45. El conflicto

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Cuando las cosas se ponen feas, uno intenta recomponerse, pero tiene que calmarse. La mente, cuando está alterada, sirve de bien poco. Por tanto, solamente tenemos que observar todo su movimiento. Si es afortunado y puede quedarse solo, entonces sólo tiene que calmarse. Pero, cuando no podemos quedarnos solos, entonces existe la posibilidad que se complique todo. Porque, los seres humanos somos territoriales, somos tribales, somos nacionalistas, somos de izquierda, de centro o de derecha, somos cristianos, musulmanes, budistas. Y, todo esto nos divide y enfrenta, nos causa problemas. Así, que si no puede salir del ámbito de tensión y confusión, nada más tiene que esperar. No hacer nada, es muy importante. Ya que, cuanto más intente solucionar la situación de tensión y división, se puede confundir más todavía y proseguir con el enfrentamiento y el conflicto. Es un momento desagradable.

Pero, la pregunta de por qué se ha generado el conflicto y el enfrentamiento, tenemos que encararla y abordarla. Cuando hay un conflicto, siempre es entre dos como mínimo. Y, esos dos, son lo mismo; porque, el observador es lo observado. El inicio de un conflicto, puede tener muchas causas: celos y envidia, venganza y resentimiento. Pero, la vida es, destrucción, amor y construcción. De ahí, no podemos salir. Y, el verlo y comprenderlo, nos deja salir y estar libres del conflicto. Pero, hay otra pregunta, ¿podemos no ser heridos nunca por nada ni por nadie? Cuando estamos completamente atentos, no existe respuesta al insulto, al desdén, pues solamente estamos observando atentamente todo lo que sucede. Es después, cuando aparece el pensamiento, que analiza y contrasta, lo que ha sucedido al insultarme, que se produce la herida psicológica.

Por eso, cada vez que hablamos mal de alguien, lo estamos destruyendo. Es la costumbre y establecido, hablar de los demás, algunos lo hacen mal. Pero, ¿podemos hablar de los demás sin hacerles ningún daño?

Siempre haremos algún daño a los otros, pero al hablar de ellos hemos de ser muy cuidadosos, cautos y exigentes para no hacerles ningún daño, infravalorando, despreciando, exagerando y agrandando negativamente algún rasgo. Hay algo que tenemos que tener muy claro: el único y verdadero problema somos nosotros; y, a eso es a lo que nos tenemos que dedicar, con todas nuestras fuerzas y energía. La envidia y los celos, son de quién los tiene, es decir, todos; y, por eso sabemos lo destructivos que pueden llegar a ser. Por tanto, aunque es inevitable provocar envidia, celos y escandalizar a los demás, es prudente estar atento para verlo cuando sucede. Y, si lo vemos, como sabemos sus consecuencias, descartar radicalmente.

La vida, de esa manera puede parecer aburrida, al estar siempre atentos a todo cuanto ocurre; pero, si ve toda la belleza del orden y la armonía, la necesidad de vivir en paz, lo verá como algo tan necesario, que será una dicha. Cuando más inatentos estemos, mayor serán nuestros conflictos; y mayor también, nuestra desdicha. ¿Le gusta vivir en conflicto, enfrentado, haciendo que su vida sea una amargura, pesada e insoportable? O, prefiere poder ver con la mirada limpia, con el corazón rebosante de afecto, cariño y amor. Es mucho lo que nos jugamos, ya que el dolor nos irrita y deprime, abriendo la puerta a situaciones desagradables y llenas de peligros. La vida, vale la pena vivirla plena, cuando no es un tormento, una pesada carga. Y, para ello, nosotros tenemos mucho que decir, tenemos mucho que hacer.

No esperemos, que todas las cosas nos lleguen sin más, pues si no hay un trabajo arduo y constante, en una única dirección, que es la de vivir en paz, libre de división y conflicto, seguiremos como hasta ahora, llenos de complicaciones y desdicha. Y, entonces, toda la alegría de lo que es el vivir, no es vista más que un aburrimiento y un fastidio. Pero, al estar alerta y atentos a todo, lo que viene después es el éxtasis y la esencia de la belleza. Puede que diga que las circunstancias son adversas, no son favorables, pero siempre lo de dentro se impone a lo externo. Si amamos la paz, tendremos paz, pase lo que pase. Pero en ello, tiene que haber la misma intensidad y necesidad, que tenemos de alimentarnos o de respirar; sino, todo está dispuesto par que sigamos siendo personas condicionadas, de segunda mano, divisivos y llenos de ansiedad y desdicha. Seamos sinceros y veremos que lo que nos conviene, aunque ahora sea joven o viejo, es estar libre de división y conflicto.