Lo inesperado, la verdad, se impone. 01-06-2016

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2639. Invadir, ya sea que invadas un metro cuadrado, como una hectárea, una chabola, un palacete, es lo mismo: una invasión. Pero, nos agarramos a nuestras ideas, teorías románticas, sentimentales, emotivas, amparadas por un grupo, y elegimos cuál es la invasión correcta y cual no.

Eso mismo hacemos con la violencia: la de la policía, la del estado, etc., con toda su brutalidad, decimos que es negativa; pero, el estado, la policía, los jueces, los que votan a los políticos, dicen que es justa, necesaria, legal. Nadie asume que su violencia es violencia: brutalidad, crueldad, abrir la puerta a la confrontación, a la guerra. Los que se enfrentan a la policía violentamente, también creen que esa violencia es legítima, adecuada, pues tiene un fin que ellos dicen que va a traer el bien, la igualdad, la justicia -que es lo mismo que dicen todos los gobiernos para justificarla, invertir miles de millones en cuarteles, logística, espías, etc.-; pero ellos dicen que hay un enemigo que siempre está acechando al otro lado de la frontera, o dentro, del que hay que defenderse aunque sea usando toda la brutalidad y la crueldad de la violencia.

¿Nos damos cuenta dónde estamos? Estamos en el mismo barco, pisamos la misma tierra.  Por tanto, si queremos que lo que decimos sea verdadero, tenga sentido, hemos de empezar cada cual por descartar aquello que vemos negativo en los demás, porque nosotros también hacemos lo mismo, aunque sea a un nivel o plano diferente.

Así que, si se invade una propiedad privada, o estatal, el ordenamiento vigente dice que eso es ilegal; y cuando se tiene que restablecer esa legalidad, si es preciso se ha de usar la violencia contra los invasores, los que se han apropiado del lugar. Ahora, la cuestión está en ver todo esto, como un hecho que es, que la violencia, va a engendrar más violencia y más desorden. Y, por tanto, renuncio a ella, la descarto radicalmente, ya que no quiero tener nada que ver con su crueldad ni su inhumanismo, su mal rollo y ambiente que genera, su dolor, su amargura, su desdicha e importancia. Ya que al final en un enfrentamiento, tan desequilibrado e injusto entre el estado, la policía, y un grupo de personas, los que pierdan han de ser los que menos capacidad tienen de ejercer la violencia.

 

 

2640. La tolerancia ante cualquier maldad, no es adecuado para alguien que quiere poner orden en la sociedad, entre las personas, para que haya justicia, cesen las castas, el racismo, la inmoralidad y la corrupción.

Si uno va con su motocicleta por encima de la acera, y no está permitido, ante el desorden que esa actitud genera de peligro contra los peatones, habrá que decirle algo, ¿no? Aunque sea la cara seria, profunda, en la que se sienta incómodo, ya es suficiente; pues si todos hiciéramos lo mismo, seguro que no haría esa crueldad de ir por la acera en motocicleta. Luego, el que pueda y quiera por su capacidad, puede denunciarlo, ir a su casa y hablar con él, manifestarse ante su domicilio, etc. Pero, tolerarlo, con una actitud indiferente, eso es lo que quieren los carcas, fachas, para que todo siga igual.

 

 

2641. Pero, si lo que determina si algo es correcto o no, no es el conseguir eso que creemos que es correcto; lo que importa, porque va a determinar todo el asunto, son los medios que uso para conseguir eso que quiero. Con medios malos, violentos, salen malas construcciones. Y para terminar de hacerlo mal, nos dedicamos a querer cambiar la realidad, inventando otra para que se acople esa violencia inhumana y cruel. Y ahí es donde quedamos atrapados en el círculo cerrado, de ignorancia, del ojo por ojo y diente por diente, donde nos destrozamos, como bestias salvajes, o como idiotizados peones, seguidores, obedientes de cualquiera que se lanza por la pendiente del enfrentamiento.

 

 

2642. Tu problema es muy básico, y desafortunadamente muy común: lo que yo digo y hago, sea lo que sea, es lo correcto, lo adecuado; los demás están errados, equivocados, son malos, capitalistas o comunistas, fachas o antisistema, creyentes religiosos o no, ateos. Pero esa no es la realidad, porque en la vida todo funciona, como mínimo entre dos; y mientras no haya una buena relación entre esas dos personas, ¿qué sentido tiene hablar de poner orden en la sociedad, respeto, ver la dignidad tanto en uno, como en el otro? Y, entonces, me doy cuenta que formo también parte del problema de la vida, de mi vida, aunque diga que no, porque de mí y lo que haga con esa persona con la que estoy relacionado va a determinar cada acto, cada acción, que haga.

De manera que, si yo te amo, ¿cómo voy a maquinar, a tramar, a robarte, a invadirte, a pegarte porrazos en las manifestaciones, encerrarte si te atrapo? ¿Cómo voy a hacerte la vida imposible, ya que eso es crear un infierno? ¿Comprendes de que se trata? Se trata de vivir, de gozar de vivir, de ver la belleza de la vida, y también su miseria, y de ir más allá de todo eso que hemos creado los hombres. Y todo eso empieza por una buena relación, sin división ni conflicto interno, sin enfrentamientos, sin mentiras y falsedades. Si no viendo la realidad, me guste o no, yendo más allá de ella.

 

 

2643. Si empezáramos aceptando la lógica de que 2 + 2 suman 4, todos los problemas los veríamos tal cual son; y, entonces, se resolverían, ya que no los veríamos como problemas, sino hechos, como el morir o el nacer, el perder o ganar algo.

Creo que de los problemáticos que has mencionado, los que parecen más incuestionables, son los defensores de los animales; porque los que torturan a los animales para divertirse, no se dan cuenta que ellos no mandan ni son los dueños de los animales; más aún si el animal es llevado a la fuerza para un espectáculo sádico, morboso. El animal no ha sido creado para torturarlo; tal vez, sí para comérselo y alimentarse de él. 

Está el derecho a la libertad de divertirse con los animales; pero de la misma manera también está, el derecho de los que defendemos a toda la vida, defendemos a los inferiores e inocentes animales, para informar de manera que se pueda ver toda la crueldad y lo inadecuado de torturar y asesinar a un animal por diversión.