44. El amor

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Hay en el amor, algo que es muy difícil de explicar. Porque, qué es el amor. Muchas veces hablamos del amor, sin realmente saber qué es lo que estamos diciendo. Cuando una persona conoce a otra y dice que ha encontrado el amor; esa expresión, tiene muy poco sentido, pues el amor no se puede concentrar solamente en una persona. Para descubrir lo que es el amor, hay que ir muy lejos en la investigación; hay que inquirir a mucha profundidad. Pues, como todo está manoseado por el pensamiento, que siempre lo arregla, define y explica para su conveniencia, para su propia satisfacción, hemos de partir de cero. Porque, cuando empecemos a investigar sobre cualquier cosa, hemos de iniciar como si no supiéramos nada al respecto. La mente humana, tiene la capacidad de inventar, ver y explicar, todo lo que ella se proponga; sus posibilidades no tienen límite, así que es un arma de doble filo. Y, por tanto, el pensamiento puede presentar como verdadero lo que no lo es; y, montar y desarrollar una teoría o idea que ella quiere demostrar que es la realidad, lo verdadero. Pero, no lo es.

El amor, es la experiencia más extraordinaria que le puede suceder a una persona. Cuando uno dice que ha encontrado el amor en una persona, eso quiere decir que ese amor tiene fecha de caducidad. Por tanto, ese amor no nos interesa. Pero, ¿de verdad podemos tener amor, con todo lo destructivos que somos, actuando como depredadores, agrediendo y peleándonos todos los días? Sí que podemos, porque la inteligencia, que no es material, es amor. Y, la inteligencia es lo que rige el universo. El amor, no es materia, es independiente de ella, al estar más allá, fuera de ella. El cerebro, es materia, son los sentidos, es el cuerpo animal; y, por tanto, ahí no se puede generar el amor. La materia, es tiempo, necesita tiempo para evolucionar de gas a líquido, de calor a frío, de barro a piedra, de la noche al día. Pero, el amor está fuera del tiempo. Y, por tanto fuera de la materia. Porque, el cuerpo, que es materia, tiene que hacer algún daño. Pero el amor, ni hace ni puede hacer daño.

Cuando dejamos la división, en todos los ámbitos, se produce la unión con todo, te haces completo, sano, entero; y, entonces es cuando el amor está ahí operando. El pensamiento, a esa profundidad no puede operar y ha desaparecido. Y, entonces hagamos lo que hagamos, será el amor. Porque, la mente no juzga, ni coteja ni compara, sólo observa y actúa, ni hace daño ni quiere hacerlo ni quiere dejar de hacerlo; solamente vive de acuerdo con la ley de la vida, para salvaguardar el cuerpo que hace de vehículo de la inteligencia. Y, esto es el amor. El cuerpo, sí que hace daño, pero ese daño no es visto como daño, porque no hay tiempo para juzgar, para aprobar, para reprimir. Porque, todo eso es la manera del pensamiento, que ya no está; el pensamiento, que dice yo tengo que hacer esto o aquello. El amor, está más allá de todo eso, solamente actúa sin importarle los resultados; y por eso, es que no es divisivo; porque no se puede dividir, ya que la fábrica de hacer la división, el pensamiento, ya no está operativa, al ir más allá de él, al desaparecer.

Y, si no hay división, el amor es que está allí. Esté donde esté, haga lo que haga, el amor estará allí. Pues el amor, al no ser divisivo todo lo incluye y abarca, no excluye nada. Si hay división y fragmento, el amor no puede ser. Parece un juego de niños. Pero si ha pasado por ahí, o algún día lo comprueba, verá como no lo es. Y, en el amor va implícita la máxima seguridad posible, el orden más elevado, la no-violencia o la menos posible, la armonía. Y, si tienes eso tienes fortuna y dicha, algo de gran valor. Que, tiene un aroma y una belleza como las flores: ellas están ahí, dando su fragancia y su hermosura, para el que pasa cerca y sabe verlas y apreciarlas.

¿Podemos vivir de ese modo, lo intentaremos, podemos estar siempre con ese amor? Si decimos que sí, o que no, eso no es real ni factual ni verdadero. Tenemos que vivir para descubrirlo.