16. El verdadero valor

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¿Cuándo nos daremos cuenta, de la riqueza que tenemos con nuestras vidas? Estar vivo, quiere decir tener energía, tener la posibilidad de hacer, de actuar. ¿Qué, haremos con esa energía que tenemos, después de alimentarnos, etcétera, que nos sale abundantemente? Podemos invertirla, en actividades expresamente personales; actividades de ocio, por el aburrimiento y el hastío de nuestra vida. Eso es lo que hace la mayoría: trabajar, descansar y luego practicar algo que nos aparte de la angustia que tenemos. Ese, es el motivo de nuestra vida, nuestra manera cotidiana y bien vista manera de vivir Pero, hay otra posibilidad, cuando decimos que haga lo que haga, si lo hace adecuadamente, tendrá sentido y significado verdadero.

Para que algo sea verdadero, tiene que ser algo que nos llene y nos absorba toda nuestra atención. Entonces, ¿cómo saber, si algo es verdadero o falso? Cuando haga algo, lo tenemos que encarar negativamente. Porque, sino la astuta mente se sale con la suya; y vuelve aparecer el ego, el “yo”, el egoísmo. Cuando niega, cuando encara un hecho, un reto, negativamente no sabe lo que va a suceder. Y entonces, la mente se vacía, se queda desacondicionada. Y, llega, aparece lo nuevo. Y, todo lo que le sigue, es verdadero, tiene sentido y significado. Ese hastío y la angustia, ya no nos molestan. De lo contrario, actuamos como meros esnobs, arrastrados por la costumbre, por lo que decide la mayoría, o por otros, que también están confusos y en conflicto.

Pero, ¿por qué sucede esto así, de esa manera, sin que nos demos cuenta que vivimos en desorden, tan vulgarmente, tan repetidamente? Porque somos irreflexivos, porque nos gusta siempre juntarnos con las mismas personas; y claro, todo eso no tiene nada que ver, con encarar los hechos negativamente. La mente, siempre se agarra a lo conocido, porque encuentra seguridad, se siente segura en lo que conoce; le molesta y asusta lo nuevo y desconocido. Pero, la seguridad no existe; cuando más segura cree que está, es cuando más insegura se encuentra; porque la mente, es lo viejo y repetitivo, que es el “yo”. Y el “yo”, siempre es afirmativo, nunca encara los retos negativamente. Y todo el ámbito del “yo”, es el ámbito de la inseguridad; el ámbito del control, de la autosuficiencia, de la autoridad. Pero el control, por eficiente y completo que sea, no trae seguridad. Porque, la parte, que somos nosotros, no puede abarcar la totalidad, el todo.

Y por eso, hay que estar atentos y vigilantes a todo cuanto sucede, a cada reto que nos llega. Porque, el poder, los político, las personas influyentes, encaran los retos asertivamente. Y por eso, porque son influyentes y poderosos, dirigen y marcan lo que hay que hacer. Por eso, hay que tener una actitud de cuestionamiento ante los retos. Pero, cuestionarlo todo, no tiene sentido, ya que no podríamos subsistir, sería absurdo. Es como, el que quiere llegar a no hacer nada de daño, ni provocar nada de violencia. Eso no es posible, pues el mero hecho de alimentarnos, ya estamos haciendo daño y violentos con lo que comemos. Si tiene que competir, por un empleo, por cualquier cosa que haga o desee, ya está haciendo daño a los que también hacen lo mismo. Toda nuestra vida, es violencia. Pero, de nosotros depende, que esa violencia, con su crueldad y su sufrimiento, sea lo menos posible.

Ahora bien, el mismo hecho de querer no ser violento, nos divide de la realidad que es que tenemos que ser violentos para subsistir, y por tanto seguimos dentro del ámbito de la división y el conflicto, Pero, si encaro el hecho de que soy violento y no huyo, no hay división; y entonces, se acabó el conflicto, Y cuando, no existe el conflicto, con su desorden y confusión, es cuando llega la compasión, que es amor.