48. Nuestros inventos

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Cuando se habla de Dios, hay que ir con mucho cuidado, tanteando lo que decimos, olvidando todo lo que nos han dicho, para tener una mente abierta para que sea clara y nueva. Si no dejamos aparte todo lo que nos han dicho, no podremos ir hacia lo nuevo. A lo largo del tiempo, ha habido muchas personas, que las han querido convertir en Dios; pero, es obvio que no lo son. Porque para ser Dios, tendría que ser inmortal y eterno, perfecto. Y, los dioses que conocemos, los pasados y el presente, todos han sido malos. Porque, el diseño no es adecuado. Porque, los hombres siempre estamos sufriendo; la naturaleza nos ataca y puede destruirnos. Por tanto, quiere decir que el Dios que hemos inventado, no es real ni verdadero. Es otro invento más, una distracción, un entretenimiento.

Es curioso, que le pidamos a Dios cualquier cosa que necesitemos; cuando él, como tiene que ser el que todo lo sabe, si lo hace y consiente, tiene que ser lo correcto y lo perfecto. También vemos que nos acordamos de Dios, cuando lo necesitamos; pero, a la hora de cuidar y gestionar lo que él ha creado, nos importa poco. Por eso, uno que habla de Dios, es un tonto, se pierde, tiene que decir tonterías. Porque, Dios ha de ser, entre otras cosas el infinito; y, ¿quién lo ha creado, otro Dios que es más poderoso? Y, así nos perdemos en las palabras. Por tanto, cuando llegamos a lo inexplicable, al infinito, la eternidad, lo total y lo absoluto, una vez llegamos hasta aquí, hay que dejarlo y no tocarlo, ya que es una pérdida de tiempo y energía.

Porque, hay una certidumbre que es incuestionable, que es, que cuando nos dividimos internamente, es cuando aparecen los problemas, las peleas, los malos tratos, las agresiones, la violencia. Y, ahí sí que tenemos que dedicarnos, con todas nuestras fuerzas, para ver qué podemos hacer para no seguir con ese patrón, con esa manera de vivir. Nos hemos acostumbrado, a ver las muertes en los diarios y en la televisión, nos hemos acostumbrado a ver como se destruyen los edificios por la acción de los misiles y las bombas, Hemos avanzado mucho técnicamente en todos los ámbitos, pero ese avance también ha sido en las armas de destrucción; hasta el punto de poner en peligro la existencia de la vida y de la tierra. La capacidad, ha sido lograda y perfeccionada cada día, como siempre ha sido a lo largo de miles y miles de años. Y, ese resultado tan dañino, tan destructivo, es debido a que vivimos divididos. Nada nos interesa que no sea yo y lo mío. No nos importa el que haya desorden, pobreza y hambre, anarquía y caos.

Esta tierra donde vivimos, es nuestra casa común a toda la humanidad, a todos y cada uno de sus pobladores. Y, nadie tiene el derecho de destrozar la casa, por capricho y placer, para el propio beneficio de unos cuantos. ¿Cómo vamos a encarar este problema de la destrucción, de la corrupción y la inmoralidad, de la violencia y la guerra, que cada vez más ponen en peligro nuestras vidas y la de toda la tierra? Con más enfrentamiento, con más peleas, etcétera, no nos sirve. Lo hemos intentado con las revueltas y las revoluciones; los hemos intentado con las dictaduras, ya sean de derechas o de izquierdas; lo hemos intentado mediante la religión; lo hemos intentado con la ciencia y la tecnología. Y, nada ha dado resultado, a la hora de deshacernos del conflicto, para hacer un cambio radical donde nos haga lo menos dañinos posible.

Ya sabemos que somos depredadores, que tenemos que arrasar parte de la naturaleza, para poder subsistir. Pero, con esa excusa, creemos que todo lo podemos hacer a nuestro antojo, a la hora de destruir bosques, ríos, lagos, el aire por el efecto de los gases y el humo que generamos. No podremos dejar toda esta manera de vivir, sin ver todo lo que nos va en ello, sin ver que la causa es de la división interna. Si no estuviéramos divididos, respetaríamos a la naturaleza, a los animales, respetaríamos a los árboles; y, nos respetaríamos a nosotros mismos y a los demás. La división, no solo es en un aspecto, en un ámbito; la división todo lo abarca, es en todo. Si alguna vez, se siente completo, entero y total, es decir, no-dividido, verá como vale la pena ir más allá de la mente divisiva. O, tal vez no, porque todo lo que tiene que hacer, para no estar dividido, no le interesa. Pero, si tal vez, tuviera la suerte de ver en un instante, toda la trama del funcionamiento de la mente, con toda la falta de libertad, con todas sus actitudes absurdas, con todo el sufrimiento y la desdicha que genera, podría ir más allá de todo ello y hacer un cambio radical en su vida.