físico de su destrucción.
          La mayoría de los hombres están identificados y creen que sólo son el cuerpo físico; y están convencidos que su destrucción es el fin incomprensible, horroroso y enloquecedor. De ahí que la vida todos la queramos prolongar al máximo a costa de lo que sea. ¿Qué utilidad tiene vivir setenta, noventa o cien años, si nuestra existencia es causa de desdicha y aflicción para los demás? La ciencia está empeñada en este desdichado proyecto, sin reparar las degradantes soluciones que a la larga -y en la actual inmediatez- va a debilitar al hombre y a la tierra en su totalidad. La ciencia sin la moral humana es la locura del deseo y la destrucción. Nunca la tierra ha tenido tantos avances tecnológicos y el hombre ha atenido el ciclo vital, tan largo; y sin embargo nunca tampoco la tierra y el hombre han estado en tan grave peligro de destrucción.
          En la actualidad en la tierra hay armamentos tan poderosos que podrían destruir toda la vida que hay en ella, incluido el hombre. En pocos instantes, la tierra sería sacudida y destrozada si la insensatez de unos pocos llegara al uso de los armamentos nucleares, que los países más poderosos almacenan. Los políticos, los dirigentes que les secundan y los científicos que siguen avanzando en el campo de la destrucción, están entre el abismo que hay en las palabras seguridad, paz, destrucción, guerra. El hombre ha inventado las palabras para justificarse, por su debilidad. El hombree tiene miedo del hombre; y es por ello que utiliza e inventa palabras para justificar y esconder esa debilidad que es el miedo. Sin el miedo el hombre es cabal, siempre auténticamente nuevo, capaz de vivir sin ataques ni defensas, sin someterse ni someter.
          ¿Qué es la vida a la cual nos aferramos con tanto esfuerzo? ¿Hay algo en nuestro interior que además del miedo a la muerte nos desencadena el deseo de supervivencia? ¿O es que nuestras vidas están dedicadas al servicio de los demás y encontramos gozo en ello? Sinceramente uno tiene que cuestionarse. ¿Qué es la vida y qué es la muerte? ¿Qué hacemos durante este corto o largo tiempo desde que nacemos hasta que perecemos? No nos gusta el mirarnos tal y como somos en la soledad, preferimos estar siempre rodeados de personas y esto nos lleva a la superficialidad. Para encarar la vida correctamente tenemos que explorar muy profundamente dentro de nosotros sin ningún prejuicio ni nada que nos condicione. Todo lo que se ha dicho y se dice no sirve de nada, uno tiene que explorar en soledad como si fuese el primero, tiene que descubrir y mirar con ojos de felicidad como si fuera un tierno niño.
          Todos los libros sagrados no lo son. Pues lo sagrado es lo nuevo, lo no tocado por el pensamiento. Que importa si en la introspección uno ve algo nuevo que no está de acuerdo con el viejo sistema o método; eso que ha descubierto es suyo y nadie se lo puede quitar. Vivir en lo nuevo es vivir en la verdad. Todo lo escrito y divulgado, todo lo establecido y manoseado, no sirve de nada cuando nos enfrentamos a la verdad. Vivir en la verdad lo hacen pocos, de ahí que seamos tan vulgares y superficiales. El miedo y la pereza nos tienen arrinconados en el pasado. Lo fácil es hacer lo que hacen la mayoría: vivir con seguridades, buscar el placer, encantamiento con la tibieza. Cuando tenemos un problema gordo corremos rápidamente a los científicos, a las autoridades del estado, o nos hundimos en la angustia y en la desesperación.
          ¿Qué nos pueden dar los gobiernos o los científicos, que sea realmente nuevo, limpio de verdad, que no tenga nada que ver con el pasado, con la ilusión y el engaño? Lo nuevo es vivir solo, no depender de nadie directamente. El hombre se ha adormecido y ha delegado todas sus responsabilidades en los estados. El nuevo dios es el estado. Tan negativo era el antiguo dios como el presente. ¿Qué puede hacer el estado dirigido por hombres tan ignorantes como cualquiera para resolver los problemas tan grandes que nos acucian? Los estados las soluciones que dan son viejas y están sostenidas por el pasado. ¡Qué fácil es saber lo que tiene que hacer el estado para resolver cualquier problema! Nunca buscará lo nuevo, pues sería su disolución.
          ¿Tan ineptos y perezosos somos que no podemos vivir sin que nadie nos guíe? No aceptemos lo que nos den pues será de segunda mano. No esperemos a que nos construyan escuelas para educar a nuestros hijos, tenemos que educarlos nosotros. No esperemos la verdad de los que saben, de los científicos, pues están en la confusión y en la ignorancia. Tenemos que ser humildes y cautos, empezar por poco. Los largos viajes empiezan con pasos cortos, sin prisas. Ver lo falso, como vemos nuestro cuerpo, es descartarlo y empezar a caminar hacia la verdad. Si vemos lo falso y nos asustamos y seguimos sin renunciar y descartar lo falso viviremos en la confusión. La verdad y la confusión no pueden viajar en el mismo vehículo.
          Renunciar es vivir para la verdad. No sabemos qué es la verdad, dónde está, hacia donde podemos dirigirnos para encontrarla, pero el renunciamiento es despertar en la verdad. El último descubrimiento de los estados ha sido la democracia. Según el diccionario, democracia quiere decir que el pueblo ejerce la soberanía en los asuntos del estado. Es decir que las personas que nunca han sido oídas ni consideradas habían llegado al poder supremo. Pero esto no es verdad. ¿Qué pasa en los lugares donde se dicen que son democracias? Los que nunca han podido alzar la voz, los que siempre han vivido arrinconados, los que pasan hambre y no tienen hogar, las brutalidades de la autoridad a la hora de imponer sus leyes y criterios, son algunos de los muchos rasgos que perduran aunque cambien los nombres de los sistemas de gobernar.
          Los poderosos, los reyes y los príncipes, los sumos sacerdotes, las personas adineradas, con los líderes que sustentan a todos ellos, por desgracia no van a renunciar a sus privilegios. Ellos transforman sus maneras externas, sus boatos, sus intrigas, aunque en el fondo persiste su desafortunada manera de vivir. Esto son las democracias: un cambio externo, engañoso y oportunista. Lo viejo y el trasfondo, el mentiroso gobernar, la brutalidad siempre presente en las actuaciones, la ignorancia y la estupidez, están todavía ahí. Cambian los hombres, cambian las palabras: los hechos son los mismos. Sin un renunciar al viejo sistema brutal y despiadado para lograr el poder, todas las formas de dirección serán negativas y portadoras de caos. Las palabras son un engaño: uno no pude dejarse llevar por las personas que sólo usan las palabras. La acción correcta es el renunciamiento, de lo contrario el viejo patrón con su desgraciado comportamiento no puede llegar a su cese. Aparentemente el renunciar a algo parece altamente costoso, nuestra mente se auto engaña y busca la solución adecuada para no renunciar. Si tuviéramos la suerte de detenernos un instante y mirar a nuestro alrededor, veríamos qué cosas tan maravillosas hay en esta hermosa tierra. Mirar a las siempre limpias nubes, mirar a las vulnerables plantas,. Es algo necesario para que haya en nosotros una mutación que sea capaz de transformarnos en ese mismo instante. Sin humildad no podemos hacer nada. Humildad quiere decir respeto a todas las cosas que hacen nuestra vida diaria. De esa observación con profundo respeto a todo lo que hay en la tierra, llega la necesaria energía que necesitamos para ser lúcidos y renunciar.
           
           
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          Violencia
           
           
          Lo que más va unido a los hombres desde siempre es la violencia. Tanto si procedemos del animal o no, la violencia nos ha acompañado en el transcurso de los miles y miles de años desde que la tierra está poblada. Si pudiéramos contabilizar el número de guerras habidas en tan solo los últimos dos mil años, sentiríamos estupor y asombro. ¿Qué es la violencia, que está tan presente en nosotros como si fuese un miembro más de nuestro cuerpo? ¿Quién es el hombres el cual no puede desembarazarse de la violencia? ¿O es el hombre y la violencia una misma cosa, la cual no se puede separar una de la otra? Para llegar al fondo de la violencia, a la misma raíz, debemos de ir observando como si fuésemos caminando muy despacio por un camino; no caminando sin participar en nada de lo que vemos; sino contrastar las cosas que vemos con algún caminante accidental sin imponernos nada el uno al otro.
          Debemos vivir la vida, que es un proceso de investigación constante, como si fuésemos paseando unos con otros, participando y comunicando cada cosa, cada descubrimiento, deleitándose del sentimiento de unión con todo. Malgastamos tanta energía en la construcción de lo que se denomina el arte, en recopilar información, en nuestro cuerpo, que cuando nos damos cuenta nuestra mente está tan deteriorada que apenas podemos escuchar a nadie. El arte y la belleza no es lo que se exhibe en los museos, en galerías, en los templos sagrados, en los monumentos, sino que es una vida virtuosa.
          Una maravillosa salida de sol es bella; pero una vida limpia y sincera es aún más maravillosa. El único instrumento que tenemos para la investigación es la mente; y ésta es inverosímilmente astuta y falsa,
          ¿Qué es la realidad del hombre actual en su relación con su ambiente y con los demás? ¿Qué lugar ocupa la violencia en nuestras vidas? Violencia no es solamente echar bombas, matarse los unos a los otros, destrozar ciudades por disputas, amputarse piernas y manos en enfrentamientos, también es obligar a uno a hacer algo, falsear la realidad de las cosas, quitar lo que le pertenece a cada uno, despreciar a los demás. La violencia siempre es la misma. Aunque algunos solamente reconocen la violencia que hay en los demás. Si cada uno intentase ver la violencia que hay en nosotros tal vez podríamos afrontar de una manera diferente este viejo asunto que nos tiene enfrentados.
          Primero que nada uno tiene que preguntarse, ¿por qué me pongo violento cuando algo sale mal, cuando me insultan o desprecian? ¿Cuándo veo que el tiempo se va y no llego al lugar donde tenía previsto ir, por qué surge este sentimiento de violencia en mí? ¿Cuándo veo que alguien hace lo que uno cree que está mal hecho, ¿por qué siento esa fuerza que no es otra cosa que la manifestación de la violencia? Ser un hombre entero es acabar con la violencia. La completa atención es la que hace desaparecer a la violencia. La desatención es violencia. A más ignorancia más violencia. A más ignorancia más justificación de la violencia. A más ignorancia más poder, más autoridad, más obedecer. La ignorancia va unida a la violencia.
          Los estados soberanos, con sus fronteras, con sus hombres armados, con sus leyes egoístas y frías, son violentos. Los dirigentes y los gobernantes de los estados intentan poner orden, solucionar el problema de la violencia, sin darse cuenta que primero tienen que solucionar el problema dentro de ellos mismos. La sociedad es lo que es cada uno de nosotros. Los gobernantes y dirigentes son violentos y quieren que sus seguidores y gobernados no lo sean. Esto es tan absurdo como querer tener un hijo carnal sin haber fecundado una mujer. Aquí es donde estamos atrapados desde hace tantísimo tiempo. ¿Cómo lo vamos a solucionar, no mañana u otro día? El problema es la vida y ésta si es verdadera no admite demoras, ni perezas. La vida cuando se vive verdaderamente, con intensidad, tiene un sentido de urgencia que destruye los conceptos de tiempo y espacio.
          ¿Es la violencia diferente del hombre? ¿O es el hombre todo violencia? ¿Vemos de dónde surge la violencia, cuáles son las motivaciones? He sido rechazado para ocupar un empleo, un destino más elevado. ¿Qué sucede? Estoy airado, todo yo estoy lleno de ira y cólera por ese rechazo, el cual considero que no es correcto. Entonces me dedico a hacer la guerra por mi cuenta: hablo mal de los que me han rechazado, empiezo a concebir planes de venganza, y toda mi existencia empieza a tener un aire destructivo y negativo. Esto es lo que nos ocurre a cada uno de nosotros, ya sea el hombre culto y educado, ya sea el hombre inculto y mal educado, ya sea un líder o un salvador, un gurú o un dirigente.
          Las religiones organizadas todas toleran la violencia. La cristiana ha hecho guerras y ha matado más hombres que ninguna otra religión. El islam tiene prevista la guerra santa para convertir a los infieles. En el Bhagavad-Gita, libro sagrado de los hindúes, se dice que si uno por razones del destino se envuelve en una guerra debe luchar sin ningún remordimiento hasta alcanzar la victoria. Las religiones organizadas, en su esencia están implicadas con la violencia: toda su estructura rezuma tolerancia y represión, que es otra forma de violencia. Las mentiras, las supersticiones, el matar a hombres en nombre de dios, es algo que todas las religiones organizadas comparten. Todavía en muchos países se practica la pena de muerte, se tortura y maltrata a presuntos culpables de delitos, y sin embargo los influyentes dirigentes religiosos adoptan un silencio cómplice y tolerante.
          Países de los más desarrollados del mundo en cuanto a cultura y tecnología, no han podido deshacerse de la muerte como castigo a delitos cometidos. Es la muerte institucionalizada; es la ignorancia al más alto grado de: “Yo soy violento, pero vosotros no lo seáis” ¿Dónde existe la no-violencia? ¿O la violencia y el hombre es lo mismo? ¿Qué podemos hacer para acabar con toda esta locura? ¿Podemos ver ahora mismo si todo esto tiene un final? Y, ¿podemos descubrir la manera de vivir una vida que no tenga nada que ver con la confusión que hay en todos nosotros y en todas partes? La rutina es un obstáculo para poder tener una mente clara y vulnerable. La rutina nos hace torpes y autoritarios.
          Si la próxima vez que me sienta herido, por un insulto o un rechazo, vivo esta situación con gran intensidad y profunda atención, tendremos la suficiente energía y lucidez para ver el preciso instante en que surgen los sentimientos violentos. Lo importante es abrir una brecha entre el instante en que empieza a desencadenarse las reacciones y el momento de la observación. Si vemos que surge la violencia -y hemos visto con toda nuestra sangre, nuestro corazón y con toda nuestra mente, que es una de las cosas negativas de la vida- ésta desaparece. La represión no cabe, ya que estaríamos sin resolver el problema. Si reprimimos algo volverá a surgir y dentro de nosotros seremos inarmónicos, prontos para la agresión. Y entonces todo lo maravilloso se torna una amargura.
           
           
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          Obstáculos
           
           
          Hay muchas personas que se ven impotentes, son incapaces, de captar la realidad y la verdad de las cosas. Esto es así parecido al niño que a temprana edad necesita una ortesis –prótesis- para poder caminar, oír o ver, y la lleva durante toda su vida. No hay nada incurable, pero para demostrarlo uno tiene que sanar; de lo contrario sólo es una hipótesis y nada más. Psicológicamente sucede lo mismo: personas que se estancan en una teoría, método o ideas, y no pueden desprenderse de ellas. ¿Por qué no podemos dejar atrás los obstáculos y desprendernos definitivamente de las manías y supersticiones? ¿Puede el hombre en un instante ver ese destello, que es la realidad y la verdad de la existencia? ¿Y si podemos ver, cuál es el motivo de no llegar a esa visión?
          Todos vivimos influenciados por lo que hemos visto y oído desde nuestra infancia; en las escuelas también cogemos influencias; lo que leemos, lo que no sirven por televisión y radio, el cine y teatro, también nos influencia. Todo nos condiciona: la familia, el lugar de nacimiento, las amistades, el momento en que vivimos, lo que comemos. Y sin embargo todo esto puede desaparecer en un instante. Las grandes cosas, que parecen complicadas, suelen tener una solución sencilla. Si uno ha nacido en América piensa como americano, si ha nacido en Rusia piensa como ruso; es decir cada lugar debido al clima, a las condiciones físicas, a sus gobernantes y su historia pasada, tiene unas influencias características que hacen que nos distingamos en unos rasgos peculiares.
          Todo esto es lo que se antepone para que la relación sea armoniosa: raza, cultura, familia, religión, país. Si observamos detenidamente cada cosa que nos caracteriza veremos qué importancia le damos a ser negro o blanco, a tener estudios o no tenerlos, la dominación que ejercen los parientes, el sentido nacional, la superstición y el romanticismo. Todo esto nos hace viejos, aunque tengamos unos cuantos años. Hay quien ve todas estas cosas negativa y no le da ninguna relevancia, ni importancia; hay otros que también lo ven y se dedican un tiempo en ver qué puede hacer con ello, se cansan y se desaniman, y al final se ven arrastrados por la impetuosa corriente de la vulgaridad y del placer. Hay algunas personas que viendo todo  el desastre que nos rodea, no ven otra salida que la de ir contra la sociedad, contra lo establecido.
          Todos estas actitudes no nos sirven para solucionar el gran problema que tenemos todos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos e incluso durante el sueño. Porque el vivir se ha convertido en un grandioso problema que no nos podemos quitar de encima. La vida es ante todo relación. Y, ¿qué relación existe en la casa, en el trabajo, en el parque, en la calle? La relación sin haber descartado el egoísmo es falsa; y por lo tanto no hay relación. Nos hemos acostumbrado a intercambiarnos informaciones y esto no es relación. ¡Qué estúpidos somos siempre corriendo de un lado hacia otro sin ver nada más que lo superficial! Cada cosa que vemos si quisiéramos nos podría dar la información para acercarnos a la sabiduría de la vida. Cada hombre que vemos, y hablamos con él, tiene un manantial y una riqueza incalculable que en cualquier momento nos la puede trasferir.
          ¿Por qué no podemos morir a todas esas cosas que nos hacen feos y vulgares? Si viésemos el gran peligro de los nacionalismos podríamos deshacernos de ellos para siempre y podríamos informar sobre ello. Si pudiésemos ver en todos los que nos rodean a nuestros familiares, podríamos informar de lo negativo del clan, de la tribu. Si nos diésemos cuenta del descaro y la falsedad de las religiones organizadas estaríamos libres de la superstición. Si viésemos que cada rasgo peculiar, como el idioma, el color de la piel, la manera de vestir y hablar, es algo sin importancia para la relación, nos habríamos desprendido de la ignorancia. Ver es actuar; si no vemos nuestra existencia será negativa, desdichada.
          Ver es darse cuenta, que en los sitios donde el mundo se encuentra en paz se están preparando para la guerra. Ver es sentir muy dentro de si el dolor por un instante de las personas que no son nadie, que están mal miradas, que nadie las quiere y son maltratadas; sentir su terrible soledad y su angustiosa manera de vivir. ¿Qué clase de democracia son las que dan más dinero a los que ya lo tienen en abundancia y engañan y maltratan a los más desafortunados? Las palabras no sirven de nada si no van acompañadas de hechos que las confirmen. Alguien dijo, hace ya tiempo, que la religión era como un narcótico para las personas. En la actualidad se pude decir lo mismo de las democracias: es el dogma intocable ante el cual todos y todo se tiene que postrar.
          Cualquier principio, situación o relación, si no admite la búsqueda de la verdad es negativo. Nos hemos acostumbrado a las palabras y a las imágenes sin darles ninguna importancia, no nos sentimos retados ante la locura de las explosiones de bombas que destrozan y destruyen a los hombres. La situación actual nos tiene tan adormecidos y nos ha enfriado tanto el corazón que podemos estar disfrutando de abundante comida, ropa y toda clase de bienes necesarios para vivir, sin sentir nada por los que se mueren diariamente de hambre. Todavía no nos podemos alegrar de habernos desprendido del racismo. Quisiéramos incluso destruir aquellos que nos puedan perturbar la momentánea vida placentera. La verdad no necesita barreras, ni se preocupa si la observan para investigarla.
          Uno de los grandes obstáculos para muchas personas que quieren llegar a la verdad son las religiones organizadas. ¿Es religión algo que maneje millones de personas? ¿Es religión tener abundancia de dinero y bienes? ¿Es religión tener dogmas y preceptos, prácticas y rituales? ¿Es religión seguir al pie de la letra lo que dicen los libros sagrados? ¿Ser un hombre religiosos y vivir en le pasado, que son las experiencias escritas en los libros sagrados, es posible? ¿Hacer y decir lo que dicen los que se creen que son los salvadores, es religión? La religión es algo que se presta a la falsedad. Debido a la ignorancia de los hombres, las religiones organizadas son un montón de sandeces. Todos cuando se enfrentan a la verdad intentan describirla; y el resultado es la repetición de lo viejo.
          La casa se está quemando, ¿cuál será nuestro actuar? Tenemos que ver que para llegar a la verdad tenemos que tener orden. En nuestro interior, y nuestro exterior también, somos desordenados. Sin orden no podemos en cuanto apenas avanzar. Una oficina si no tiene orden no servirá para nada. Una casa donde vivan varias personas, si cada una de ellas no tiene orden será un lugar de caos. ¿Qué es el orden? ¿Qué es esa palabra que tanto desagrada? El orden es la necesidad. La necesidad es la ley y por tanto orden. No es la ley escrita -que también puede ser la ley-, sino la ley que nos la informan las piedras, los árboles y toda la naturaleza. La verdad está por encima de lay escrita por los hombres. Si no hay verdad tampoco hay orden. El verdadero orden no se puede ajustar al orden que cada cual tenemos.
          ¿De qué manera pondremos orden dentro de nosotros y por lo tanto a nuestro alrededor? Muchos piensan que cambiando las formas externas llegará el orden; eso es lo que hacen los dirigentes y los gobernantes. Ellos dicen: cambiemos las circunstancias y éstas cambiarán al hombre. El resultado todos lo conocemos: el mismo patrón interno, al no haber sido disuelto, es el que hace que las circunstancias no tengan ninguna utilidad. Todas las medidas correctoras, todas las revoluciones, todos los cambios, si no nacen desde dentro de cada uno de nosotros es algo inútil y sin sentido. Lo interno siempre se manifiesta en lo externo. Todas las revoluciones que en algunos lugares han intentado cambiar el comportamiento de los hombres, no lo han conseguido. Esto ha sido debido a que los dirigentes han efectuado el cambio sin haberse desprendido de las viejas brutalidades, de los viejos hábitos egoístas e inmorales. Por lo tanto todo lo que ha surgido ha sido el mismo patrón de siempre -el viejo patrón que arrastramos desde hace miles y miles de años-: la violencia y el matarnos unos a otros.
          El orden solamente puede llegar si podemos descartar lo negativo, lo que es causa de confusión. Lo que advenga después de negar lo que provoca división y el antagonismo no sabemos a dónde nos puede llevar, pero eso es el orden. El orden es lo nuevo, por lo que no ha sido tocado por el astuto pensamiento. Si el pensamiento toca algo enseguida surge el desorden. El pensamiento es todo lo que está acumulado -por medio de la memoria- dese la infancia hasta el momento actual. El pensamiento también es el depósito de las experiencias de toda la humanidad: allí están todos los placeres, los goces y los dolores, desde que el hombre empezó a existir. Por lo tanto el pensamiento siempre es lo viejo, los innumerables pasados, los infinitos ayeres. Y ¿qué es lo viejo, el pasado? Es el patrón psicológico que nos ha traído a esta manera absurda de vivir. Si queremos un verdadero cambio, tenemos que morir al pasado, al pensamiento, a la manera que ha estado rigiendo el interior del hombre desde hacer cuarenta o cincuenta mil años.
          Nos cuesta mucho tener que desprendernos de algo, deshacernos de algo definitivamente, morir y terminar. El pensamiento no quiere morir, le da espanto lo nuevo, se siente inseguro y desprotegido, busca la manera de falsear la realidad para poder proseguir con lo viejo y conocido; este es el mayor obstáculo al que nos tenemos que enfrentar cada día. Si no morimos al ayer, seremos el ayer. Todos los disgustos, las desdichas, los insultos, todos los placeres, las enfermedades, las heridas, son el ayer. Lo nuevo no tiene ayeres. Lo nuevo es lo que es. Es de instante en instante, sin referencias externas. Cada vez que actúa el pensamiento nos convertimos en personas de segunda mano. En personas que no ven más que el invento del tiempo. El tiempo como el ayer, hoy y mañana. Y el tiempo es pensamiento. Cuando el pensamiento actúa, se pone en acción, el desorden y la confusión están en nosotros.
           
           
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          Los retos
           
           
          Debemos de tener una mente despierta y alerta, ya que la falta de respeto y la insensibilidad son muy contagiables. Una persona que se relaciona con otras que tengan sus vidas asentadas en un profundo sentido de la consideración y el respeto por los demás, tendrá pocos conflictos importantes. Al contrario el que se relaciona con personas cuya sensibilidad está adormecida y por tanto su respeto hacia los demás es algo molesto y costoso, tendrá que tener una mente extremadamente lúcida y serena para no ser absorbido por las tendencias negativas. Así y todo el contagio se puede efectuar en cualquier momento, surgiendo una explosión de agresividad e incluso violencia. Estas situaciones son altamente peligrosas, ya que en una relación siempre existe una transferencia entre las personas. En un momento de tensión, donde todo se acelera, hay una fusión de las dos mentes; y lo que predomine entre las dos surgirá afuera. Si las dos mentes son altamente respetuosas, lo que surgirá al final será el respeto. Por el contrario, si una de las dos mentes tiene poco respeto es muy probable que surja una intensa provocación, seguida de violencia.
          La quietud es muy importante para poder vivir en este mundo egoísta. La quietud no debe ser solamente física, ya que no podemos estar todo el tiempo saltando y yendo de un lugar a otro; pues la verdadera quietud debe de ser interna. Si en nuestro interior existe la quietud -esa joya que no se puede comprar ni vender- hagamos lo que hagamos será correcto. ¿De qué manera llegaremos a esa quietud interna? ¿O es la quietud un estado de sopor y placentero? ¿Qué podemos hacer verdaderamente interesado si nuestra vida es esta agitación constante? La quietud es saber que lo que se hace provoca la menos confusión posible. Sabiendo esto llegaremos a una paz en nosotros que nos desarrollará la quietud, Para llegar a la quietud hay que tener un vivir austero. Y de ahí la necesidad será la que nos traerá la tranquilidad y la quietud.
          ¡Cuántas cosas desperdiciamos, cuánto dinero derrochamos, cuánta comida destruimos! ¿Con esta manera de vivir qué puede surgir? ¿Por qué no nos damos cuenta del despilfarro en que vivimos? Vamos en una corriente impetuosa en la que no vemos nada de lo que nos sucede. Necesitamos cazar, necesitamos el arte, necesitamos las drogas, necesitamos ir al fútbol, necesitamos el último modelo en coche, necesitamos una segunda casa para las vacaciones, necesitamos viajes caros e innecesarios. Y seguro que si todo lo consiguiésemos aún surgirían más necesidades. Las necesidades son infinitas. Y la corriente en que vivimos nos lleva de un deseo a otro, sin saber si la necesidad es verdaderamente necesidad o solamente un capricho placentero. Nuestra vida es tan absurda y tiene tan poco sentido que siempre estamos anhelando algo para mantenernos distraídos. Sin esto nos hundiríamos en la desesperación y en la amargura.
          ¿Qué es el amor? ¿Existe verdaderamente el amor? ¿Podemos vivir en amor, lo intentamos? ¿O creemos que el amor es algo romántico, solamente para un determinado momento de la vida? Por supuesto el sexo rara vez es amor. Sin amor la tierra se hundiría y los hombres nos torturaríamos antes de destruirnos unos a otros. Cada vez que hablamos mal de alguien, ya sea del vecino cercano o la persona que se encuentra lejos, lo estamos destruyendo. Este es nuestro plano de la vida: destrucción. ¿Es el amor destrucción y nada más? La vida es destrucción, amor y construcción. Destrucción es morir y sin muerte no hay vida. Tenemos que morir a todo lo que cause dolor, a los vicios, a la rutina. Las personas no se pueden destruir de lo contrario un gran mal se apoderaría de nosotros. Por eso debemos de tener presente que cuando lanzamos acusaciones a las personas las estamos destruyendo.
          Hablar de los demás es algo maravilloso siempre que sea una investigación limpia, que pueda ayudarnos en la relación en el vivir cotidiano. Si no hay amor, la investigación nos llevará hacia la destrucción. Investigar es mirar en todas direcciones, no tener barreras para ver, tener todo el tiempo para observar, y sentir una pasión que una al observador con lo observado. Si observamos realmente un pájaro la diferencia entre él y uno no existe. Es decir no hay nada que se interponga entre el pájaro y el observador. Esto es tremendamente difícil porque siempre estamos viendo las cosas a través de imágenes pasadas, prejuicios, pensamientos erráticos, que nos hacen ver la realidad que observamos distorsionada. El ver algo en toda su totalidad, ya sea un árbol, un animal, un concepto o la vida misma, es algo maravilloso.
          ¿Qué hacemos de nuestras vidas? ¿Es el vivir comer, dormir, tener hijos y trabajar? ¿O hay algo más que tal vez se nos escapa? Lo más hermoso de una vida es ver toda la trama y descubrirla hasta la misma raíz. Tengamos en cuenta que los gobernantes y los dirigentes nos están diciendo que lo falso es verdadero, que lo verdadero es falso. Todo lo que ellos controlan: las escuelas, los medios de comunicación, las ciencias y las artes, las leyes escritas, la burocracia, está embrutecido por la falsedad. Nuestro motivo de vivir debe ser la búsqueda de la verdad. Y en esa búsqueda encontraremos tantas cosas que permanecían ocultas, que ya nada, ni nadie, nos podrá llevar mucho tiempo por el sendero de lo negativo. La mentira y la falsedad, han sido toleradas demasiado tiempo; y nuestras mentes se han apegado de tal manera a ellas que no pueden seguir adelante si no es falseando la realidad. Esto es lo más triste y lamentable que nos puede suceder.
          ¿Podríamos vivir sin los estímulos de la falsedad? ¿Qué sucedería si desde ahora mismo viésemos con tanta intensidad que lo falso es negativo, y por lo tanto una invención del pensamiento, que se desprendiese todo lo que tenemos dentro de nosotros como verdadero, cuando en realidad es todo un engaño? Entonces despertaríamos a la verdad, que todo lo penetra desde siempre; y veríamos a los hombres errados actuar como muñecos y marionetas. Pero nosotros siempre estamos buscando la manera de falsear la realidad -ya sea con escusas, ya sea por autocompasión, ya sea por pereza e ignorancia- y entonces vivimos como máquinas y robots. Para tener sensibilidad no podemos seguir siendo algo que obedezca, algo que no vibre ante una sencilla flor silvestre, algo que no sienta un profundo respeto por cualquier ser viviente. Los robots y las máquinas no gozan de ver una suave puesta de sol, ni saben renunciar por el bien de la vida, ni saben discernir lo falso de lo verdadero.
          El mundo está dirigido por robots, de ahí el estado de la tierra. ¿Si los dirigentes renunciasen a la destrucción estarían los ríos y los lagos contaminados? ¿Si renunciásemos por la verdad habría guerras y disputas violentas? ¿Si fuésemos hombres de verdad y no máquinas mataríamos tantos animales sin sentido? ¿Si fuésemos capaces de renunciar habría tanta confusión? Echar bombas y matar por la calle es confusión. Dictar leyes injustas es confusión. Tolerar la falsedad y la mentira es confusión. Obedecer y tener miedo es confusión. ¿Dónde está la armonía y la integridad? ¿Dónde lo saludable, lo limpio y correcto? Todo lo bueno y lo malo lo llevamos dentro de nosotros. Solamente tenemos que descartar lo negativo para que florezca lo correcto y verdadero. Así de sencillo.
           
           
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          La religión
           
           
          Una de las cosas que más ha perturbado a los hombres desde siempre ha sido la religión. La necesidad de la religión llega cuando el hombre no sabe entenderse, ni entender nada de cuanto acontece a su alrededor. Ante un acontecimiento inesperado y horroroso, ante la enfermedad, la vejez y la muerte, el hombre se ve sacudido por las preguntas. Cuando las preguntas no tienen respuesta entonces llega lo que tiene de malo de la religión. Aparecen las supersticiones, el fanatismo, la adoración de imágenes, y las temidas guerras religiosas. El hombre tiene una gran facultad para inventar; y él inventas lo que cree necesitar. Aquí radica todo el desorden que tenemos: vivimos para el placer, vivimos para nuestro cuerpo, vivimos para nuestras inacabables necesidades.
          Un hombre va paseando por el campo y encuentra una piedra que le atrae su atención, la coge y se la lleva a su casa, la pone en un lugar privilegiado y empieza a mirarla todos los días, la cuida limpiándola minuciosamente; coge cariño y se siente atraído por la piedra, y al final se siente atrapado por ella. Esto es lo falso de la religión. Todas las religiones organizadas hacen lo mismo. ¿Es esto religión? ¿O es esto una distracción de la realidad? Me siento desgraciado, solo y abatido, no puedo comunicarme con nadie, todo lo veo oscuro y me entristece; entonces empiezo a mirar algo en lo que he depositado un gran afecto personal, algo que lo guardo en un lugar privilegiado, y en todo eso siento un gran consuelo y alivio. Esta es la finalidad del arte: adorar un cuadro, una estatua, algo que nos haga sentirnos aliviados de la tremenda carga de la vida.
          Las religiones organizadas todas se basan en la devoción de imágenes, de templos y lugares; además de creencias fuertemente custodiadas por dogmas. Cuando la religión es todo lo contrario. ¿Qué es ser un hombre religioso; es ser un monje, un fraile o ir vestido con un hábito cualquiera? ¿Es la religión algo que reprima la belleza del cuerpo, la gran maravilla y misteriosa vida? Lo que más definiría la religión sería un estado de unión con todo. Y este estado de unión, nos llevaría a un entendimiento de todo cuanto sucede.
          Otro de los obstáculos de las religiones organizadas son las escrituras, los libros sagrados, las creencias inamovibles e incuestionables. Todo ello induce a un fanatismo autoritario, que no es otra cosa que la ignorancia y la impotencia por resolver la cuestión de la vida. Todas las escrituras y los libros sagrados, han hecho un gran mal a la mente humana. Con su repetición a lo largo de los siglos han abierto un surco por el cual decimos que lo falso es verdadero. Es el condicionamiento de que ser deshonesto e inmoral es algo que sucede a todo el mundo y que por lo tanto no hay porque preocuparse. Esta es la religión de la tolerancia y la represión. La repetición de algo falso durante un largo período de tiempo, es uno de los peores venenos que tenemos los hombres. Las religiones organizadas han repetido durante miles de años que lo falso era verdadero. El resultado de tan desafortunado comportamiento es la manera actual de vivir, con sus sanguinarias guerras que no cesan, con su dolor de los que no tienen nada, con la brutalidad de los fuertemente poderosos.
          ¿Qué es lo verdadero? ¿Qué es lo que más caracteriza a lo verdadero? Sin lugar a dudas, lo verdadero es lo que nada tiene que ver con la repetición, con el pasado, con lo establecido por el pensamiento y transmitido por él. Donde actúa el pensamiento lo sagrado desaparece. Y ¿qué son los libros sagrados, las creencias y los dogmas, sino fruto del pensamiento por muy refinado que sea? Lo sagrado no tiene nada que ver con el ayer. Lo sagrado es el milagro de lo nuevo. ¡Hágalo y póngalo a prueba y tal vez lo verá! La limitación del pasado, con la carga y las heridas psicológicas, nos tiene atrapados. Ser nuevo es ser religioso. Morir de instante en instante a todo es ser religioso. ¿Puede haber una unión verdadera e integra entre las personas si queda algo de lo que sucedió ayer?
          Somos el pasado que se manifiesta en el presente y este a su vez proyectándose en el futuro. No sabemos vivir sin el pasado: mis recuerdos, mis opiniones, mis heridas psicológicas, mis goces. Ni tampoco sabemos vivir sin el futuro: las ilusiones, el querer cambiar lo que es por lo que nos gustaría que fuese, los proyectos, las huidas. El presente, el ahora mismo, nos espanta, no sabemos qué hacer con lo más hermoso que tenemos, el ver que podemos ser libres, verdaderos. La soledad, debido a la suciedad que todos llevamos dentro, nos da pavor, nos da miedo. Sin soledad podemos hacer pocas cosas realmente interesantes. Nos gusta juntarnos y rodearnos siempre con las mismas personas. El resultado es el clan, la vulgaridad, la brutalidad de las mafias. La crueldad es muy contagiosa. Tenemos que estar con una mente muy alerta para no ser engullidos por las corrientes psicológicas que provocan la violencia y la crueldad. Puede que incluso entren dentro de nuestras mentes por un instante, pero el discernimiento debe descartarlas viendo en ellas una onda expansiva de la mente universal.
          Uno es el resto de la totalidad de las mentes: la mente universal. Uno es todos y todos es uno. Es decir yo participo de toda la mente universal -las mentes de todos los hombres que pueblan la tierra-. Y la mente universal participa, está influenciada, por mi mente. Todos formamos parte de la totalidad, de lo absoluto, de lo indescifrable. Y por lo tanto, si tenemos una mente abierta y joven, que se renueva y muera a cada instante, todo lo que le ocurra a la totalidad nos afectará. De ahí que tenemos que saber ¿quiénes somos? Y ¿qué queremos hacer de nuestras vidas? Si percibimos ondas o vibraciones falsas -crueles, violentas, deshonestas-, tenemos que descartarlas ya que no tienen nada que hacer con nosotros. Debemos observarlas atentamente sin pretender huir, seguir su circuito y al tiempo nos daremos cuenta que se desvanecen por su absurdidad. El no reprimir, ni el huir, sino el llegar hasta su desvanecimiento del pensamiento nos dará fuerza mental.
          ¿Son los rituales religión? ¿O los rituales son un espectáculo colorido, que nos distrae y nos potencia y aumenta la superstición? Cuando uno ve hombres arrastrando pesadas andas, siente todo el dolor de la ignorancia de los hombres. Cuando uno ve partes del cuerpo ensangrentadas por la flagelación, siente todo el condicionamiento y la ignorancia de los hombres. ¿Una verdadera religión para qué sirve? ¿Religión y esfuerzo es lo mismo? ¿Religión y atentar contra el cuerpo humano es lo mismo? Donde hay esfuerzo no hay amor. Donde hay agresión no hay amor. La mente puede inventar toda clase de tretas, pero el amor nada tiene que ver con el esfuerzo, con la represión.
          Debemos de olvidarnos del pasado; ya que el pasado está muerto. Todo lo que hagamos nunca será perfecto; ya que lo perfecto es un invento del pensamiento. Por eso cuando hacemos algo, en el momento de hacerlo nos parece correcto. Luego al cabo de algún tiempo, si lo analizamos y lo removemos, nos damos cuenta que no es tan correcto como parecía. Esto es debido a que el pensamiento inventa las motivaciones para actuar de una forma u otra. Siempre que actuemos arrastrados por un deseo, saldrá mal. De ahí que en la inacción hay acción total. Es decir si no hago nada no tengo ninguna responsabilidad. Si empujo, si doy mi parte en hacer algo que me saca deseo, al final, luego, lo veré como algo que me perturba. El deseo y el pasado son lo mismo. Ambos son la misma cosa: miedo e ignorancia. El deseo surge porque quiere que el pasado vuelva a establecerse. El deseo conoce al pasado; y como tiene miedo de lo nuevo llama al pasado. Si el pasado muere, está muerto, el deseo no puede existir,
          Lo que más nos gusta es sentirnos seguros. Y, pertenecer a algo, tener una creencia en la cual abocar mi angustiosa vida, es algo que nos da seguridad. Sin seguridad es muy difícil vivir, ya que la mayoría de nosotros somos el cuerpo. El cuerpo es el vehículo de algo que se diferencia de la materia. Unos dicen que es el ser, otros el alma; hay algunos que dicen que el cuerpo es el templo de dios. El cuerpo, la materia, tiene miedo hasta que cesa la división. La división desaparece cuando el cuerpo y la mente han logrado la unidad. Sin esta unidad el cuerpo seguirá siendo algo separado, algo que nos molesta y perturba, de lo que debe regirlo. Entonces el cuerpo y la mente se funden en algo que no crea diferencias. La mente es el cuerpo; y el cuerpo es la mente. La mente no se impone al cuerpo; ni el cuerpo nada reclama a la mente. La unidad lo funde todo.
           
           
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          Libertad
           
           
          Una de las formas de la ignorancia es creer que la libertad es opción, elegir, preferir. A más ignorancia más confusión, más creencia en poder de elección. ¿Se pude elegir un comportamiento u otro? ¿Podemos optar ante lo negativo y lo verdadero? ¿Podemos preferir un beneficio sucio y deshonesto? ¿Podemos escoger entre pasar o no cuando está el semáforo en rojo y hay mucho tránsito? Es porque los hombres elegimos y escogemos, que nuestras vidas y todo lo que tocamos está en estado de degradación tan avanzado. Esto no es una opinión o una visión personal, si lo fuera no tendría ningún sentido, es algo que todos podemos observar, a no ser que nos queramos seguir engañando ante la realidad de ls cosas. Cualquier cosa que digamos o pensemos, no se debe de aceptar sin más: eso sería igual como tomarse una pastilla a la fuerza. Debemos de participar, cooperar y unirnos, con la persona que habla, para que de esa investigación surja lo nuevo. De lo contrario si aceptamos sin más, será la opinión del que habla contra la opinión del que escucha, o la sumisión a lo que se dice.
          ¿Qué les pasa a nuestras vidas que son tan inarmónicas, tan torturadas? ¿Qué hacemos para que cada día los ríos, los campos y el aire, estén más sucios y contaminados? ¿Quién es el culpable de tanto desorden, de ese actuar tan desafortunado? Hay que empezar siempre por uno. Si queremos ser ordenados, hay que empezar por poner orden en nuestra casa. Si en nuestra casa hay confusión y desorden, entonces todo eso surge al exterior. Así que lo primero es orden interno. De lo contrario de nada sirve que inventamos tiempo y energía en intentar poner orden en el exterior. Soy despreocupado y ensucio los muebles, las paredes de mi habitación, lanzo las cosas por el suelo y me olvido de recogerlas, tengo pereza y al mismo tiempo hay en mí una ansiedad que me arrastra de aquí para allá. ¿Cuándo entre en contacto con algo que no es suyo, como un parque, un árbol, un río, el campo, cuál cree que será su comportamiento? ¿Lo respetará, lo cuidará, perderá la prisa y se dará cuenta de qué es lo que está pisando? ¿O empezará a pisar y tropezar, sin darse cuenta de lo que destruye; y ensuciará todo el lugar con basuras? Seguramente la prisa y la ansiedad lo desbordarán y dejará la huella de que un hombre inarmónico y confuso ha estado allí. El primer reto somos nosotros; lo demás, lo que salga, no sabemos lo que es, puesto que será lo nuevo. Si no hay un cambio psicológico, un morir a lo viejo y repetitivo, estamos bloqueados, dentro del círculo cerrado de la ignorancia. Lo interno siempre se manifiesta en lo externo.
          ¿Podemos cambiar este mundo tan deteriorado? ¿Podemos hacer que se acaben los graves y mortales accidentes? ¿Hay alguna manera de vivir en que las guerras y las muertes violentas no tengan cabida? ¿Seremos capaces de vivir nuestras vidas sin falsedades, ni mentiras, sin perjudicar a nadie? ¿O esto es una fantasía, algo de lo que se puede hablar y nada más? Si somos serios veremos que esto es nuestro diario vivir. Que el condicionamiento desde tanto tiempo nos tiene atenazados y que todo esto es muy complicado y muy difícil de resolver. Si todo este vivir tan arduo, tan ruidoso y tan pesado, no le hace despertar entonces no tiene nada que hacer. Pero si se da cuenta de que todo está relacionado entre sí; de que esta angustiosa manera de vivir con sus rivalidades y sus antagonismos, es algo que está conectado directamente con uno, sentirá un impulso y energía que ya nunca verá las cosas tal y como estaban antes. ¿Tendremos suficientes retos con todo lo que pasa: el hambre, la violencia, la falsedad, las muertes callejeras y las guerras?
          Hemos llegado a tal extremo de degradación que necesitamos algo que nos consuele y nos dé una vía de escape. Para ello hemos recurrido a la ciencia. Sabemos tantas cosas. Dedicamos tanta energía erróneamente. Buscamos tantas soluciones sin sentido. ¿Qué ha hecho la ciencia para erradicar el hambre y el dolor de los hombres? Tenemos información de los planetas que pueblan el frío espacio, recibimos fotografías de las sondas espaciales que los circunvalan; queremos descubrir nuevas formas de energía, inventamos nuevas medicinas para intentar ayudar a los que lo necesitan. Y, ¿cuál es el resultado? La pobreza todavía está por todas partes. El dolor y la miseria que sufren la gran mayoría de los hombres es persistente y escandalosa. Y, ¿qué hacen los hombres científicos, y los que los sustentan, para que todo este desagradable método de vivir llegue a su fin? ¿Qué sentido tiene invertir dinero, energía y tiempo, en el exterior teniendo el interior deteriorado, sucio y desordenado? Esto es el absurdo de la ciencia y de los que la sustentan.
          Los poderosos y los que detentan el poder científico, no se ven retados, ni sienten la más mínima consideración, ante lo que es la realidad: para que hay riqueza tiene que haber pobreza, paras poder gastar inmensas sumas de dinero en el exterior tienen que empobrecer lo interior. Hemos llegado a tener el corazón tan frío, que vemos a los hombres como algo que nos sirve y por tanto nos agrada momentáneamente; o nos molestan porque no nos sirven para nada. La ciencia, tan mimada y potenciada, es algo que nos enorgullece porque nos falsea la realidad. Nos dice que el próximo descubrimiento resolverá los problemas. Y cuando llega el descubrimiento, tanto tiempo esperado, los problemas, en vez de desaparecer, siguen en aumento. La ciencia está dentro del ámbito de la confusión; es confusión ya que se sustenta en el tiempo. Necesitamos tiempo para aprender a leer, para aprender a escribir, para aprender a conducir un vehículo. Pero el tiempo para despertar a la realidad y a la verdad de las cosas, no es necesario. El tiempo es el invento del pensamiento, como ayer, hoy y mañana.
          Todo lo que se sustenta en el tiempo, el resultado tiene que ser la repetición de lo antiguo, de lo conocido. Lo nuevo y el tiempo, como ayer, hoy y mañana, no tienen nada que ver. El pensamiento se dice: “El presente no me gusta, entonces inventaré algo”. Como el pensamiento tiene miedo a lo desconocido, recurre a lo ya conocido que es el pasado. Y de ese modo nunca llega lo nuevo. ¿Para llegar a lo nuevo hace falta tiempo? Es válida la pregunta: ¿Con tiempo podré llegar a lo nuevo? Para llegar a lo nuevo, uno tiene que despertar en lo interno. Y ese despertar tiene que ser instantáneo. Es decir en el momento en que uno tiene una visión clara de la realidad, instantáneamente llega el despertar y con él lo nuevo. Sin ese despertar, sin ese morir a lo viejo y repetitivo, lo nuevo no llegará.
          Ser libre es percibir, que lo que se hace es lo que provoca menos confusión. En la opción hay confusión. Sin destrucción no hay vida. Pero debemos intentar destruir lo menos posible. Esto es el amor: tener gran compasión por los animales que sacrificamos para comer, saber que destruimos gran cantidad de vida cuando vamos por el campo, ver toda la brutalidad que somos capaces de desarrollar en un momento dado. Sin amor no podremos vivir: la vida no tendrá otro sentido que la persecución del placer. Y, ¿la persecución del placer es vivir? ¿Es vivir el esfuerzo, la contradicción, el miedo, la ansiedad? Vivir así no vale la pena. Sin amor la vida no tiene belleza, no tiene luz para disolver los miedos. La vida no tiene que ser un esfuerzo que nos abate. La vida es gozo. Y para que esto sea una realidad, lo único que necesitamos es una gran abundancia de amor.
           
           
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          Lo nuevo
           
           
          Es muy importante que veamos que debemos de descartar todo lo que nos tiene atrapados. La gran mayoría de los hombres están atrapados entre las palabras: capitalismo, comunismo, democracia, placer, enfermedad, anarquismo, monarquía, alianza, país, nacionalismo, trabajo seguro y estable. Sus vidas están regidas por estas palabras; y lo que es más grave, es que no quieren, ni pueden deshacerse de ellas. Cada una de las palabras que hemos mencionado tiene su antagonismo, su contraria, tiene su réplica. Todo esto es así porque somos un producto de la reacción. Si reaccionamos, si nos oponemos a algo, siempre estaremos con ese algo cargados encima. Al vivir con el pensamiento como base central de todo cuanto sucede, estamos estancados entre los contrarios. Si el pobre actúa contra el rico, nunca podrá deshacer de él. Igualmente, si el rico quiere dominar al pobre nunca lo conseguirá. Toda reacción no lleva a ninguna solución definitiva.
          El mundo, sobre todo el occidental, se está dando cuenta que todo lo que parece válido se está desmoronando, descomponiendo.
          Todo lo que existe no sirve nada más que para perpetuar la ignorancia. ¿Qué valor tiene la palabra democracia? ¿Qué significa vivir en comunismo? ¿Qué son los nacionalismos? ¿Para qué queremos trabajar tanto? ¿Qué es el placer, vale la pena sentirlo, o hay algo mejor que percibir? ¿Para qué sirven los políticos y sus parlamentos? ¿Por qué nos obsesionamos por el cuerpo? ¿Qué es en realidad la anarquía sino una palabra anteponiéndose a otra -o lo que es lo mismo un sistema anteponiéndose a otro-? Si no descartamos todo esto desde la misma raíz, seguiremos perpetuando todo el caos y la ignorancia en que vivimos. No debemos de tener miedo de quedarnos con la mente vacía completamente. Debemos de tener una cualidad mental igual que la de un niño que no ha conocido todavía nada.
          Mientras quede algo de lo viejo que nos ha dominado durante miles y miles de años, no podremos deshacernos del dolor y la ignorancia. Todos nos preguntamos y ¿qué sucederá si descartamos todo lo viejo y repetitivo? ¿Quién nos dirigirá, quién nos gobernará? ¿Llegará otra espantosa guerra? ¿Nos destruiríamos unos a otros como un rebaño de fieras enloquecidas? ¿Llegaría un caos aún más espantoso que el que tenemos en la actualidad? Para que advenga lo nuevo hay que morir a lo viejo. Sin un cambio radical en nuestra manera de vivir, lo viejo y repetitivo no desaparecerá. El que teme algo que perder ese no quiere la revolución. Y la revolución psicológica es necesaria para que llegue lo nuevo. La violencia, y con ella la guerra, llega cuando uno quiere. Si uno ha visto que la destrucción por medio de la violencia, es causante del dolor y confusión ya no participará en nada que se relacione con las disputas y las agresiones.
          Esto es así de claro: he visto todo el desastre, todo el engaño, todo el estruendoso ruido que hay en la vida, y todo lo que salga de todo esto tendrá que ser una consecuencia de aquello. Si es meramente una reacción la confusión se sucederá, proseguirá. Así que no queremos una reacción, una rabieta momentánea. Queremos morir, acabar con todo esto que nos tiene atrapados. Acabar con algo es simplemente terminar, concluir, disolver. No nos gusta terminar definitivamente con nada, ya que tenemos miedo de lo nuevo. Y sin embargo para que llegue lo nuevo es necesario morir a todo, sin ningún sentimiento romántico, sin una actitud de tristeza. Lo nuevo, si lo es, no tiene nada que ver con lo que la mente ha vislumbrado, ha escudriñado. Lo nuevo es lo inesperado, lo que nunca jamás se le había ocurrido al pensamiento. En lo nuevo no hay problemas, ni enfrentamientos, ni se necesitan dirigentes que nos hablen de galimatías. En lo nuevo hay orden. Un orden que no es de nadie. Es el orden de la realidad, de la verdad.
          ¿Seremos capaces de descartar y desnudarnos completamente de lo que tanto nos ha manejado y maltratado? Para poder hacerlo no podemos recurrir al pasado. Porque el pasado es la división, la confrontación y la disputa. Tenemos que tenerlo claro: o desaparece el pasado o seguiremos con los hombres armados y las guerras, con la falsedad imponiéndose a la verdad por medio de la brutalidad, con los hombres sufriendo torturas para salvaguardar los estados soberanos; con la miseria, el hambre y la desolación con que viven niños, ancianos, hombres y mujeres. Si somos profundos y sensibles, el cambio psicológico no se nos presentará como una cumbre a la que hay que conquistar, sino que se verá como algo que nos dará aún más vida. El amor no conoce el esfuerzo. Si hay esfuerzo el amor se esfuma, desaparece. La visión de la verdad es algo que despierta una pasión que no encuentra obstáculos; esta pasión nada tiene que ver con el torpe fanatismo.
          Hay otra pregunta que se desprende del cambio psicológico. ¿Qué se puede hacer si seguramente los que lo harán y lo conseguirán somos unos cuantos, comparado con la inmensa mayoría? Si vemos que la casa se está quemando, ¿qué haremos? Seguiremos ciegos y perezosos ante la realidad, viendo cómo se destroza y se destruye el lugar donde vivimos. Si somos limpios y honestos, no podremos dejar de hacer algo. Aunque no quisiéramos por un posible estado de turbación, la acción sería instantánea y ordenada. Ya que en la inacción se produce una acción total y verdadera. Cada persona es como una gota de agua y en el momento en que hacemos algo - lo que sea, positivo o negativo- estamos influyendo a todos los demás, a la mente global. La gota de agua cuando entra en un río o en un mar, se convierte en toda la masa de agua: no hay diferencia entre ella y la totalidad del agua. Por tanto todo lo que hagamos no debe de creerse que es algo inútil, algo absurdo.
          El reto es nuestro; o tal vez piense que todo esto no le interesa, que seguirá viviendo como siempre sin estar de acuerdo en algunas cosas pero sin hacer nada al respecto: ya que todos vivimos en la misma casa que es la tierra. No esperemos a que los demás nos solucionen los problemas, pues no lo harán. El modo convencional -el que usan los que detentan el poder- de resolver cualquier problema es la reacción y la sustitución de unos obstáculos por otros. Lo que nosotros decimos es que desaparezcan los obstáculos para que la vida sea gozosa, que el cambio no sea una mera reforma, que el cambio sea radical donde la violencia y el deseo que la provoca se hayan extinguido. No esperemos a mañana para poder despertar a la realidad. El despertar a la verdad nos hace gozar de la participación de la vida. Nos hace sentir júbilo y llenarnos de alegría al oír el viento que pasa entre el cristal y la madera. ¿Podremos percibir en este preciso instante que todo lo que suceda a nuestra existencia es cosa de cada uno y por ello siento la gran urgencia de morir al pasado, a lo viejo y repetitivo?
           
           
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          La mente no-dual
           
           
          Nunca seremos capaces de vivir auténticamente si vivimos en la dualidad. En la naturaleza existe la dualidad: el día y la noche, macho y hembra, frío y calor, blanco y negro, tierra y agua. También existe la dualidad entre vida y muerte; y entre cuerpo y alma. Nuestras mentes están acostumbradas a funcionar por medio de la dualidad. El que está enfermo tiene un gran deseo de estar sano, los bajos desean ser altos; los de piel y cabellos morenos -en ciertos lugares- los desean rubios. El pobre y el rico es otra dualidad, al igual que el hombre que no sabe escribir y el que domina varios idiomas. Todo a nuestro alrededor funciona a través de los polos opuestos. En la naturaleza la dualidad debe operar y es correcta. Pero en el ámbito psicológico tiene algún sentido el tener una mente dual.
          Porque tenemos una mente dual hemos inventado el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. Cada cosa que hacemos u observamos automáticamente le damos la calificación de bueno o malo. Veo a alguien cuya apariencia externa me desagrada, lo siguiente que hago es ponerle la etiqueta de malo. Tengo que hacer una visita que me da gozo, en un lugar del campo, si el tiempo es frío y lluvioso lo considero malo. Si hubiera salido soleado lo consideraría bueno. Pero la ignorancia no nos deja ver que la lluvia es beneficiosa para las plantas y los árboles, los ríos y los hombres. Es el deseo el que inventa lo bueno y lo malo. El egoísmo es el que hace que no nos entendamos. Ser egoísta es lo más natural del hombre. Puesto que al pensar que somos el propietario del cuerpo, intentamos cuidarlo y salvaguardarlo de todos los peligros lo más que podemos.
          ¿La mente dual es necesaria para poder sobrevivir? El cuerpo tiene su propia inteligencia, él sabe lo que debe hacer. La mente para llegar a ser no-dual lo que debe hacer es renunciar a su egoísmo. Si renunciamos a cada impulso egoísta, que se desencadenan a cada instante, lo bueno y lo malo desaparecerán. No sabemos qué es lo bueno y qué es lo malo. Debido a que el pensamiento falsea la naturaleza de las cosas. El pensamiento es el “yo” que está identificado con todo lo que se refiere al “mi”. Mi país, mi cultura, mis opiniones, mi cuerpo, mi manera de vivir, mi pasado. Todo esto es lo que sustenta al pensamiento. Y qué es el “mi” sino una defensa del “yo”. Y qué es el “yo” sino una defensa del pensamiento. El pensamiento debido a la ignorancia, que se manifiesta en el apego a las cosas materiales, tiene miedo de desparecer y es entonces cuando inventa la propiedad, el “yo” que cree ser el artífice de todo cuanto ocurre,
          La ignorancia dice: yo soy el diseñador y el director, por tanto todo me pertenece. De aquí surge una maravillosa e inesperada pregunta: ¿Quién ha hecho al hombre? Nosotros en todo caso le damos continuidad. Pero no lo hemos diseñado. El egoísmo que da vida al “mi” nos está destruyendo.
          Yo soy europeo y Vd. es africano, como he tomado parte de un trozo de tierra que digo que es mía, la rodeo con fronteras y la defiendo con toda clase de armas; el resultado es que ni yo puedo ir libremente a África, ni Vd. puede venir fácil y sencillamente a Europa. Yo defiendo “mi” país de “su” país y la consecuencia de ello es que estamos divididos, vivimos enfrentados. El pensamiento al identificarse con algo es el que provoca la división. El pensamiento se identifica porque tiene miedo de perder todo lo que le da seguridad. Toda la seguridad se dirige a proteger, aunque sea erróneamente, al cuerpo que es la base donde opera el pensamiento.
          Si nos olvidamos del cuerpo, ya que él solo tiene bastante sabiduría para poder subsistir, ¿de qué tenemos que temer? ¿Qué nos impide que vivamos en un continuo renunciamiento, es decir en una mente no-dual? Lo sagrado es la unión de todo. La única verdad es que todo está unido con todo. No hay nada que se escape a esta unión. Si todo está unido, de una manera tan absoluta, de qué sirve el enfrentamiento que surge de la defensa de “mi” opinión contra “su” opinión. La verdad de la unión con todo se puede observar claramente cuando nos damos cuenta que la naturaleza no rechaza nada: un ser viviente, ya sea un animal, un vegetal o un hombre, cuando se le entierra, tras haber muerto, bajo tierra no hay ningún enfrentamiento: la tierra lo admite y le da lo necesario para su transformación; nunca hay un rechazo. Igualmente si puede descartar el sentimiento de afecto y el sentimiento de rechazo, cuando una su mano a la mano de otra persona notará que no hay ningún obstáculo para que las manos permanezcan unidas o se separen. El problema surge porque lo hemos inventado nosotros: esta persona me agrada, no hay ningún sentimiento de rechazo, hay atracción; la persona no es de nuestro gusto, surge el rechazo y la separación.
          Esto no quiere decir que debamos vivir como personas que desprecian la vida, de que todo está bien, de que hagamos lo que hagamos el resultado seguirá siendo el mismo. ¿Con amor se pueden hacer las cosas cambiar? Sin amor no se puede hacer nada; y con amor tampoco podemos hacer nada. Pero tenemos que optar por la vida. La pobreza seguirá a pesar nuestro, la brutalidad será algo natural y cotidiano aunque la hayamos descartado de nosotros. Sin el sentimiento de rechazo y el sentimiento de atracción, nuestro vivir será un percibir la realidad tal y como es. Toda nuestra existencia estará embelesada por el amor. Lo único que necesitamos es tener una gran abundancia de amor. ¿Qué son los obstáculos para una mente que vive por amor? Cada obstáculo no es en realidad un obstáculo, sino una oportunidad para desarrollar el amor.
          ¿Sin amor qué es la vida? ¿Cómo nos enfrentamos a la muerte que nos espera? El placer lleva al dolor. Si no hay amor -que es renunciamiento- la existencia es una defensa y un ataque, o lo que es lo mismo: una guerra, una lucha sin fin. Sin amor todo lo queremos y nada conseguimos. Con amor nada queremos y todo es nuestro. La muerte también es un acto de amor. Sin muerte no habría vida. La muerte y la vida son caras de la misma moneda. Se ha escrito muchísimo de la muerte. Por lo que sabemos la muerte es el final de todo esto que llamamos vida. Si tenemos amor y podemos sortear los obstáculos, este mismo amor nos dará la suficiente energía para saber qué es la muerte y cómo podremos encararnos con ella. No necesitamos nada más pues la muerte es la llegada de algo nuevo; y lo nuevo ni está experimentado, ni plasmado en ningún libro por muy sagrado que sea. El temor a la muerte es un temor infundado, ya que uno teme a algo que ya conoce; sin embargo a la muerte no la conocemos y todos la tememos.
          Muchas personas que se agrupan y pretenden formar una secta espiritual, parecen tener una mente no-dual. Aunque esa mente no-dual existe, es errónea y negativa. Puesto que los preceptos, los ritos, las tolerancias escogidas, las represiones toleradas, hacen de la mente que actúe en un único sentido, por un único surco. Entonces al ceñirse a un solo patrón de conducta -y bloquear a todos los demás- es cuando llega el comportamiento no-dual. Pero este comportamiento erróneo es ignorancia, pues a poco que profundice se verá que está sustentado y basado con algo que no tiene nada que ver con la mente no-dual. ¿Una mente no-dual puede ser dirigida por alguna teoría, por algún concepto, por algún guía o director? ¿Puede la mente no-dual disociarse de la realidad, de la verdad de las cosas? ¿Un hombre que entrega su tiempo y su vida a un plan establecido por otro hombre, tiene una mente no-dual verdadera? La mente no-dual es lo sagrado. Y lo sagrado siempre es lo nuevo. La mente no-dual existe donde no hay división. Todas las sectas, las religiones organizadas, las ideas de salvación y de control que dan explicación a todo, lo que hacen es dividirnos unos de otros. Donde hay división no hay amor. Si no hay amor todo es falso, producto de la ignorancia.
           
           
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          Ignorancia
           
           
          ¿Seremos capaces de ver la necesidad de desprendernos y desapegarnos de todo lo que nos divide y nos tiene atrapados? El trabajo, la familia, la última moda, los acontecimientos políticos, las responsabilidades, el dinero, la búsqueda de placer, todo esto nos está destruyendo. El estar atrapado por algo -por la esposa, por una teoría que considero acertada- es peligroso, debido a que uno no actúa libremente. Si no tenemos libertad para poder vivir, siempre estaremos actuando bajo el viejo patrón de la brutalidad y el egoísmo. Si uno hace caso a lo que diga la autoridad del gurú, del guía, del científico, de lo que dicen las escrituras, de lo que dice cualquier libro, está dentro del círculo de la repetición. ¿Por qué no podemos ser nuevos, limpios, frescos, sin ninguna carga que nos condicione la visión de la realidad? ¿Es imprescindible el tiempo para poder deshacernos de todo el condicionamiento que tenemos acumulado en los genes, en las células cerebrales, en la mente?
          El tiempo es la gran coartada, la gran escusa, para los que no pueden o no quieren hacer algo. Deme tiempo y cambiaré la sociedad, dicen los políticos y los reformadores. Deme tiempo y cambiaré mi manera de ser, mi espíritu, dicen los psicólogos, los intelectuales y los devotos de todas las religiones organizadas que arrastran. El factor tiempo es un engaño, puesto que si considero que soy necio, inmoral e incompetente, pero que dentro de un mes, de unos años o de un solo día, llegaré a desprenderme de estas malas cualidades, es porque tengo preconcebido en la mente lo que yo debería de ser. Por lo tanto si mi nuevo comportamiento, al cual pretendo darle la cualidad de la verdad y lo correcto, ya ha sido manoseado y tocado por el pensamiento no tendrá nada que ver con la verdad. Soy necio y no quiero huir de la necedad, no invento en mi pensamiento lo contrario de la necedad, no quiero reaccionar ante mi necedad, sólo quiero observar atentamente esto que me desagrada. Si logramos ver qué es en realidad ser necio, ya nunca seremos necios; no seremos lo contrario, porque sería otra invención del pensamiento y por lo tanto seguiríamos siendo necios.
          No sabemos qué es lo correcto, qué es lo positivo, pero afortunadamente sí que sabemos qué es lo negativo. Cada vez que el pensamiento intenta poner orden y se inmiscuye con la realidad, inventando lo que él cree que es lo correcto y lo positivo, no salimos del atasco en que estamos atrapados durante tanto tiempo. Ver un hombre que intenta ser espiritual y religioso, abrazando toda clase de ritos y preceptos, aceptando toda clase de órdenes de su guía o un maestro, es percatarse dónde está lo negativo. No sabemos cuál es el camino correcto, pero sí el incorrecto. Ver a hombres que están posponiendo y demorando, haciendo promesas, el cambio en su manera de vivir, es darse cuenta dónde está lo negativo. El ver es actuar. Es un actuar instantáneo, sin demoras, sin dilaciones. La acción que salga de ese ver ya estará dentro del campo de lo que no es negativo.
          ¿Qué nos impide ese ver instantáneo, que todo lo disuelve? ¿Qué es lo que nos hace torpes y nos obstruye la mente para no poder tener acceso a la verdad? Indudablemente el obstáculo que no nos deja tener una mente nueva y no rutinaria es la ignorancia. Creemos que lo sabemos todo. Somos tan poco humildes. No queremos saber nada de lo que no controlemos. Lo nuevo nos da terror, puesto que estamos tan sucios y tenemos miedo que los demás nos descubran. Si no morimos a todo nuestro poder y egoísmo nunca llegaremos a la verdad. Podremos engañarnos, podrán decirnos que estamos en el camino correcto, pero seguiremos viviendo en la ignorancia. Sin un morir al ayer, sin un quedarse completamente vacío de todo el condicionamiento que es el pasado, no tendremos la energía suficiente para descartar lo negativo. Cuando más seguros estamos, más nos alejamos de la verdad. Cuando no tenemos nada con que agarrarnos y protegernos, entonces tal vez llegue eso desconocido. Si lo esperamos, ya hay un motivo y por tanto no aparecerá. En esto hay una gran maravillosa belleza; porque la belleza es sencillez.
          El deseo destruye la belleza de la verdad. El deseo nos da ansiedad, nos hace recelosos, nos provoca brutalidad. Aunque tengamos que tener mucha energía para no tolerar lo que provoca dolor, y no ser arrastrados por la corriente de la estupidez, debemos de percatarnos dónde empieza la agresividad. Una mente que tiene silencio y sabe ver, quemará con el fuego de la atención todo intento violento. La observación total es orden. En la total observación no hay rechazo, ni sentimiento de identificación, sólo hay un ver lo que es. Lo que sucede después será lo nuevo y ordenado, aunque nos parezca a nuestros ojos algo desagradable. Una mente que está acostumbrada al sentimentalismo no puede avanzar, tropieza con el pensamiento que hace de grabadora del pasado.
          Sin una mente ágil y fresca la vida será como estar en la penumbra, nunca podremos ver toda la luz y el brillo libre de todo obstáculo para poder gozar de todo lo que nos rodea. La belleza no existe fuera, no nace en el objeto observado, la belleza, toda esa armonía y sincronismo, reside en el fondo de nuestros corazones. Si no hay amor la belleza no existirá, aunque estemos a la orilla del mar u observando el valle desde lo alto de la montaña. En el silencio también hay profunda atención. Estar en silencio, tener la mente en perfecto equilibrio, requiere mucha energía. Esa energía fluye sin ningún impedimento, sin ser requerida; es decir todo uno se funde con la energía, es energía.
          Todos queremos que cese la destrucción. Y la pregunta es: ¿De qué manera cesará la destrucción de los árboles y toda la naturaleza? Y surge otra pregunta: ¿Qué debemos hacer para que todo esto, que también nos destruye a nosotros, termine? Sin un vivir en la austeridad la destrucción irá en aumento. Esta austeridad no es la del asceta ejercitándose, es la de la limpia naturaleza. ¿Una flor qué tiene de superfluo? ¿Un gorrión qué hace que no sea de absoluta necesidad? Y los hombres qué hacemos. Necesitamos tantas cosas. Tenemos que hacer tantas cosas a lo largo de cada día. Derrochamos como si nos hubiésemos vuelto locos. El resultado es un inacabable expansionismo desmesurado, que arrasa por delante todo lo que se anteponga para conseguir satisfacer el deseo de poseer.
          Sin un cambio en la manera de vivir, sin una mutación en la psique del hombre, sin un cambio radical en el que no tenga cabida el tiempo, destruiremos los bosques, los valles, los ríos, los animales; destruiremos todo lo necesario para vivir. Llorar nada más, de nada sirve. Hay que ver la inutilidad de las cosas sobrantes. Tenemos que limpiar nuestra casa, nuestros cajones de las cosas que no sirven, tenemos que ver la falsedad de los reclamos para consumir, tenemos que ser felices en lo poco. En la abundancia, hay sufrimiento, en lo poco felicidad. A más objetos, más defensa de estos. A más objetos, más aferrarse a lo material. A la materia si se le da toda la vida de uno, el espíritu queda sofocado y perece. No perece en un sentido mortal y definitivo, sino que queda oculto por el amontonamiento de las cosas innecesarias. El espíritu no perece. El espíritu, la energía que nos da lo suficiente para no perecer, se transforma y se sucede. Esta energía es la que todo lo penetra. Es la que a todo da vida. Es el principio y el fin. Es lo absoluto y lo indescifrable.
          A más riqueza le acompaña la miseria. Si uno posee toda clase de objetos, los renueva cada temporada, está descubriendo nuevas formas para obtenerlos, desea abundante dinero para satisfacer las incesantes aventuras, que no se olvide que por su causa está maltratando y destruyendo a los hombres. No los verá directamente en sus relaciones, pero tenga la seguridad de que los está torturando y los está destruyendo. Si lo queremos comprender directamente, nada más tenemos que asomarnos a los barrios pobres y miserables. Si no tenemos bastante con esta visión, y tiene una gran necesidad de salir al extranjero, debería de ir a una zona tercermundista. Tal vez allí se despertaría y se daría cuenta de que su vida es escandalosamente brutal y egoísta, que está muy educado pero que no sabe vivir realmente. Vería lo que es el hambre, lo que es la sencillez, lo que es la amargura, lo que es la necesidad de la ayuda mutua, lo que es la autoridad, y lo que es la riqueza. Los más grandes dolores, los debilitados moribundos y los muertos seguramente no los verá.
           
           
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          Moral
           
           
          Aunque rece todos los días, repita palabras incesantemente, y cante cánticos sagrados, si su vida no tiene la cualidad de la moral de nada le servirán. Hay otros que dedican tiempo y energía en ejercicios corporales, pensando que lograrán algún progreso espiritual. Los hombres con tal de no verse en realidad como son, inventan y se autosugestionan con toda clase de distracciones, que les llevan al contentamiento momentáneo. Un hombre que busque la felicidad fuera de la realidad y la verdad, que se sienta tranquilo y concentrado en una idea, es como un adicto a los narcóticos. Su mente tendrá una tranquilidad momentánea, pero el dolor y la confusión no tardarán mucho en asaltarle. Pensamos que este es el camino más fácil para deshacernos de los problemas.
          ¿Qué es en verdad la paz y la tranquilidad interior? ¿Sirve de algo el estar apartado y encerrado largas horas, concentrándose en una imagen o en un punto en la pared? Donde hay un centro debe de haber una periferia; si divido las cosas no habrá tranquilidad. La verdadera paz interior nos llegará cuando nos demos cuenta, en cada instante, de que hemos actuado descartando lo negativo. La moral es vivir con limpieza. Sin limpieza interior haga cuanto haga no le saldrá bien. Podrá identificarse con algún grupo y sentir seguridad temporal, sin embargo no se fíe -si su manera de vivir es un poco confusa- pues todo eso es falso. La moral ha sido arrinconada por el fuerte impulso de la demanda de placer. La moral y el placer, es como el fuego y el agua. La moral sin el placer no existiría. Y el placer con la moral se extingue.
          Todos los hombres buscamos la felicidad y sin embargo el único medio que tenemos para conseguirla no lo queremos. Hemos inventado mil maneras de suavizar y atenuar las penas, alejándonos cada día más de la realidad. Pero la necesidad insustituible de la moral cada día es más acuciante. ¿Qué son las drogas y su fuerte consumo? ¿Qué son los ritmos musicales y sus consumistas intérpretes y seguidores? Son amortiguadores que nos distraen, por no encauzar la existencia correctamente. Cada día los hombres nos creemos más sensibles, más educados, más correctos. Pero la ignorancia está presente en cada uno de los actos que hacemos. Queremos arreglar un problema, nuestro problema, el que más nos gusta o nos disgusta, dejando todos los otros como si no existiesen. Queremos comer bien, ir bien vestidos, viajar por todo el mundo, tener acceso a todos los placeres y a todo lo que está de moda; estos son nuestros problemas: el conseguir lo que queremos.
          El más grande problema que nos enfrentamos cada uno de nosotros es el de despertar de la ignorancia en que vivimos. Cuando uno ve pasar muy cerca de las envejecidas tejas de las casas, a los aviones bombarderos rugiendo escandalosamente, hasta el extremo de hacer vibrar todo el lugar en su envolvente ruido, una y otra vez día tras día, siente que lo que quieren es avisarnos y despertarnos. Diciendo: “Nosotros llevamos la destrucción y la muerte, nosotros no somos nada sin vosotros; despertad de la ignorancia, no os quejéis de las molestias de los ruidos porque vosotros sois los que los sustentáis con vuestra tolerancia, vosotros sois quien los sustentáis con los impuestos”. Este es el más grande problema: deshacerse de la ignorancia.
          No podemos enfocar toda nuestra energía a un solo problema. Estamos rodeados de especialistas. Y, ¿un especialista puede tener amor? Cuánto más especializados estemos más difícil será nuestra relación diaria con las personas y las cosas. El panorama de la vida abarca a la totalidad. Y si uno se siente con una mente joven y fresca, no le importa barrer y fregar, cocinar y cuidar bebés, leer y oír música, cortar leña o hablar a los demás, ir a la oficina y observar el campo. Quedarse en un centro y hacer que ocupe toda nuestra vida, es divisivo y degradante. Donde hay un centro ha de surgir una periferia. Si nuestra existencia no está poseída por nada en absoluto, podremos hacer lo que queramos sin ninguna dificultad, no nos sentiremos fuera de lugar, ni tampoco especializados en algo.
          Si no vamos hacia lo nuevo nuestra vida se amargará. Cuando uno está amargado se hace cínico; y ya nada le importa salvo su placer egoísta. La vida pierde su camino virtuoso y llegan los problemas. Ver la posibilidad de lo nuevo es invitarle a que advenga. Lo nuevo es abrir la puerta a la vida, sentirla plenamente, aceptarla tal y como es, sin miedo y con alegría. Cuando sentimos esa atención profunda que llega con el amor, lo nuevo se acerca. Sentirse indefenso y solo, pero con abundante dicha, es empezar a ser útil. Esta soledad es la precursora de lo nuevo. Sin lo nuevo hagamos lo que hagamos no tendrá ningún sentido. El hedonismo quiere liberar al hombre de los problemas. No lo consigue porque el cuerpo, que siempre está reclamando auto-compasión, se hace un tirano. Nadie queremos enfrentarnos a los tiranos y sin embargo es preciso vérselas cara a cara con ellos.
          El mayor tirano que tenemos es le pensamiento Siendo tan déspota como es, lo llevamos dentro de nosotros y no hacemos nada para deshacernos de él. Hablamos de liberación, de auto-gobierno, de independencia y libertad. Damos énfasis y apoyo a todas las ideas que preconizan la liberación en todos los ámbitos. Así y todo, la tiranía del pensamiento persiste a través de muchísimo tiempo. Nuestros antepasados ya lo sentían en todo su peso. Ahora el reto es nuestro. ¿Podemos deshacernos del pensamiento, terminar con él? No lo podemos detener, pues esta acción también es producto del mismo pensamiento. El pensamiento debe detenerse él mismo. Tiene que ver que no sirve de nada, salvo en cosas mecánicas, y por lo tanto su incesante trabajar es absurdo y negativo. Si lo ve, al llegar a ese extremo, las células cerebrales se aquietan y el parloteo toca a su fin.
          Hay muchas tretas para aquietar el pensamiento, pero sin una conducta virtuosa nada podrá hacer al respecto. Hay muchas prácticas de control mental en lo que se llama el mundo occidental, pero de nada sirven ya que lo más importante para la mente es dejado en olvido. Muchos otros van a la laderas del Himalaya o algún lugar de la India, creyendo que allí encontrarán la fórmula que les aquiete sus mentes y les da la paz interna. El exotismo y lo extravagante pueden absorber la mente durante un tiempo, pasado éste la agitación y el parloteo del pensamiento volverán a dominar nuestro diario vivir. Los psicólogos y los psiquiatras, también intentan tranquilizar la vida de los hombres, consiguiendo alivios momentáneos que no resuelven el problema en sí.
          La elección es de cada uno. La vida no puede ser vivida como si estuviéramos medio dormidos, como si estuviéramos embriagados. Comer, dormir, sexo y búsqueda del máximo placer esto es el modo de vivir. Si vivimos para eso estamos perdidos. Puede que resulte bien temporalmente, pero la factura llegará. No es una amenaza que intente persuadir. Es la realidad, su realidad, nuestra realidad. Sin una vida asentada en la más fina moral, estamos perdiendo el tiempo. De nada servirán todos nuestros empeños. Informar sobre lo falso, que se ha convertido en cotidiano, es necesario y es una forma de moralidad. Si su vida la dedica exclusivamente a Vd. y no quiere saber nada de las personas, logrará bien poco; aunque tenga abundante dinero en los bancos, un buen empleo y toda clase de objetos que cada vez le tienen más atrapado y le hacen más estúpido.
          Sentir compasión por los insectos que destruimos cuando paseamos por los parques o por el campos e intentar respetarlos, es algo que todos deberíamos hacer. La ansiedad que nos desborda, la falta de sensibilidad, nos hace destructivos y ciegos. Si no morimos a nuestra caprichosa existencia, seguiremos siendo tan salvajes como cualquier animal. El animal no sabe, no puede, renunciar. El hombre sí sabe, sí puede. Sólo depende de cada uno. Si uno quiere la vida puede cambiar instantáneamente. Si renuncia, si ama a los seres, le llegará la energía que borrará los obstáculos que el pensamiento siempre está encontrando. El renunciamiento es la más alta moralidad. Si no renunciamos a nuestra vida seguirá siendo un conflicto que nos llenará de amargura. Y nosotros debemos de hacer lo posible para que así no sea.
           
           
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          Lo sagrado
           
           
          A los hombres nos gusta justificar todo lo que hacemos. Esto nos descarga un poco la pesada carga de la responsabilidad. Todos somos responsables de algo. Ni somos totalmente responsables de cuanto hacemos, ni tampoco estamos eximidos de las consecuencias de nuestros actos. Somos libres, pero es una libertad heredada. Nuestra libertad no es auténtica. Solamente los hombres que pueden deshacerse del condicionamiento, heredado del animal desde el inicio de la vida en la tierra, son absolutamente libres. El hombre que no logra percatarse del condicionamiento es igual que un animal. O tal vez peor. Por eso la tierra se asemeja a un gallinero. Los hombres están condicionados por la información grabada en las células cerebrales. El hombre lo tiene más fácil que las gallinas en un corral, ya que estas dependen del cuidador para que les provea de agua y comida. El hombre vive encerrado en la tierra, pero no depende de ningún cuidador. Por eso el hombre tiene la impresión de que es libre.
          A pesar de esa creencia que los hombres tienen de libertad, también piensan que son presa de un destino o fatalismo. Hay algo que se escapa de nuestras incapaces mentes: el principio y la esencia de todo. De una manera o de otra, lo que está claro es que de nosotros depende una parte muy importante de lo que hagamos. Esto es lo sagrado de la vida. Para esto es necesario tener una percepción clara y diáfana de cuanto acontece. Debemos descartar todo lo que se inmiscuye, ya sea en forma de fatalidad, ya sea en forma de ilusión. Lo nuevo no puede tener referencia alguna, ni se apoya en nada que haya salido del pensamiento. Sin la visión clara de la realidad nos enredaremos en toda clase de teorías, sistemas y prácticas. Para lograr ver con claridad, lo primero que hemos de ser conscientes es de nuestra participación en el gran misterio que es la vida. Participar quiere decir tomar parte en algo, ser con algo.
          Los hombres no podemos cerrar los ojos a lo que acontece a nuestro alrededor. Salvo los dementes -si es que los hay-, todos tenemos que participar en algo. Porque la vida es relación. Relación con el hijo, con el vecino, con el banquero, con el político, con el tendero, con el esposo. Sin relación no hay vida. Responder a los retos y a los estímulos es relación, es vivir. Los que se encierran en un monasterio, sin saber querer nada de lo que ocurre, también están relacionados con los problemas y las personas con quien comparten su vida monacal. Aún estando viviendo en una solitaria cueva de montaña, la relación es necesaria; ya que los animales, el frío, la calor, los posibles visitantes no son sino retos a los que hemos de responder.
          Relacionarse con las mismas personas todos los días trae malas consecuencias. Algo que nos está destruyendo es la rutina. La vida del hombre se ha convertido en la más espantosa rutina. Ir al trabajo todos los días, buscar placer, distracciones que nos hagan de pantalla para no ver la realidad, sexo, buscar seguridad para la vejez, esto es la rutina diaria. Por eso nuestras mentes están embotadas, son torpes y temerosas. Solamente ven un único surco por donde transcurrir su vida. El resultado es altamente costoso. Cada día que pasa surge un nuevo conflicto entre dos grupos de hombres. Unos dicen tener razón y los otros también dicen lo mismo. Cada cual está estirando hacia un lado; y toda su energía la enfoca en conseguir vencer al del otro extremo. Todavía no hemos salido de la espiral de la violencia.
          Hay algo que es realmente reconfortante: cuando uno no quiere dos no se pelean. Hay infinitos motivos para pelear. Y si lo comprueba, también hay infinitos motivos para no responder y no pelear. Esto a primera vistas resulta algo fácil, resulta algo maravilloso y sorprendente. Pero esto que parece tan sencillo como si fuese un juego de niños, tenemos que ponerlo a prueba y darle la máxima importancia. Los problemas graves tienen unas soluciones fáciles. En la comprensión del problema reside su solución. Para comprender tenemos que ver. Y ver sólo es posible si nuestra mente tiene la cualidad de lo nuevo. Una mente agitada por los quehaceres diarios, lo primero que tiene que hacer es darse cuenta de su agitación. En el momento en que uno se percibe, de una manera absoluta, de que su mente está alterada, y que puede hacer poco por los demás, en ese preciso instante la agitación y todas las células cerebrales se aquietan.
          No tenemos que obedecer las normas sociales porque nos hacen actuar negativamente. La repetición y la rutina nos hacen ver como favorables acciones que provocan desorden. La confusión no quiere orden. La confusión necesita más confusión. El orden es el más grave peligro par la confusión. Uno no tiene que temer el quedarse solo. La confusión es la multitud. El orden la soledad, la minoría. Un hombres solo es inmensamente bello y limpio. Un hombre apretujado y distraído, es torpe; y capaz de todo con tal de complacer a los que le rodean. Esto no quiere decir que uno se tiene que retirar de la vida. El estar solo quiere decir no identificarse con ningún grupo, clan, partido político, en ningún nacionalismo. Pero debemos prestar atención a todo cuanto ocurre. Ver lo que ocurre con gran intensidad es amor. El amor lo abarca todo nada excluye.
          Lo sagrado se asienta en lo sencillo, es la sencillez. Por muy complicadas que parezcan las cosas, en el fondo son tan sencillas como el abrir una ventana. Es el pensamiento, con todo el inmenso bagaje del pasado, el que lo ve complicado. Todo lo que los científicos descubren y pregonan con tanta precocidad, es en realidad un juego de niños; que si uno tiene la suerte de tener una mente lo suficientemente limpia, clara y profunda lo verá todo como una distracción. Los hombres lo estamos destruyendo todo, y al mismo tiempo estamos construyendo lo que hemos destruido. Es el juego de la vida: destrucción, amor y construcción. El mayor y mejor parque es la naturaleza salvaje; los hombres lo estamos destruyendo; y seguidamente construimos los parques. La mejor medicina es una vida limpia y honesta. Estamos encima de la montaña y nos preguntamos ¿dónde está la montaña?
          Una mente sana, que se renueva a cada instante, es necesaria para poder ver toda la grandiosidad del universo, sin ésta mente seremos tan vulgares como el que más. Esta mente, con tan pocos problemas, no puede permanecer en la confusión; nada más ve la confusión la deshace, la quema. Por eso aunque conviva con la confusión, ella permanecerá en el orden. La mente que ha deshecho el condicionamiento, el caos y el desorden no le afectan. El condicionamiento como negro y blanco, como europeo y africano, como rico y pobre, no es algo que la confunde y la altera. Esta mente vive en lo sagrado, en el amor por todo. Haga lo que haga lo hará por amor. Sin amor no sabe vivir y por tanto se ahoga. No va contra nadie, sólo le importa la verdad. La verdad la enloquece y es su único motivo para vivir.
          ¿De qué manera llegaremos a tener una mente de esa cualidad? ¿Qué tenemos que hacer para vivir con una mente que es lo sagrado? El esfuerzo es destructivo. El deseo hace surgir al esfuerzo. Y ya empieza todo el caos y el desorden a apoderarse de nuestra existencia. El deporte es la práctica de un método de ejercicios físicos. Método tiene un significado que procede del griego, y que es meta; y meta a su vez quiere decir: después, habiendo conseguido, habiendo alcanzado. El deporte es una competición que se inicia con el cuerpo. Una vea dominado y controlado el cuerpo, se pretende hacerle competir con otro cuerpo. La competición no es amor. El llegar a ser, el conseguir algo, no es amor. El esfuerzo es lo que primero que nos atrapa. El esfuerzo nos hace animales crueles. El esfuerzo nos hace crueles e insensibles al dolor. Si llevamos el dolor a cuestas no podemos ir a ninguna parte. Y lo que hagamos seguirá siendo dolor.
           
           
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          El silencio
           
           
          Una de las cosas que más caracteriza a la civilización industrial y despilfarradora, es el espantoso ruido que provoca. El consumismo, que es consumir sin ninguna necesidad -salvo la necesidad de producir-, es producto de una manera de vivir que nada más busca el placer. Todos han llegado a un silencio que les hace cómplices de esta desafortunada manera de vivir. Los humanistas teóricos, los religiosos de hábito, los intelectuales, los políticos, defienden y justifican tan desastroso manera de vivir. Consecuencia de ello es el desajuste existente en el aparentemente mundo avanzado. Cada gran ciudad, con su basura y frialdad, es una fábrica de violencia, de agresiones, de sufrimiento. El silencio de las ciudades -ya que pocos son los que hablan- es impuesto por la prisa y por las máquinas.
          En todo este mar de llamadas atractivas y rechazos íntimos, viven los hombres más poderosos, aunque ellos no lo sepan. Se imagina una gran ciudad sin recogida de basuras durante una semana. Se imagina a todos los hombres que trabajan y son explotados sin ninguna consideración, darse cuenta que son utilizados y obligados a vivir de una manera absurda e inmoral. Este es el miedo que tienen los dirigentes de esta desgastada manera de vivir. Para no dejarles acceso a la verdad, el poder mentirá, transformará y llegará incluso a la temida violencia. Los hombres que no tienen nada son muy fáciles de contentar. El destino de ellos es soñar con algún remoto día. Ese día que todos esperan se ha convertido en una especie de religión. Tienen salvadores, tienen escrituras y libros, tienen mártires, tienen líderes y una estructura implantada por todo el vasto mundo.
          Esta situación no es novedosa, sino que es antiquísima. Una de las cosas que conlleva la pobreza es la falta de energía y la ignorancia. De ahí que este problema de las reclamaciones e injusticias, siendo un problema de miles de años de existencia, sea presentado como algo moderno y reciente. El principal error que arrastran desde siempre, es hacer el juego al poder; es decir, enfrentarse al poder, llegando también incluso a la injustificable violencia. Ellos, en su error, no buscan lo nuevo. Buscan cambiar simplemente unos cuantos dirigentes e intentar poner justicia donde no la hay. Lo nuevo, al no conocerlo, les da miedo. Además de tener el concepto de la realidad falseado, por la fuerte influencia del inmoral poder.
          Los miserables y los pobres lo primero que les interesa es satisfacer sus necesidades básicas. Y luego de haberlas satisfecho se dedican a imitar a los que les provocan tan angustiosas situaciones. El resultado de ello es que a su nivel, en su estatus, se convierten en inmorales, en déspotas. El cambio no lo desean hacia lo nuevo, sino hacia algo que ya está planificado y diseñado de antemano. Es decir tenemos que defender un poder, tenemos que construir otro estado, tenemos que parlamentar interminablemente, tenemos que armarnos para lo que haga falta, tenemos que sacrificar los medios por el fin propuesto. El resultado es la misma absurda manera de vivir. Y los pobres en su ignorancia seguirán esperando el día en que todo cambie de verdad. El dinero y un poco de bienestar es algo que al hombre lo convierte en olvidadizo y torpe. De ahí que la austeridad es imprescindible para poder tener una mente que se pueda encarar con la verdad y verla, tal y como es.
          El sacrificio no es una cosa favorable. El fin no debe justificar los medios. El sufrimiento es algo que debemos eludir. Pero el ser humano tiene una tendencia, debido al miedo, a defender, a acumular, a dominar, que debemos descartar. De lo contrario la bondad no la encontraremos en nuestras mentes. Sin bondad no podemos ser caritativos. Y nos ahogaremos con tantas cosas en rededor. No estamos contra el placer, ni contra nada, pero si que descartamos sus efectos. Y al descartar los efectos, descartamos sin ningún esfuerzo el placer. La vida no está hecha para excitar a los sentidos, ni tampoco paras trabajar. En realidad la vida no sabemos para qué fue creada. La mente es inadecuada para esclarecer este profundo misterio que es la vida. Pero sí que sabemos que el amor es lo único que nos puede ayudar a esclarecer este misterio.
          El mundo en que vivimos, la sociedad que es nuestra, se nutre de las injusticias y del engaño. Si comprendemos una injusticia totalmente, si llegamos hasta la misma raíz, podremos comprender todas las demás. Esto es algo que se puede apreciar por doquier: en nuestras relaciones, por la calle, en el trabajo, en el deporte. No solamente el problema se centra en la relación con las demás personas, los animales pocos se salvan de un trato injusto. El que un toro sea llevado, desde donde ha nacido y crecido en el campo, hasta una plaza de toros donde se tiene que enfrentar con unos hombres armados, además de varios miles que le vocean y gritan, y están en contra de él, además de ser cruel y despiadado es una injusticia a todas luces. O es que tal vez el hombre pierde su dignidad de ser humano y se rebaja a la del animal; y entonces la injusticia estaría atenuada ya que sería una lucha de animal a animal.
          Lo malo de las injusticias es que todas son justificables. Pero lo negativo, lo que es causa de dolor, por mucho que lo justifiquemos, nunca podrán dejar de ser lo que son: sufrimiento y angustia para los que las padecen. La repetición y la rutina, nos está destruyendo nuestra existencia. La rutina nos hacer ver cosas irreales, que nosotros las convertimos en reales. Un dictador a base de repetir, que lo que hace lo hace para el progreso, la paz y el orden, es transformado en un salvador, en un héroe. La rutina y la repetición es uno de los más peligrosos venenos con los que tenemos que convivir. Los argumentos para defender cualquier situación negativa es absurdo y por tanto falso. De ahí que como tantos cambios que ha habido en toda clase de instituciones ninguna haya traído la justicia y con ella la paz.
          Los hombre que intentan dirigir el mundo, dicen que buscan la paz. Pero se olvidan, o tal vez no lo saben, que sin justicia la paz no puede llegar. Que no se engañen y no engañen a los demás, haciendo creer que la paz impuesta por armas es una auténtica situación donde no hay conflicto. Si no hubiera conflictos las armas desaparecerían de la faz de la tierra. Otra opinión falsa y engañosa, es la de que en cualquier lugar donde se hiciese verdadera justicia desaparecería la riqueza y por tanto todos seríamos pobres. Una de las cosas más maravillosas que nos podrían suceder sería que nos diésemos cuenta del estado tan rutinario en que vivimos. No quiere esto decir que uno lo va a destrozar para seguir otro camino. Lo importante es saber dónde estoy y qué es lo que hago. Si nos damos cuenta de verdad, salga o no salga de la rutina, la acción ya no será rutinaria.
          Una mente rutinaria es una mente estancada, que no va más allá de su mezquino mundo. Ver es actuar. Y para poder ver, es necesario no tener ningún prejuicio, no reprimir, El acto de reprimir es algo que nos lleva a más confrontación y a más antagonismo. Si podemos llegar a saber ver, nos daremos cuenta de que la represión es algo innecesario e inútil. Nuestras mentes están embotadas, están saturadas de tanta acción. A más acción, más confusión y así entramos en el círculo del absurdo. ¿Qué es lo que nos impulsa a esta acción que no cesa ni un solo instante? ¿Es miedo de vernos tal y como somos? ¿Es miedo al futuro, al mañana; a quedarme rezagado?
          El dinero es algo necesario para poder subsistir. Sin dinero seríamos verdaderamente humildes y sencillos. Pero así y todo el dinero siempre está presente. Incluso para hacer buenas obras hace falta tener dinero. Pero muchos sucumben para conseguirlo en abundancia; y aquí es donde estamos estancados. Aunque sea para hacer obras piadosas, si acumulamos dinero en abundancia sucumbiremos a lo que lleva tras de él. La posesión de algo nos hace calculadores, fríos y egoístas. No tener nada es fácil. Tener en abundancia es altamente complicado. ¿Para qué tener tantas cosas, si con pocas se puede vivir perfectamente? A más ignorancia más cosas queremos. A más ignorancia más importantes queremos ser. A más sentido del orden más sencillez. El orden total: la humildad. Sin humildad nada podemos hacer que no sea pelear y engañar. Un hombre humilde no esconde nada, no defiende con los puños. Ser humilde es sabiduría. Y con la sabiduría todos los problemas se resuelven y todas las puertas se abren.
           
           
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          La represión
           
           
          La manera más vulgar de solucionar las molestias que nos causan los demás, el reprimirlas. En el momento de que algo o alguien nos alteran lo que nosotros queremos que sea la realidad, automáticamente surge en nuestra mente el deseo de suprimirlo, destrozarlo, hacerlo desparecer. La represión es negativa, porque da continuidad a lo que se reprime. Cuando alguien reprime no está terminando con nada. El resultado de la represión es momentáneo, nunca definitivo. Siempre que reprimimos algo, volverá a surgir tarde o temprano. En la represión no hay inteligencia. La represión es un estado neurótico de la mente. Un estado que puede llegar a tal morbosidad en que se pueden justificar los más atroces actos violentos e inhumanos.
          Lo contrario de la represión no es la tolerancia. Aunque muchos lo estimen así. La represión es no dar más salida a cualquier situación y por tanto se corta por lo sano. La tolerancia es altamente peligrosa, ya que la mente es algo que tiende a la pereza, a falsear la realidad. La tolerancia es complicidad, es silencio por conveniencia e ignorancia. La flexibilidad es respeto, es amor. Pero la flexibilidad termina donde empieza la tolerancia. Hay infinitas maneras de solucionar un conflicto, pero nunca será tolerado. Tolerar es aceptar de alguna manera algo deshonesto o algo negativo. ¿Qué sucedería si en el trabajo no tolerásemos las cosas negativas que suceden, como las mentiras y engaños, como las brutalidades del que ostenta la autoridad? No tendría por qué haber enfrentamiento, solamente no participaríamos de las cosas sucias. Surgirían situaciones desagradables, pero nosotros no seriamos responsable de ellas; y siempre saldríamos beneficiados. ¿Qué papel juega el miedo en la tolerancia y en la represión?
          El miedo es ignorancia. Y donde hay ignorancia la mente no puede funcionar con sabiduría. El miedo de perder mi comodidad me hace agresivo con los que me rodean y por lo tanto desato toda clase de represiones. El miedo de ser despedido, a ser fichado por la autoridad, me lleva a ser tolerante. El miedo de perder tantas cosas -la rutina, la comodidad, el falso respeto social, la idea en la cual vivo- es lo que nos hace que toleremos las violaciones que todos padecemos. No podemos ser cómplices de la barbarie. Es algo tremendamente difícil, pero no imposible. Cada vez que participamos de algo sucio, somos tolerantes. Cada vez que no cuestionamos todo lo que se nos dice, somos tolerantes. Descartar y no participar en lo sucio y negativo es sabiduría. Los que practican en su modo de vida la tolerancia y la represión, intentarán por todos los medios desorientar al que no quiera participar en sus desafortunados asuntos.
          Todos los aparatos de los poderes están sujetos a este fin: intentar convencer y persuadir a los hombres a que participen y den su apoyo, a los asuntos que provocan la crueldad de los hombres armados, del hambre y la penuria de los que no tienen nada., de las mentiras que quieren establecer lo falso en lo verdadero. Desde hace mucho tiempo la lucha principal de los hombres se centra en querer cambiar los valores por los cuales se rige la vida. ¿Cuál es el motor que hace mover el universo? Sin lugar a dudas es el amor. Tan consumada verdad es el motivo de tanta lucha. Dicen: “El amor no sirve para nada, solamente para el sexo; el cultivo del amor idiotiza; por tanto compite, esfuérzate, lucha; los débiles son una desgracia que nos causan molestias y problemas, por lo tanto hay que arrinconarlos y no perder el tiempo con ellos; la violencia es defensa, la mentira y el engaño es defensa, ser egoísta es defenderse; ser brutal, es ser sano y fuerte”. Este es el juego que nos quieren presentar como verdadero.
          La astucia de la mente ha llegado a confundir a la gran mayoría de los hombres. Cada día el mundo está más deteriorado, lo cual quiere decir que los que lo pueblan y manejan no lo saben cuidar ni respetar. ¿Qué sensación sentiríamos si al entrar en una casa, viésemos todo desorden? Si viésemos que las puertas no se pueden cerrar, y las que se pueden no tienen cristales; el agua que se consume para beber está en mal estado, hay goteras y las paredes están agrietadas. Diríamos: “Aquí vive alguien que no puede o no sabe cuidar adecuadamente su casa”. Los que pretenden ordenar y cuidar el mundo en que vivimos, además de cuidar de él físicamente tienen otra responsabilidad, que es la más importante que podemos tener, cual es ayudar a vivir a todos los pobladores.
          Hemos dividido la vida en pedazos, todos estamos aislados de todo, como si fuésemos algo extraño a lo que nos rodea. El mundo se encuentra dividido cada vez más. Los nacionalismos con sus fronteras, las religiones, las teorías y los ideales sociales, los bloques políticos, la cultura particular de cada uno, nos está destrozando. Cada nueva guerra que se abalanza sobre un lugar, no es más que la manifestación de la gran división en que vivimos. Si nos separamos de la naturaleza -cosa que estamos haciendo- nos hacemos fríos e insensibles; esta frialdad e insensibilidad la llevamos encima allá donde vamos. En el Renacimiento, el hombre dio un paso alejándose de la naturaleza, dividió todo en pedazos, intento enfrentarse con lo que más le daba, uno de los resultados fue la creación de los castillos dividiéndose y aislándose.
          Hoy en día todo lo que hacemos e inventamos le está dando la espalda a lo que es más nuestro y lo que nos sustenta. Aunque los hombres vivan hacinados en edificios de grandes proporciones, la división entre ellos es igual que la de los hombres que viven en dos lugares diferentes. Hemos construido autopistas, computadoras que hacen el trabajo de cuarenta años en un abrir y cerrar de ojos, tenemos toda clase de comodidades, tenemos el ocio que antes no teníamos. Y ahora surge le problema de: ¿Qué hacer con tanto tiempo? No lavamos a mano la ropa, no encendemos el fuego con leña, viajamos en avión, coche o trenes rápidos; las comunicaciones han convertido el mundo en una especie de aldea, que todo lo que sucede se sabe al mismo tiempo. El resultado es una espantosa aceleración que no respeta la vida. La sentencia de que el fin justifica los medios, es aplicable aquí al igual que los hombres cuando la esgrimen cuando han de hacer algo terrible e inhumano.
          Las comodidades, el ocio, los avances, la abundancia, en vez de tranquilizarnos y darnos paz, en vez de hacernos felices y amigables, lo que han conseguido ha sido el deshumanizarnos y dividirnos aún más. La ansiedad que se ha apoderado de los hombres, nos ha enfriado todavía más el corazón. Tenemos de todo y sin embargo no sabemos qué hacer. Y como no sabemos qué hacer, también hay alguien que nos dice lo que tenemos que hacer. Entonces se completa el círculo de la manipulación y nos convertimos en robots, en máquinas fáciles de dirigir. ¿Cómo podremos salir de este círculo cerrado? Cuando no sepa qué hacer y sienta una gran necesidad de hacer algo, no haga nada: permanezca quieto y observándose todo lo que le llega a la mente; en un estado de ansiedad y agitación todo lo que hagamos nos complicará aún más; mire a su alrededor, mire todo lo maravilloso que hay a su alrededor, no escudriñe en los libros, no conecte la televisión ni la radio, solamente mire; verá como todo cambia y se sentirá de otra manera.
          Todo lo que hagamos, si no lo hacemos con amor no tiene ningún sentido. Si decidimos hacer algo por alguna persona, si no se tiene el corazón rebosante de amor no tiene ninguna importancia. La vulgaridad será la que dominará toda nuestra acción. Ser vulgar es nuestro sistema de vivir. Donde el amor aparece todo cambia, nada queda de lo viejo que nos tenía constreñidos y nos hacía vivir en la oscuridad. Hacer algo por amor es transformar a cada instante cada uno de los obstáculos que se presentan. Los mayores inventores son los que viven con amor. Sin amor la mente queda bloqueada y aturdida, dejando paso al pesimismo. El amor al manifestarse, haga lo que haga, estando sentado y quieto o actuando y hablando, todo lo cambia. Llegar al amor, o cuando el amor llega, es el momento en que empezamos a vivir. Todo lo de antes que nos parecía lo correcto y lo ideal, no era más que obediencia, repetición y rutina.