Colaboraciones, 04-05-2013

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1. Para Eric Burdon, cantante, que actúa en la sala Apolo de Barcelona, hoy.
 He leído tu entrevista en el diario..., de ayer.
Gracias por las informaciones y comentarios.
Quiero decirte que he escuchado muchas veces tu canción 'La casa del sol naciente', hace unos cuarenta años -cuando yo tenía unos veinte años-, en discotecas, bares, etc. Era muy bonita, profunda, mística, llena de tristeza, melancolía y alegría, todo junto a la vez.
Que te vaya de la mejor manera posible.
 
2. Para Peter Wagner, politólogo alemán, colabora con el Instituto Goethe.
He leído tu entrevista en el diario…, de ayer.
Gracias por las informaciones y comentarios abundantes que has hecho.
Lo que más me ha llamado la atención, ha sido lo que has dicho de que: 'Alemania aún está reaccionando a los sangrientos choques sociales que llevaron al horror nazi'. ¿Esa es una opinión personal tuya, de los intelectuales -que son una minoría- o es de todo el conjunto de la sociedad. Pues, en todos sitios hay horrores que se cometieron en el pasado reciente o lejano. Aquí en España, después de una sangrienta guerra civil, provocada por un golpe de estado militar, hubo una represión también sanguinaria y cuarenta años de una dictadura militar. Y todavía después de ochenta años hay algunos intelectuales, escritores, etc., que remueven ese pasado.
Pero los jóvenes de treinta años para abajo, casi nadie sabe nada ni le interesa tampoco. Es verdad que la derecha vencedora, represora, no le interesa lo más mínimo que esos temas se toquen, son una especie de tabú, cuando mandaban en la dictadura y ahora también.
Pero, creo que lo mejor es enterrar lo que está muerto, al igual que una persona cuando muere lo que procede es enterrarlo, los hechos también hay que enterrarlos. Porque, por mucho que se quiera juzgar el pasado, eso no es posible. Pues, un hecho muere a cada instante que pasa y nadie si es sincero, serio y profundo puedo juzgarlos. Podrá evaluarlos, pero no juzgarlos. Además, el que los juzga va a mediatizar y contaminar el juicio y sus resultados. ¿Podemos juzgar lo que ocurrió en América, tanto la del norte como la del sur, hace trescientos años donde se estaba haciendo el genocidio a los indios, pobladores aborígenes, que los robaron su tierra, su país, sus costumbres, sus alamas? Pues, no lo podemos juzgar porque es imposible.
Podemos describir lo que ocurrió, lo que pasó, investigarlo, ver los posibles errores que se cometieron según se ven ahora, pero no juzgar todo aquello que pasó e incluso hoy sigue pasando de una manera o de otra. Además en el juzgar hay otro peligro, porque el que juzga se convierte en verdugo y el condenado en víctima. De manera que cuando juzgamos intercambiamos a cada instante los papeles de víctima y verdugo, donde nos alternamos sin parar en esos papeles.
Lo que sí que es necesario es investigar y describir, cuál es el origen de todo aquello que ya ha pasado y que fue tan desgraciado para unos en concreto y para todos en general. Y el motivo, ¿no es la división y el conflicto con el que vivimos a cada instante durante toda nuestra vida? Pues esa división interna va a generar nuestro comportamiento cotidiano, el de cada instante. Y ahí están sus resultados en los nacionalismos, en los clanes familiares y religiosos, en los bloques y partidos políticos, también está la división en los deportes, en el fútbol, en toda competición deportiva, en el trabajo, en el hogar familiar con la esposa, los hijos, los vecinos. Y toda esa división, que es el condicionamiento heredado de nuestro pasado animal, nos hace insensibles al dolor de los demás. Y entonces, ya estamos listos para la brutalidad, la crueldad, la indolencia de tratar a un ser humano como si no lo fuera.
Es curioso que los nazis dijeran que los rusos -los bolcheviques- no eran humanos, pero los rusos -bolcheviques- decían que los alemanes -nazis- tampoco lo eran. Lo decían en los campos de concentración, que tenían tanto los bolcheviques, como los nazis, para desmoralizarlos, humillarlos, deshumanizarlos. Pero, el incendio ya estaba en todo su apogeo, esplendor y nada se podía hacer.
Pero ahora, tú Peter y yo, sí que podemos hacer algo para ir más allá de esa división y fragmentación interna, que va a generar conflicto cuando se imponga en lo que hacemos, cuando respondemos a cada reto que nos llega. Solamente uno tiene que ver todo el peligro, la crueldad, la brutalidad, el horror, la tragedia, que esa división es capaz de generar. Entonces, si somos afortunados y sensibles, ese mismo ver lo que es la división y todo lo que genera, es lo que nos hace que vayamos más allá de ella. De manera que en ese ver lleva consigo la acción total, que es el orden. El orden que no es ni tuyo ni mío ni de nadie, sino lo que es, la realidad, nos guste o no.
 
3. "Y mientras, que se sigan muriendo.  Porque si fuesen sus amigos, o hijos, seguro que no diría todo este discurso, sino que discutiría con el médico”.
Son mis hijos, mis hermanos, mis amigos, mi esposa, mi madre y mi padre, mis abuelos, mis vecinos Pero, aunque no lo entiendas uno ya lo ha dado todo. Puede que si tú, Luis, lo hubieras dado todo lo comprenderías. Darlo todo quiere decir, las propiedades, los bienes, los libros, los regalos, el dinero, dar todo lo que no es imprescindible para sobrevivir.
Si das más -que es una opción- te conviertes en un problema, porque te conviertes en un miserable como a los que quieres ayudar, con el agravante que hay otro, que eres tú. Por tanto, si tú quieres a esos desafortunados pobres, ¿cómo vas a añadir a otro pobre más, que serás tú? Al que tendrán que cuidar, dar de comer, etc., con toda la dependencia que ello conlleva.
Pero, eres libre para optar tu manera de vivir, de encarar los problemas.
 
4. Para que algo sea verdadero –no una huida, un escape- uno tiene que comprender eso de lo que queremos escapar, huir de ello. Pues, en la huida no hay comprensión, y por tanto, no se consumirá toda la energía adecuadamente que requería ese reto. Por lo que, eso ha de volver, volverá, de una manera o de otra, recurrentemente.
Pero, si vivimos con toda intensidad eso que nos molesta hasta que lo comprendamos, todo eso se consumirá y desaparecerá. Pero para ello, no hay que huir ni querer cambiarlo, pues la comprensión llega de la unión, de la no división ni exclusión. Entonces, si uno está completamente con eso que nos molesta o desagrada, sin división ni fragmentación alguna, ello nos cuenta su secreto, de manera que ese desagrado y malestar ya no existe.
Eso mismo es lo que se hace con la vida: es desagradable, molesta por el frío, el calor, las molestias del trabajo en la casa o fuera de ella, por el paso de los años que hacen mella en el cuerpo restándole frescura, etc., pero si no huimos de ese gran reto que es la vida, ella hace que la comprendamos, nos cuenta sus maneras. Y entonces, todo eso que era un fastidio pasa a ser el gozo de vivir, porque ya no nos molesta todo lo que antes no podíamos soportar. Y este es el secreto de la vida, la verdadera filosofía: comprender la vida de manea que nos hacemos como íntimos amigos.
 
5. Para Richard Vaughan, profesor de inglés.
He leído tu entrevista en el diario…, de hoy. Gracias por las informaciones y comentarios.
Solamente quiero añadir a tu comentario, sobre que aunque se hable más el idioma español, el idioma más importante siempre será –de momento- el inglés. Eso tiene una explicación lógica: el inglés es el idioma que hablan los más espabilados del mundo. Y los más espabilados son aquellos que tienen más dinero, fabrican toda clase de objetos, máquinas, etc. Entonces, es lógico y normal que todo el mundo de los negocios -bussines-, gire en torno suyo. Igual que el latín era el más importante, porque los que los hablaban era el Imperio Romano, los más ricos, espabilados, expansivos y dominadores.
Eso quiere decir, que si otra cultura con su idioma fuera hegemónica, más que lo es la anglosajona, su idioma desbancaría al inglés e impondría el suyo. Pues todas las cosas están unidas: el poder, el dinero, el descaro para enfrentarse a los demás, para mentir y falsear la realidad de las cosas, como mejor convenga; la lengua, la cultura, el estilo de vida. Y como eso es lo que más halaga a los demás, ya que todos somos iguales, lo aceptan. Tal cual como sucede ahora con la cultura anglosajona, especialmente la estadounidense.