19. El verdadero sentimiento de belleza

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Con la falta de respeto hacia los demás, con las opiniones que son fruto de la propaganda, con una mente tan mecánica e insensible, ¿puede haber lugar para la belleza? ¿Se puede percibir algo cuando repetimos lo que otros dicen, cuando vivimos en una histeria continuada, cuando nos manejan como quieren y según convenga? ¿Puede haber percepción de la realidad -que es belleza- cuando nos dejamos guiar por algún dirigente, algún salvador, algún guía espiritual? ¿Sin un morir a todo lo que nos divide, si no estamos vacíos completamente de todas las opiniones, de todos los odios, cómo podrá florecer el sentimiento de belleza? El ponerse delante de una pared donde está colgado un cuadro, no es belleza; tampoco es observar la luna cuando está creciendo, o escuchar en algún lugar música.
La belleza surge de nosotros; no nos la transmiten a nosotros; ya que ella es una percepción íntima que surge dentro de cada uno cuando hemos descartado todo se antepone entre nosotros y lo que estamos observando. Es porque estamos perdidos, que nos dejamos engañar y arrastrar por lo que nos dice cualquier persona astuta, cualquier persona sin escrúpulos a la hora de falsear la realidad, que somos de segunda mano y llenos de vulgaridad. ¿Dónde está la consideración y el respeto, si no queremos morir a todas nuestras estúpidas y supersticiosas ideas; a todo lo que nos han enseñado a base de esfuerzo y brutalidad? Somos tan crueles, tan insensatos, que creemos que estamos haciendo lo correcto, cuando por el autoritarismo y la represión, cuando por nuestra causa, tantos seres humanos están en la miseria, viviendo en la más espantosa desdicha.
No nos equivoquemos y nos dejemos engañar, mientras haya algo que nos divida, mientras haya algo de odio, algo de estupidez por la repetición de lo que quieran que digamos y hagamos, mientras la violencia sea la base donde se asientan nuestras existencias, la belleza -aunque sigamos repitiendo que es- no podrá ser de ninguna de las maneras. La belleza es paz y amor, es unión con todo y con todos los seres que tienen vida, es no tener ningún enemigo, ni poder tenerlo jamás. Nos creemos que porque pertenecemos a un numeroso grupo de personas que piensan como nosotros, ya estamos en posesión de lo correcto, vivimos adecuadamente, somos merecedores de veneración y de todos los cuidados.
Las religiones organizadas, las democracias con sus partidos políticos, los estados soberanos, las organizaciones internacionales ya sean con aparentes fines nobles y benéficos, hacen que vivamos divididos y sigamos enfrentándonos unos con otros. La división es lo que nos hace ver, que los problemas de los demás no parezcan que lo sean cuando los observamos; por eso, hay tantos hombres a la deriva, hambrientos que pronto morirán por su extrema debilidad, por eso se tortura y maltrata al enemigo, por eso se asesina masivamente a las personas; y se les destruye sus casas, sus campos, sus fábricas de alimentos, sus hospitales, sus carreteras y puentes, sus centrales eléctricas y potabilizadoras, desencadenando enfermedades, hambre y las más espantosas miserias humanas.
Pero lo más curioso es, que cuando hacemos todas esas atrocidades y locuras, hacemos responsables
de ellas y culpamos de todo lo que hemos hecho, a los que han sufrido y sufren nuestro comportamiento desgraciado y cruel. Entonces mentimos, falseamos todo; aparentamos ser civilizados, lo cubrimos todo lo más rápidamente posible para que no nos perturbe ni nos moleste; y seguimos continuando como siempre: divididos, enfrentados, odiándonos, listos para volver a comenzar con la destrucción, los tormentos, las miserias, la violencia y la muerte. Nos hemos acostumbrado a esta manera de vivir, nos hemos acostumbrados a seguir por este único surco de tal manera que no vemos ningún otro; y nos sentimos inseguros y perdidos si dejamos de hacer lo que siempre hemos hecho.
Es muy grave lo que nos está sucediendo, ya que no vemos ninguna salida; y con el desarrollo de las destructivas armas todo el planeta puede estallar y desaparecer toda la vida que lo habita. Siempre las guerras han sido crueles y destructivas, pero la naturaleza, aunque también sufría las consecuencias, no estaba tan amenazada y tan en peligro de sucumbir toda ella como en la actualidad.
Ante todo este panorama, ¿qué lo que vamos a hacer con nuestras vidas, con la vida diaria, la cotidiana, la de la oficina, la de la fábrica, la del hogar? ¿Seguiremos viendo todo lo que está sucediendo como si fuéramos meros espectadores, como si no tuviésemos nada, de lo que sucede, que ver con nosotros? Tanto si nos hacemos devotos de un único salvador, de un guía, de algún líder o de cualquier persona, seguiremos estando donde siempre: en la confusión y en la desdicha. Hay otros que piensan que cultivando y desarrollando el conocimiento, podrán salir de donde nos encontramos anclados, cosa del todo imposible puesto que el conocimiento es infinito y por tanto uno vive esclavizado, buscando algo que nunca encontrará. También hay los que se dedican a la acción, tanto social o piadosa, como mundana e indiferente, creyendo que así purificando, o consiguiendo todo lo necesario para vivir en el placer, podrán deshacerse de la realidad y del dolor que ellos mismos se provocan.
Si no somos como una pared en blanco, hemos de hacer algo al respecto, algo que cambie todo esta agonía, toda esta desdicha, toda esta forma de vivir tan desafortunada y tan causante de dolor. Pero no vale con leerlo o decirlo, hemos de ser capaces de ver todo lo que está sucediendo tanto dentro de nosotros, como lo que sucede en todo el mundo. Ver qué es lo que sucede con la relación que tenemos con nuestros amigos, con nuestros parientes, con los vecinos, con los compañeros de trabajo; ver qué es lo que sucede en otros lugares y qué sentimos con esa información. Hemos de estar siempre muy atentos a todo cuanto acontece, pues lo que en principio parece irrelevante, puede ser la semilla de las grandes desgracias, de los sufrimientos y miserias. Es muy importante ver cómo nace el impulso, el deseo, y descartarlos sin ningún problema, sin ningún esfuerzo ni compulsión.
Si tenemos una vida muy agitada, yendo de un sitio a otro sin parar y arrastrados por el barullo que la sociedad provoca, si tenemos algún deseo que nos perturba -tanto si es sexual, espiritual, o de supervivencia- no tenderemos la suficiente quietud interior para poder tener la atención profunda necesaria para percibir lo que es la vida y cuáles son sus consecuencias, de dónde surgen los deseos y el porqué de ellos.