Lo inesperado, la verdad, se impone. 19-01-2016

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232. Si pudiera ser cierto lo de que los astros inclinan, pero no nos arrodillan. Entonces, los cielos, aunque se volvieran locos no nos arrastrarían en su locura. Que, en la tierra, esa locura, se transforma en desorden, caos, anarquía, violencia, guerra.

 

 

233. La fe es una creencia. Y la creencia puede ser una ilusión o no. El trabajo de los seres humanos es descubrirlo por ellos mismos sin intermediación de nadie ni nada más que su inteligencia, lucidez.

 

 

234. Cuando hacemos que cualquier acto cotidiano sea sagrado, todo lo que hacemos es amor. Tal vez, el amor sin algo que lo llame no pueda ser.

 

 

235. Cuando uno tiene mucho tiempo para hacer lo que le da la gana -la ociosidad prolongada, como norma-, es cuando entran todos los males. ¿Se puede vivir encerrado en una habitación sin la complicidad o ayuda de otros? Los que le compran la comida, se la cocinan y sirven, los que le lavan la ropa, las sábanas, le limpian la habitación, los que cuando se estropea el ordenador lo tienen que arreglar; los que llaman al fontanero, al electricista, al albañil, porque hay que reparar algún desperfecto, y tienen que recibirlos cuando llegan para indicarles dónde está lo que hay que arreglar; esas personas que tienen que gestionar el lugar donde vive encerrando, no son todos esos cómplices, consentidores, de esa manía de quedarse solo en casa, en la habitación, sin salir casi nunca.

El ser humano, como un animal que es actúa como ellos: va probando, exigiendo, aprovechándose de los demás, desarrollando la autocompasión de una manera patológica. Y una vez conseguido, actúa como un emperador que dice que está enfermo, necesitado, ha de ser ayudado. Y desde ahí, puede inventarse una enfermedad, que sería las ganas de vivir sin trabajar, sin hacer nada -salvo lo que a él le excita y a lo que está atrapado: el ordenador, Internet, etc.-.

 

 

236. Estando básicamente de acuerdo contigo. Tú sabes que cada cosa llega cuando tiene un lugar y un momento oportuno para poder ser y desarrollarse. Muchas enfermedades modernas tienen su raíz en la abundancia: comida, bebida, vida ociosa, sedentaria, es decir, lo que se conoce vivir como ricos. Y tanto la riqueza -el derroche y el despilfarro-, como la pobreza, generan sus miserias.

 

 

237. Un sannyasin, es un hindú devoto religioso -sin religión alguna-, que no trabaja ni tiene identidad. Y vive mientras puede yendo a pie de sur a norte de India, alimentándose de lo que le dan, durmiendo donde puede. No tiene ni lleva dinero ni bulto alguno. En India son respetados y tratados como poseedores de santidad. Son lo que aquí llamaríamos trotamundos, locos, que viven en su mundo aparte, porque su manera de vivir es tan radical y extrema -son vegetarianos, no pueden matar ni a los insectos que van por el suelo o los mosquitos que les pican-, que la relación con ellos es muy rara. Aunque su presencia para los que los ayudan dándoles comida y refugio, ropa, la consideran beneficiosa por su santidad que transmiten: el renunciamiento total, sin nombre ni apellidos, sin ninguna posesión. Las autoridades civiles también los toleran en sus peculiaridades, ya que su personalidad, sus maneras, son indiscutibles para un hindú, que tenga respeto por la religión, los devotos, y sus costumbres de vivir.

 

 

338. Si pudieran comprender que la libertad es amor -lo sagrado-, ¿cómo iban a sostener esa manera de vivir donde todo parece una dictadura de locos hambrientos de no se sabe bien qué? ¿Será por qué los reyes y los príncipes, los ricos, los que que mandan, de esos países son tan machistas, hasta tener un harén exclusivo para ellos -los dueños-, que aceptan, promueven incluso legalmente, ese estilo brutal, salvaje de tratar a un ser humano como si fuera una máquina de proporcionarle tanto el placer sexual, como el placer de saber que es sólo de él y de nadie más? Y, que luego los vulnerables e ignorantes personas -la masa, la multitud-, los copian; como si eso tan macabro fuera un signo de distinción cortesana, aristocrática, social.

 

 

239. El problema de la vida es que, para vivir, hay que comer, beber, atender a las necesidades del cuerpo. Es decir, somos materia pura -no somos espíritus inmateriales-. Y, la materia ha de transformarse, colisionar, destruirse, desaparecer, competir para imponerse. Ese es nuestro programa, nuestra programación. Y como no queremos morir -para dejar de matar-, hemos de luchar para vencer, triunfar a la hora de conseguir lo mejor -el mejor alimento, el mejor territorio de caza, las mejores hembras, parejas-.

La pregunta es: ¿Podemos vivir dejando esa programación, ese condicionamiento, ese paradigma de lucha, de querer vivir al precio que sea? No podemos, porque como ya se ha dicho el cuerpo necesita ser salvaguardado de los otros que lo quieren destruir, necesita alimento, cuidados, necesita desarrollar sus posibilidades en todos los ámbitos: crecimiento corporal, sexual, de aprendizajes.

Por lo que cabe es, darse cuenta de lo que somos, de qué somos capaces de hacer en cuanto a la maldad, verlo como lo peligrosos que somos para nosotros y para los demás, y a partir de ahí que se genere el orden al generar la menor maldad posible en la naturaleza y en todos los demás.

 

 

240. No te olvides de los vascos, que eran los malos a los que había que eliminar no hace mucho tiempo. Aún están las prisiones llenas de ellos, después de años sin actuar violentamente.

Por cierto, que igual que a unos les mueve el amor a algo que quieren y estiman; eso mismo les pasa a todos los demás: les mueve el amor a lo que quieren y estiman. Pero no por eso hacen tonterías infantiles, como agredir a los demás, creyendo que ellos son especiales y las consecuencias no les afectarán.

 

 

241. Cada uno tiene su tiempo y sus maneras de encarar la vida. Pero no hay camino ni sendero a la verdad. Pues todo se puede convertir en un camino, si lo usamos y lo descartamos a cada instante que va pasando; de manera que no quedemos atrapados, y entonces acabados.