Cuando el observador es lo observado, todo va bien. 27-03-2018

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1977. He leído, el escrito de ayer, 'La Fiscalía de Cataluña investiga un tuit amenazante contra el juez X ...'.

Gracias por publicarlo.

Los problemas a veces, son como una rama llena de espinos, por lo que hay que tratarlos con mucho cuidado. Por eso, escribir sobre lo que hacen los jueces, y los políticos, con los problemas politizados, hay que hacerlo de manera no convencional.

Hay un problema, puede que el más importante, que es la relación entre las personas. Por tanto, ese problema de la relación, empieza primero en uno mismo -el ‘yo’ y el no ‘yo’ y el conflicto que genera-, y luego entre dos personas. Pero, nosotros, todas las personas, estamos obligados a vivir en relación con todos los demás.

Cuando en una pareja, un matrimonio, no hay una buena relación, ¿qué se puede hacer? Primero, si se quiere y necesita, intentar solucionar la causa que genera esa mala relación. Hasta aquí, todo bien.

Pero, el problema se genera y sigue, se acrecienta, cuando uno de los dos, no quiere o no puede solucionarlo. Y por ello, insiste en obligar a que esa relación inviable, envenenada, prosiga. Intoxicando a ambas vidas, a sus parientes, amigos, vecinos, etc.

Esta situación es muy peligrosa, porque está muy desgastada, se han hecho mucho daño mutuamente. Uno de los dos, puede que sea más poderoso físicamente y puede desembocar en malos tratos, tanto psicológicos, como físicos; puede provocar, brutalidad, crueldad, violencia y la muerte de uno de los dos.

Por tanto, los que juzgan esa relación, han de ser completamente objetivos, libres de condicionamiento político, social, religioso, etc. De lo contrario, aunque se juzgue, al no ser el juicio adecuado, libre de prejuicios y tendencias, el problema no estará resuelto.

Porque, el agravio que recibe la víctima menos fuerte, débil, maltratada repetidamente a lo largo de los años de convivencia, puede hacer que estalle esa violencia endémica, perniciosa, que puede hacer que se maten entre ellos. Como se ve cada día, entre las parejas.

 Si no se matan y prosiguen en su relación, prosigue el problema, que se manifiesta en la imposición de que, es uno el que tiene la razón y el otro no. Por lo que, el deterioro, la brutalidad, la crueldad y el peligro de que se maten va a proseguir.

La guerra, sin descanso, puede afectar a todo el ámbito de las relaciones cotidianas, de parientes, amigos, compañeros de trabajo, etc. Sin darse cuenta, que cada cosa que hagan los dos, se lo pueden echar en cara. Usar como munición, para atacarse. ¿Qué se hace del dinero, cómo vive, en qué se lo gasta, si es derrochador, vicioso, rico, elitista, mezquino, ávaro, intransigente, un dictador de sus ideas que las quiere imponer a toda costa -un machista o una feminista extrema, radical-?

Pues, en toda guerra, se necesita mucha munición; y todo se mira con lupa. Se ven enemigos por todas partes, o se buscan e inventan. Para retroalimentar esa energía, necesaria para tener el vigor y la fuerza, para proseguir con la guerra. Esta es la fatalidad de la raza humana, de los seres humanos, que todavía vivimos como los animales: vencer o perder.

Cuando hay otra manera de vivir: ni vencer ni perder. Sino empatar. Vivir con empatía, con afecto, con cariño, con amor, con compasión. Si es así, no hacen falta la rigidez de las leyes, sus valedores, los hombres armados que se les manda que las hagan cumplir por la fuerza, la brutalidad, la violencia.

Por lo que así, de esa manera tan vieja y repetitiva, cruel y violenta, ya estamos en la misma calle de siempre: destrozándonos unos a otros. Pues, es nuestro juego preferido, nuestra desgracia, miseria moral.

Está la tentación, el gusto, de acusar a los políticos que mandan de que tienen la culpa, son los responsables de todo el desorden, el caos, la anorquia en que vivimos. Cuando esas personas que mandan, han sido elegidos para ello, para solucionar los problemas.

Pero, nos olvidamos que ellos, son como nosotros. Y es por eso, que las votamos. Pues, uno vota al que es como él, por eso lo vota.  

 

1978. Hay que recordar, que todo lo que hacemos, de una manera o de otra a unos puede que les guste, pero hay otros que no les guste. Eso es, la dinámica de la vida, la psicología humana. Que nada, ni las religiones, ni la política, ni las autoridades, y los hombres armados que los defienden y cumplen lo que se les manda, pueden cambiar.