25. El amor

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Como estamos tan confundidos, el significado de las palabras, lo que representan, han perdido su esencia y exacto valor; han perdido el cabal informe y lo que significan. Por eso, hemos de descubrir cada palabra, cada cosa que nos llega; hemos de investigarlo todo como si fuera la primera vez, ya que no nos podemos fiar de nadie. Esto no ha de ser motivo de separación, de fragmentación, no tiene porqué dividirnos; simplemente al observar, al percatarse de una manera clara, del estado de confusión en que vivimos las personas, del fuerte condicionamiento que hemos heredado, uno no puede confiar, ni puede dejarse arrastrar por nadie. Las palabras, lo que se describe, no es lo real, no es lo verdadero; uno puede decir una cosa y al día siguiente decir lo contrario. El escepticismo es de gran valor para poder investigar, para no atascarnos -su raíz le viene del griego examino-.
Para que la vida no sea una desgracia, una tortura, es preciso, es necesario que haya amor. Si el amor no puede ser, la vida pierde su significado y se convierte en una persecución del placer, se convierte en algo tan absurdo y peligroso como la huida, se convierte en una lucha egoísta. El amor para que llegue, uno ha de ser tierno, ha de ser humilde, no ha de querer hacer daño a nadie. Si el egoísmo, por mínimo que sea, aunque lo disfracemos y lo encubramos, está en nosotros el amor no podrá ser. El egoísmo y el amor no pueden existir a la vez, no pueden estar juntos; uno de los dos tienen que ser; la elección es de cada cual, es de cada uno. Si somos perezosos, si somos negligentes, si seguimos a alguien, si somos obedientes, si buscamos algo por digno y sagrado que parezca, el egoísmo permanecerá en nosotros.
No queremos ser feos, no queremos ser vulgares, no queremos vivir en la miseria, queremos que se nos admire, queremos sentir y percibir la belleza, queremos hacer algo que tenga significado, pero como estamos tan confundidos, como no tenemos lucidez ni cordura, nos apartamos del amor y nos entregamos al egoísmo. Ser egoísta es vivir en la ilusión, es abrir la puerta a todos los males, es vivir para recomponer todo lo que destrozamos, por eso es que nunca hay creación porque estamos atrapados, estamos dedicados en solucionar los problemas que provocamos, estamos atareados en la recomposición. El amor es creación, es lo nuevo, lo nunca visto ni conocido, es la luz que todo lo baña con su brillo; es lo íntegro y lo perfecto, porque lo imperfecto no existe, no hay noción de ello.
El amor es el milagro que todo lo transforma en belleza, en sentido, que aún sin hacer nada para ello no deja que la con fusión sea. Mientras haya amor sólo estará el orden, sólo el silencio y la quietud que es armonía, sólo percibiremos y nos daremos cuenta del sentido que hay en todo. Cuando hacemos algo egoístamente la plenitud desaparece, dando paso al miedo y al temor, dando paso al dolor, porque hay algo dentro de nosotros que se oscurece, que se empequeñece, que se distorsiona. Descartar el egoísmo es sanar de todos los males, es la mejor terapia, es el remedio para la neurosis, para las histerias, para las supersticiones y estupideces; es vaciar toda la mente de su pesada carga que ha acumulado durante tantos miles y miles de años. Esta pesada carga para deshacernos de ella, primero que nada hemos de darnos cuenta de que existe, de que es algo real, de lo contrario si no la percibimos estaremos atascados.
El amor es algo muy frágil y fuerte a la vez: si es expuesto a un ambiente cargado de tensión, cargado de antagonismos, de confrontación, puede desaparecer sino estamos totalmente atentos; si esta atención es, el amor hará lo necesario para no ser contagiado por el ambiente reinante; lo que hará no lo sabemos, pero sí que estará dentro de su ámbito que es el orden. El verdadero amor puede con todo, si alguien o algo lo altera es porque no es auténtico; si somos brutales, si somos violentos, el amor no puede existir, porque cuando llegamos hasta aquí el egoísmo ha tenido que ser muy desarrollado -aunque no nos demos cuenta, aunque no lo percibamos-. Si nos deshacemos del egoísmo, la violencia y todo lo que la precede no nos afectará, esto es muy arduo y requiere una profunda atención, una disciplina constante, es decir, un aprender activo, de instante a instante.
Un corazón inflamado por sentimientos y emociones, no podrá conocer lo que es el amor; pues estas actitudes distraen de lo que está aconteciendo, nos atascan, nos dejan anegados por haber detenido el curso imparable de la vida, que es la realidad. Alguien que está poseído o posee a una persona, tanto si es el esposo, el padre, el amigo, el hijo, la madre, la esposa, el pariente lejano o cercano, no podrá participar del amor; pues la retención, el aferrarse, la dependencia, son funciones del egoísmo. El respeto es necesario, porque el respeto es amor; si no hay respeto somos egoístas, somos provocadores de amarguras en nosotros y en los demás; si somos egoístas nos convertimos en fabricantes de excusas, en jueces, en acusadores. La realidad y la verdad es preciso descubrirlas, pero no para hacer daño a alguien; este descubrimiento ha de ser clarificador y pedagógico, ha de ser bondadoso y compasivo.
¿Puede haber amor cuando tenemos una idea, un plan, una teoría? ¿Es amor la complejidad, lo frías de nuestras relaciones? ¿Puede existir el amor cuando vamos detrás de lo que queremos conseguir sin reparar en lo que provocamos, sin atender a los retos que nos vienen, que nos llegan? ¿Puede haber amor, cuando vemos que hay millones y millones de hambrientos; que hay guerras con sus bombardeos, con sus asesinatos en masa, con la destrucción de todo lo que sostiene la vida de los hombres y no hacemos nada en nosotros para que todo esto cambie? El amor es la más alta sensibilidad para con todo; un hombre insensible no puede conocer el amor; podrá ser sonriente, podrá ser eficiente, podrá estar al servicio de la defensa de lo que él cree verdadero entregando toda su vida, podrá ser admirado por gran cantidad de personas, pero su insensibilidad persistirá en él.
Mientras exista el egoísmo en sus múltiples formas, el amor no podrá florecer; podremos auto engañarnos, podremos decir que el amor está con nosotros, podrán corroborarlo millones y millones de personas de que así es, pero si persiste el egoísmo de nada servirá, ya que el amor no existirá, será falso. El hombre que tiene amor no impone, no agrede, no es violento, no miente, no es corrupto ni falsea; y si por desgracia, y por causa de una elevada tensión y confusión ambiental, se viese abocado a hacer algo que sofocara el amor rápidamente se percataría, se daría cuenta de la distorsión en todo su ser y lo descartaría. Si no lo hace, el amor desaparecerá y entonces estará perdido, estará atascado, y su vida no tendrá la posibilidad de participar de toda la belleza y la maravilla que nos rodea.