7. Preguntar y cuestionar, es preciso

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Se ha preguntado, si uno puede estar libre de la violencia. Porque la violencia forma parte de nuestra manera de vivir; aunque usted, no la ejecute directamente, los policías y los gobiernos soberanos, lo hacen porque ha delegado en ellos. Es igual, que cuando come carne, usted no sacrifica el animal, pero el que se encarga de hacerlo, lo hace por delegación suya. Así que vemos violencia en el hogar familiar, en el lugar de trabajo, en los conciertos de música rock, en el fútbol, en la calle, etcétera. También está, la violencia institucionalizada: la de los policías y los ejércitos; y también la de los diferentes grupos terroristas. Por tanto, uno se pregunta, ¿hay una manera de vivir, donde no haya violencia en absoluto? Los maestros, los gurús, los líderes religiosos, etcétera, dicen que si. Pero claro, lo que se dice, lo que se escribe y se narra, no es lo descrito ni narrado.

Por tanto, uno tiene que empezar de nuevo, tiene que mirar cara a cara, todo el proceso de la violencia; ya sea solo o en compañía. Lo que si que está claro, es que solamente usted tiene que verlo en su interior. Para seguir adelante, hemos de preguntarnos, ¿cómo se genera, cómo surge en nosotros la violencia? Porque si nosotros no lo fuéramos en lo interno, no se manifestaría en lo externo, en la vida. En nuestro pasado animal, teníamos la misión de sobrevivir a toda costa, era nuestra programación, nuestro condicionamiento: y no se podía salir de ese ámbito, donde imperaba la violencia, con su crueldad más real y descarnada, según lo vemos nosotros. Ahora, después de un millón de años, sí que tenemos la posibilidad de ir más allá de ese condicionamiento animal. Por tanto, la violencia se genera cuando está dentro de un patrón de conducta en el que uno, no se da cuenta, o no puede salir.

Entonces, en esa situación es preciso que se genere división, porque yo no quiero saber nada de los otros que también tienen su patrón de conducta. Y donde hay división, tiene que generarse violencia. Es lo que está pasando en su vida, en la vida de todos los demás. Uno es de izquierda, de derechas, socialista, facha, rojo, católico, musulmán, judío o budista, es nacionalista ya sea grande o pequeño. Y cada uno, está tirando de su deseo para que se haga realidad lo que hay detrás de eso en lo que me identifico. Pero si viéramos lo que provoca esa actitud, que es la que genera el "yo", el ego, todo el horror y el dolor de la violencia, ¿por qué, no lo descartamos y vamos más allá de esa manera de vivir? No lo hacemos, porque somos irreflexivos, estamos atrapados en nuestra manera de vivir, del más y más, y por eso no tenemos tiempo para ver, para estar solo y observar en todas direcciones, para poder vernos en realidad quiénes somos. Y como no lo hacemos, es cuando nos hacemos dependientes de los maestros, del líder, de los gurús.

Si nos viéramos en realidad quiénes somos, nos daríamos cuenta que para vivir uno tiene que alimentarse y para ello tiene que ser violento, aunque no coma carne también es violento con los vegetales; para vivir, ganarse la vida, tiene que competir para ocupar una plaza, para tener empleo; en los deportes se compite para triunfar; y todo ello, genera división y violencia. Así, que ya hemos visto que todos somos violentos. Y ahora, surge otro problema que es, que no quiero ser violento. Y entonces, lo que sucede es que al dividirse de la realidad, de que soy violento, sigue generando conflicto, confusión y más violencia. Por tanto, aténgase a eso: que soy violento. Y en el momento en que no huya de eso, al cesar la división, no habrá conflicto y la violencia habrá cesado. Habrá esa mínima violencia para poder sobrevivir, alimentarse, etcétera. Porque si no quiere perecer, dejarse martirizar y, que tal vez, lo destruyan, tiene que hacer algo. El amor es eso, verlo todo e intentar ir más allá.