53. El cambio definitivo

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Sería interesante saber porque lee este escrito, si se lo han dicho o lo ha buscado porque ya sabías algo de ello. Pues, aquí no vas a encontrar una descripción alentadora, algo para que te sientas bien, sino antes, hemos de mirar cómo vivimos, no como yo me veo. Más bien, estas palabras serán como un espejo donde quede reflejado quién eres y qué haces con tu vida. Porque, si somos serios, como tendría que ser, trataríamos de investigar que podemos hacer para que el desorden toque a su fin. Porque, nuestra vida es un completo desorden. Y, este desorden genera más desorden. Primero que nada, deberíamos preguntar: ¿Queremos vivir en desorden, con todo lo que eso significa de hacer lo que me apetece, lo que yo quiera? Porque, si dice que sí, que no le importa ni le molesta el desorden, entonces no tiene sentido que siga leyendo y ahí se acaba todo.

Pero, suponiendo que te irrita y molestan los comportamientos indignos para las personas, si te sientes maltratado por la superioridad, si ves que la autoridad es intratable, si ves que la brutalidad impera en toda regla; y, te preguntas: ¿Qué puedo hacer para detener todo este estado de cosas? ¿Qué puedo hacer, para que me traten como un ser humano y no como un objeto, algo que tiene el valor de la utilidad mercantil o en el trabajo? Entonces, tiene que empezar a trabajar arduamente. Primero que nada, hemos de tener muy claro y descartar, que mediante la brutalidad y la violencia no se va a resolver todo este caos y desorden, donde soy una mera marioneta. Tampoco podemos confiar en los políticos y sus ideas, ya sean comunistas, socialistas, capitalistas, de derechas de centro o de izquierda. Ellos lo han intentado, pero no lo han solucionado. Lo han intentado, mediante revoluciones, mediante reformas, mediante guerras y dictaduras, pero siempre lo que hay dentro, en el interior de nosotros, se impone a los planes e ideales. También las religiones han intentado, desde hace miles de años, cambiar al ser humano, hacerlo más bueno y no conflictivo, pero también han fracasado.

Por tanto, tenemos que empezar de nuevo, ya que nada nos sirve. Porque, lo viejo y repetitivo ya sabemos lo que es: división y enfrentamiento, que conduce a la violencia y la guerra. Por tanto, no tenemos nada a que agarrarnos ni apoyarnos, solo tenemos la percepción, el observar, el ver. Y, como todo tiene que empezar en uno, tiene que ver de qué manera desaparecerá su conflicto interno; pues, si solucionas ese problema estás influyendo en todos los demás, ya que tú eres el resto de la humanidad, el resto del mundo. Pues, sería absurdo, decir y argumentar algo a los demás para que todo cambie, si tú no lo vives, no es factual. Así que, solamente me interesa cómo soy yo internamente, pues lo que somos dentro saldrá afuera manifestándose en cada cosa que hagamos. He visto que el conflicto entre mujer y hombre, puede llegar a los malos tratos y al asesinato; he visto que el conflicto entre los nacionalismos, puede generar violencia y guerra; he visto que el conflicto entre personas, es la causa de todo el dolor y el sufrimiento. Por tanto, he visto con todo mi ser, con toda mi sangre y mis nervios, que el conflicto es la causa de toda la desdicha de mi vida, de mi mala relación, sea quien sea con el que hable y trate.

Por tanto, he intentado resolver el problema del conflicto yendo al psicólogo, al psiquiatra, he practicado meditación, ya sea hindú, tibetana o zen, y yoga. Pero, el conflicto permanece en mí. Ahora bien, pero ese mismo deseo de ir más allá del conflicto interno, también le da continuidad y le da vida. Por tanto, miro el conflicto que me desagrada, pero lo sigo mirando, observando sin huir sin reprimir. Y, entonces el conflicto me cuenta su secreto, mi percepción es capaz de ver todo el proceso del conflicto, desde que nace y se origina hasta su final. Y, entonces todo mi ser, la percepción, todo lo que observo, tiene otra dimensión. El conflicto, ha llegado a su fin, con toda su amargura, su desdicha, su crueldad y violencia. Por tanto, uno vive con el conflicto, pero eso no le afecta. El conflicto, está ahí pero no puede operar. Si tienes la fortuna de verlo y vivirlo, verás que fácil es la comprensión. Porque, el conflicto es como la semilla que no tiene el suelo para poder arraigarse. Pues, lo que se arraiga es el ego, el “yo”, que es el generador del conflicto. Y, a este nivel de conciencia y de percepción alerta, el “yo”, ya no funciona.