23. La vanidad

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Uno se pregunta, ¿por qué es que queremos estar siempre haciéndonos notar, reuniéndonos con las mismas personas? Es tan tediosa la vida cotidiana, la de cada día, la de todos los días, que vemos la necesidad de hacer algo, de llamar la atención. Este escrito, puede que entre en ese ámbito; no lo sé. Pero, lo tengo que encarar, hacerlo, de manera que tenga sentido, que no sea una mera repetición, que no sea tradición. Nos gusta repetir y repetir, porque en ello no hay que discurrir ni trabajar; y así nos dejamos llevar a la deriva. Esto es así, porque tendemos a la indolencia; y ésta nos trae el caos y la anarquía. La mente, necesita seguridad para poder operar, y la encuentra en la repetición, en la tradición, en el pasado. Pero como estamos condicionados, y el condicionamiento es el pasado, la repetición nos deja como siempre: divididos y en conflicto. Pero, seguimos así, porque no vemos la necesidad de hacer un cambio radical, en que la tradición, el pasado, toque a su fin.

¿Por qué no nos damos cuenta, que por mucho que hagamos, que nuestra actividad sea frenética, no tendrá sentido ni significado, si es mera repetición, tradición? Si no hay un sostén, que es lo que sucedió ayer, o hace una hora, nos sentimos inseguros, no estamos a gusto. Por eso, es que investigar a fondo todo el proceso de cómo se genera el placer, es resolver el problema del tiempo. Porque, el placer es todo en nuestras vidas. Si no hay placer, no nos movemos, no tenemos el deseo y la necesidad para crear e ir a lo nuevo, que nada tiene que ver con el tiempo, como ayer, hoy y mañana. Por eso, le damos tanta importancia a la tradición, a lo que fue hace mil años, un mes o tan sólo un día. Pero, esa tradición, ese sentimiento de que todo sigue como siempre, conlleva también toda la brutalidad y la crueldad, que desde siempre hemos practicado y ejecutado. Por tanto, la tradición es una distracción más, una huida del presente.

Esto es muy sencillo, hace tiempo ocurrió algo en tu vida que fue maravilloso y te proporcionó placer. Pero, el problema llega cuando quiero repetir esa experiencia, que me proporcionó tanto placer. Entonces, como quiero que se repita algo que ya pasó, y ya no existe, está muerto, maquino y elucubro, lo fuerzo todo, con tal de que se repita ese placer. Por eso, el placer nos lleva al dolor. Una cosa es que, sin hacer nada, sintamos como cuando descubres algo y ese descubrimiento te llena de placer. En esta experiencia de placer, no se generan residuos ni confusión, pues el “yo” que es divisivo no está operando. Y por eso, es que le damos tanta importancia a la tradición: lo que dijeron otros, que siempre es del pasado; repetimos cíclicamente para rememorar algo que ocurrió en el pasado. Y nuestra vida, sin darnos cuenta, está insertada en la tradición musical, en el vestir, en el comer, en la manera de relacionarnos, en la manera de encarar los hechos que nos exigen acción sin demora.

Todo esto, aunque parezca poco divertido, ya que les gusta que les distraigan, que les entretengan sus vidas, tiene que abordarlo. Y mientras no resuelva, los problemas, mientras no llegue a la raíz del placer, del dolor, de la dicha y la amargura, que en realidad está todo relacionado, seguirá arañando en la superficie de los problemas. Y recuerde que los problemas, no son sólo de usted. Todos participamos de los problemas de la humanidad. Si tú los resuelves, estás aliviando a todos y a todo lo que tiene vida.