40. Lo eterno

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Si tuviéramos nuestra vista mirando lo eterno, comprenderíamos los problemas que tenemos. Pero, nuestros ojos nada más miran lo superficial, lo momentáneo. Y, entonces aparece la ilusión de que en la actualidad, el momento en que nos toca vivir, es lo peor que nunca ha pasado. Cuando eso, no es verdad. Porque, siempre ha habido agresividad, enfrentamiento, violencia y guerra. Y, donde quiera que uno vaya, también ocurre lo mismo. Y, cuando hay guerra, no sale ni se genera si antes no ha habido todo su proceso, hasta llegar al enfrentamiento y la batalla, con sus matanzas. Es decir, división y confusión, conflicto, violencia y guerra. Y, esto siempre a sucedido durante lo largo desde hace un millón de años. Porque, la estructura y los elementos para que llegue la guerra, siempre son los mismos: hay un desacuerdo y le sigue la disputa-confrontación, o lo que es lo mismo: A contra B; y B contra A. Ese es el paradigma, que se repite desde la eternidad.

Por tanto, cuando alguien hace hincapié, diciendo que ahora estamos peor que hace cien o dos cientos años, es una equivocación. Antes, se mataba para resolver disputas que llegaban hasta la muerte. Y, ahora sucede lo mismo. Tanto a nivel personal, de clanes, de nacionalismos, o de un país contra otro.

Es verdad, que en una cosa si que nos estamos degenerando; y, es que estamos destruyendo la naturaleza, como si fuera algo de recambio o inagotable. Pero, si antes nuestros antepasados no lo hicieron, fue porque no tenían lo necesario para hacerlo, para desordenar la naturaleza como ahora; ya que vivían en un estado muy primitivo, respecto al de ahora, sin maquinaria y su industria, sin la química. Pero, desde que ha habido vida en la tierra, esa lucha eterna de lo uno contra lo otro se repite sin cesar. Los hombres primitivos, siempre estaban destruyendo el orden primigenio, al estar progresando y avanzando en todos los ámbitos. Cuando nos dejamos los árboles y nos hicimos agricultores y pastores, tendríamos que deforestar grandes cantidades del bosque original; tendríamos que alterar la tierra para limpiarla de la hierba que molestaba e impedía el crecimiento de lo que plantábamos y sembrábamos. Los animales, que merodeaban donde construimos nuestras casas, los cazamos hasta hacerlos huir, para desprendernos del peligro de su cercanía. Ahora, en la actualidad, cuando protestan los vecinos porque no quieren tener una fiera cerca de donde viven, hay personas insensibles y egoísta que les obligan a vivir con ese peligro; porque estos, que se imponen, viven a muchos kilómetros lejos de donde reintroducen las fieras.

Por eso, siempre hemos de mirar a la eternidad, mirar a lo lejos, para tener una visión clara y profunda, realista; para no inventar otra realidad que más me gusta y más me satisface. La tierra donde vivimos, es un cuerpo vivo como cualquier otro, toda ella; y, también está sujeta a las leyes que rigen la vida y todo lo que existe, ya sea lo que sea. Y, todo lo que existe está sujeto, al paradigma de destrucción, transformación y construcción otra vez. Por tanto, ello quiere decir que la tierra, que es ahora nuestra casa donde vivimos todos, también tendrá que destruirse alguna vez. Tiene que sufrir ese proceso, que no sabemos dónde empieza y donde acaba, que no tiene principio ni fin, o al menos nosotros no lo podemos ver, y que todo lo que existe está sujeto y afectado por él. Pero, eso no nos libra ni exime de hacer algo, para que el deterioro de este lugar donde vivimos, no se acelere y provoquemos más caos, más miseria, más sufrimiento. Es lo mismo, que le pasa a su cuerpo, él tiene que destruirse y perecer de una manera o de otra; pero, si no le damos lo necesario para que se conserve saludable, si no lo cuidamos y lo respetamos, ese proceso ineludible de destrucción se acelera y se anticipa, generando desorden. Es decir, más confusión y más dolor.

Así, que los problemas siempre se repiten, cambian el decorado, algunas cosas superficiales como ir en avión, ir a la luna o ir a la búsqueda por el espacio, vivir en un gran edificio de muchas plantas, comer poco o mucho, derrochar o vivir con austeridad, tener toda clase de medicamentos. Pero, todo eso no altera a la ley, el paradigma por donde todos y todo tiene que pasar y someterse. Creo, que cualquier persona sensible, con compasión, al querer hacer el menor daño posible, tendrá la capacidad de ver qué es lo más dañino para la vida, que es como decir para los hombres.