La libertad es amor. 19.02.2019

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* Los empresarios, en principio no deberían de ser peligrosos -gángsters ni mafiosos-. Pero, eso sería como poner una zorra, a vivir con las aves que hay en un gallinero. Sé que es muy difícil, ser no corrupto ni ladrón, ni marrullero. Pues, se necesita mucha disciplina, mucha atención, provenir de un ambiente escrupuloso, incorruptible, tener compasión y amor por todas las personas.

Lo que más caracteriza a los empresarios, es la mezquindad, la usura, la codicia. Porque, un empresario por la fuerza de los hechos, vive obsesionado con los negocios, las ganancias, las ventajas y desventajas, las posibilidades y expectativas por las ganancias. Y, ¿para qué eso, ese deseo de tanta ganancia, a costa de los que te ayudan a sacar esas ganancias, los que trabajan asalariados para ti?

Te lo pregunto, porque muchos empresarios son ostentosos. Y por eso, suelen vivir en chalets muy caros, tener coches también caros, tener varias viviendas, son socios de clubs selectos, les gusta la caza mayor y la menor, lleváis a vuestros hijos a colegios caros, selectos, privados, etc. Y claro, vivir de esa manera, cuesta un dineral. Y el dinero no sale de las paredes, hay que conquistarlo. Y conquistar es un verbo peligroso. Porque para conquistar, hay que hacer una guerra, con los que no quieren ser conquistados. Y en ese trance de la conquista, se miente, se falsea la realidad, se difama a los que no se pliegan a vuestro verdadero negocio, que es sacar dinero de donde sea y como sea.

Total, ¿de dónde vais a sacar el dinero? Pues, de los débiles -que no pueden oponerse a vuestra conquista-, de los que os ayudan trabajando para que la empresa genere abundantes beneficios. Porque, os habéis hecho adictos a vivir en la riqueza.  Y eso quiere decir, mucho. Porque sois unos privilegiados.  Y no te olvides, que como vives tú, también quieren vivir de la misma manera, los que ahora no lo pueden hacer.

De manera que, les estás provocando envidia, celos, odio, ganas de que toda esa manera de vivir, de los ricos y los que no lo son, los menos favorecidos, cambie, termine. Haya reparto. Aunque, sin saber que, con el reparto, no se acabarían los problemas, ni vendría la felicidad. Pues, se harían como tú y tus compañeros empresarios sois. Pero eso, no os exime de la necesidad de la honradez, de la compasión, del amor.  

 

* Está claro que todos podemos ser caprichosos. Pero los caprichos de los ricos son muy caros. Y por eso son una máquina de hacer dinero. Para disfrutar de sus caprichos. Las consecuencias no las ven ni les importa.  

 

 *Pero, ¿qué problema tenéis con la palabra español? Una palabra tan bonita, la usáis tanto que la habéis vulgarizado, la usáis como moneda de cambio, os habéis apropiado de ella, excluyendo a vuestros enemigos. Diciendo que esos no son dignos de ser españoles. Me entran ganas de llorar de tanto sin sentido. Sólo por el nacionalismo español. 

 

* Una persona religiosa, espiritual, humanista, puede ser idolatra, es decir mundana, aferrada al mundo y su mundanalidad. Mundanalidad quiere decir, estar atrapada por una idea política, atrapada por un líder, un gurú, un caudillo, un maestro o instructor. Atrapadas, por un carismático dirigente, que mueve a gran cantidad de personas, vulnerables, inocentes, miedosas, egoístas.

La religión es la relación armónica con todo lo que existe, sin quedar atrapado por ello. Pues, si quedamos atrapados, entonces es cuando llega la división. Y si hay división, ¿puede haber amor? El amor, es orden, el máximo posible. Donde la división y sus problemas no le afectan. Porque, el amor es libertad de lo conocido, de lo viejo y repetitivo.

Es decir, para que haya religión, ha de por surgir lo nuevo, lo no contaminado por el pasado, las ideas y teorías. Si no la religión, es un negocio como la política, para vencer, derrotar al otro. Para imponernos, a los demás por la fuerza, por la crueldad, la violencia, las matanzas de la guerra.  

 

* ¿Quién lo ha de decidir, la Iglesia Católica, corrupta, inmoral, mafiosa, supersticiosa, idólatra, pagana? Los curas, los frailes, las monjas, etc., ¿no han renunciado a la mundanalidad, es decir a la política, a la idolatría de personas, del poder? Por tanto, esos asuntos tan mundanos, de las tumbas y los que están en ellas, es algo que no tiene ninguna importancia espiritual, religiosa. Sólo es política, la lucha descarnada de las personas.