46. La atadura, el engaño

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¿Por qué no podemos dejar de esperar que nos digan lo que tenemos que hacer ante el problema de la vida? Queremos que nos digan algo para quedarnos tranquilos, creyendo que con una información, con un consejo, resolveremos nuestros problemas. Pero, eso es un engaño, no es real. Porque, nadie nos puede decir, cómo hemos de resolver nuestros problemas. Nada más nos pueden indicar la dirección hacia dónde queremos ir. Pero, si quieres llegar, has de ir solo. Lo has de ver solo y lo tienes que hacer solo. Porque, es que tú tienes tu tiempo, tu manera de hacer las cosas, tienes tus inclinaciones, tus cosas íntimas, y aunque esencialmente todo es los mismo, tienes que empezar por ti.

El ajustarse a un patrón, a una idea, que alguien dice, por noble y sabio que sea, lo que diga un maestro o gurú, eso nos hace dependientes, nos hace de segunda mano, dejándonos donde siempre. Porque, cómo se puede explicar con palabras y con hechos, algo que tú no ves ni has visto nunca, algo que está más allá de todo lo conocido. Pero nosotros, al ser tan poca cosa, al estar tan solos internamente, necesitamos que alguien nos diga qué tenemos que hacer. Y, cuando te lo dicen una y otra vez, te acostumbras de manera que dependes de esa información, sea quien sea el que lo diga. Y, entonces no hay libertad. Y, si no hay libertad, estás donde siempre. Te das cuenta del círculo donde estás atrapado. Todo eso, que estamos viendo es muy importante, porque sin libertad, hagas lo que hagas generará más desorden. Y en desorden, lo que llega es el sufrimiento y el dolor.

Toda nuestra energía, toda nuestra acción, tiene que ver cómo nos liberamos del sufrimiento. En la casa sufrimos, en el trabajo, en el sexo también; sufrimos ante la posibilidad de enfermar, ante el temor de que vuelva a repetirse otra vez un dolor. Y, todo eso ha de desaparecer. La sociedad nos reclama buenos abogados, ingenieros, especialistas, quiere que nos acoplemos a sus exigencias y necesidades; pero, aunque todo esto tiene su lugar, eso no tiene que ser lo más importante, no tiene que ser nuestra dedicación exclusiva. Ya que todo lo que hagamos, tiene que tener la fuerza y la dirección humanista. Es decir, tener tiempo para indagar qué podemos hacer con esta manera de vivir, que genera hambre y pobreza, genera brutalidad y violencia. Todo parece muy arreglado a cierto nivel, pero la corrupción, está ahí. ¿Quieres vivir una vida de corrupción, de hipocresía, una vida de miedo y temor? Si no eres claro y sincero, si llevas una doble vida, no serás libre de todo eso y siempre habrá temor. Decir una cosa y hacer todo lo contrario, nos hace que seamos poco serios, que seamos superficiales. Un hombre serio y profundo, es vulnerable, tiene la gracia de la vulnerabilidad. Un especialista, no puede ser vulnerable porque se tiene que ceñir al programa de su trabajo, que es su especialidad. Y, aquí no puede haber amor. Porque, para que haya amor, tiene que haber espacio para que llegue lo nuevo.

¿Podría comprender, que la dependencia nos quita la libertad, genera sufrimiento, nos hace viejos y repetitivos, de manera que lo pudiera informar y explicar a otro? Comprender de manera, que eso sea suyo y nadie se lo puede quitar ni arrebatar. Porque, cuando comprendemos algo de la vida real, factual y como un hecho, eso no se puede olvidar. Se puede olvidar de multiplicar o de alguna cosa técnica, pero la consecuencia de un hecho, el valor de un hecho, si lo ha visto claramente, con todo su ser, eso no desaparece. Porque, la realidad de la vida, lo verdaderamente importante, está en los hechos, en lo que hemos hecho y hacemos. Y, los hechos dicen, que la libertad es lo más importante para vivir adecuadamente. No la libertad, del que está atado a un poste con una cadena larga o corta. Esa libertad, no sirve porque no lo es en absoluto. Libertad, quiere decir sin ninguna atadura, sin nada que nos impida ser libres. Y, para llegar hasta ahí, tienes que tener tiempo para investigar e indagar, tienes que dedicar tu vida, con pasión, que es la belleza del amor.