12. El problema siempre es nuestro

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La crisis, no es del sistema. La crisis, es de la conciencia. Porque, el problema no está fuera de nosotros; el problema somos nosotros. Siempre nos han dicho, cambia lo externo, la sociedad, y cambiara todo. Pero nosotros decimos, cambia internamente y ello afectará a lo externo. Por muchas sanciones, leyes, siempre lo interno se impondrá a lo externo. Y es por eso, que actuamos en el ámbito de la reforma social, que la crisis que siempre está ahí, es perenne y continúa; puede haber un momento que parece que haya desaparecido, pero los hechos demuestran que no, que persiste. Porque claro, sin cambiar nuestra manera de vivir, tan corrupta, tan falta de honestidad, todo lo que hagamos nos dejará como siempre. Pero eso, uno si es serio, sensible, le tiene que impulsar hacer algo. Cuando uno ve como torturan y asesinan violentamente a los toros, por placer y diversión festivalera; ve como lo justifican y defienden, es preciso que haya una perturbación, un shock, que nos haga más sensibles, más compasivos, al ver todo lo que sucede. Ante está violenta y cruel costumbre, que es amparada por el poder político y judicial; científico, como los biólogos y veterinarios; el religioso, nunca la iglesia católica ha dicho que torturar y asesinar a los toros, era un acto cruel y rechazable. Es preciso, que nos llegue más compasión. Porque, en esa trama entre los diferentes poderes, el sufrimiento y el dolor persiste. Y al ver todo ello, la pobreza interna, la falta de sensibilidad, la indiferencia ante el dolor, uno se hace más libre. Porque, cuando ve algo negativo, con toda su atención, con todas las consecuencias que ello conlleva, es cuando se libera de eso. Y si es libre, tiene compasión. No es que nos hayamos hecho indiferentes, indolentes. Lo que ha sucedido, es que al ver visto todo el proceso de cómo funcionamos, entonces vamos más allá. Y en ese ir más allá, todo queda resuelto. Porque, si ha visto todo el proceso de cómo se genera la división, el desorden, tiene paz, no tiene conflicto interno alguno. Y al vivir sin conflicto, la violencia no será. Por tanto, les estamos diciendo, no siendo violentos ni crueles, que su actitud es negativa e inadecuada. Porque, no se trata de discutir y discutir sin fin, de enfrentarse, de hacer contienda. Se trata de que haya paz y no violencia. Y para ello, eso tiene que nacer y manar de nosotros, en cada acto de nuestra vida cotidiana, sean cuales sean las circunstancias y las eventualidades. Porque si no, estaríamos a la vuelta de la esquina: división, conflicto, agresión, violencia, crueldad. ¿Todo esto les interesa? Si no les interesa, pues hay que descartarlo. Y para poder descartarlo, tiene que tener toda la energía que lleva la atención profunda, con todos sus nervios y sus huesos, con todo su ser.