11. ¿Qué es lo que queremos?

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Si es que somos serios y sinceros de verdad, hemos de conocernos, hemos de ver cuáles son los impulsos que permanecen ocultos muy dentro de nosotros, hemos de descubrir si lo que perseguimos es algo posible y favorable. Somos un sin de deseos contrapuestos, cada uno de ellos tirando por su cuenta, cada uno intentando sobreponerse a otro. Y esto es así porque estamos desorientados y confundidos, viviendo en un mar de desdicha y desencanto, que no podemos apartar a causa de nuestra ignorancia e ilusión. Desde hace mucho tiempo, hemos intentado producir algo que fuera la solución de todos los problemas y que al fin viviésemos felices y en paz. Esto no ha sido posible -a pesar de que llevamos intentándolo desde hace varios miles y miles de años-, a pesar de los altos costes en los intentos.
¿Queremos libertad? ¿Queremos orden? ¿Queremos ser compasivos y que todos vivamos bien? ¿Queremos que desaparezcan las miserias, la pobreza, el hambre? ¿Queremos vivir sin brutalidades, sin situaciones espeluznantes? ¿No queremos la violencia que engendra el horror de la guerra? Seguro que cualquier persona medianamente sensible parecería tener claro qué es lo que quiere ante estas preguntas. Aunque su comportamiento diario seguiría provocando todo lo que parece detestable y rechazable. Así es como vivimos en la confusión creyendo que actuamos correctamente; y viendo por los resultados que se nos presentan, que el caos y la desdicha no desaparecen. Decir algo y hacer lo contrario, es algo que deteriora, nos neurotiza, nos lleva al abismo de la insensibilidad.
¿Sabemos lo que implican las palabras orden, libertad, compasión? Si miramos sus significados en el diccionario tenderemos una imagen intelectual de cada una de ellas; pero esto no quiere decir que hayamos llegado a vivenciarlas, a verlas de una manera factual, lo que son en su esencia. Las palabras por bien elaboradas que sean, por enfáticas que sean, no son la realidad, ni representan lo que es la verdad. Si queremos algo, hemos de convertirnos en ese algo; no podemos decir que queremos algo sin conseguirlo; eso quiere decir que en verdad, en lo más profundo de nosotros hay algo que no nos deja ser lo que queremos; y en última instancia, no queremos llegar a esa cosa. Eso que impide el que podamos convertirnos en lo que queremos, ese obstáculo que parece inamovible, es lo que tenemos que sortear si es que hemos de vivir con sinceridad, con seriedad.
El pensamiento es el impedimento que, asumiendo diversas formas y maneras, no nos deja llegar a donde debemos llegar. Ha dividido a la mente en inconsciente y consciente, ha hecho posible el “tú”, el “yo”, el “nosotros”, el “ellos”; cuando en realidad la mente es algo total e indivisa. Es por la falta de una profunda atención, porque nuestra percepción no es total, que decimos que hay algo oculto en nuestras mentes. ¿Una parte de nosotros desea el cambio, o es la totalidad de mi ser el que lo quiere? Si es una parte, eso quiere decir que está operando el pensamiento, por tanto seguimos dentro del ámbito de sus inventos que son todos confusos y caóticos; si es una decisión total, entonces lo que surja de esa decisión de cambio, no tendrá residuos neuróticos ni divisivos.
Lo total es lo sagrado, lo que decimos como meditación, capaz de resolver todos los problemas porque han desaparecido. En la ilusión, se encuentra uno deprimido, molesto, disgustado; pero cuando desaparece, todo es motivo de gozo y alegría. La meditación es todo el proceso de la búsqueda de lo verdadero, o la visión de todo lo que es falso e ilusorio. La meditación no es un sistema para practicarlo en un determinado lugar, durante un periodo de tiempo para lograr unos resultados. Ya que en todo sistema está implicado el tiempo y el deseo. El tiempo, como llegar a ser; el deseo, por conocer de antemano los resultados e ir detrás de ellos. La meditación, no es algo que se pueda buscar; ella es la cesación de toda búsqueda, no porque se haya perdido la sensibilidad sino porque se ha visto la falsedad del deseo y su incesante inquietud.
¿Es diferente el buscador de lo que uno busca? Ciertamente que no lo son, pues es la ilusión la que crea la visión entre el buscador y lo buscado. Si buscamos algo es porque tenemos una imagen, algunos datos, de eso que buscamos; entonces lo que encontraremos será lo que tenemos en el depósito de la conciencia, que es el pasado, que es lo conocido. Cuando vemos la falsedad de toda búsqueda, es cuando ésta cesa inmediatamente, sin ninguna compulsión, sin ningún esfuerzo, sin ningún requerimiento. Lo nuevo, no tiene nada que ver con lo viejo y conocido, con el pasado, con lo repetitivo. Pero lo nuevo, que es virtud, lo encontramos perturbador e incómodo. La verdadera manera de vivir, es abrirse a lo nuevo. Cerrarse a lo nuevo, es cerrar la puerta a la vida.
Como somos tan esnobs caemos en la superficialidad, en lo externo, en lo decorativo y folclórico; nunca vamos más allá de lo sensual y placentero, que es con lo que más fácil nos identificamos. Por eso cuando intentamos hacer algo realmente interesante, nos falta energía para llegar hasta el final, nos falta energía para asumir totalmente cada paso que damos sin volver la vista atrás. El pasado está muerto y por mucho que lo miremos y lo analicemos, ya nunca volverá a ser. Es el miedo, es la inseguridad, es la incertidumbre, por lo que siempre estamos mirando al pasado; o al futuro, para escapar hacia él. Todo lo que sea una huida de lo que es, será algo vano y provocador de más desorden. Es la pérdida de lo que producía placer y seguridad, que provoca la huida desordenada.
Hay que observar todo el panorama de la vida, toda la mente en toda su extensión, no detenerse en ninguna imagen o situación más que lo necesario para observarla, pues si nos enganchamos con algo, aunque parezca digno y adecuado, nos atascaremos y estaremos perdidos. Todo en la vida es digno y adecuado, así que cualquier dependencia es un impedimento para la libertad. Sin libertad no hay felicidad, no hay amor. Sin libertad no podemos mirar en todas direcciones, ni podremos ser creativos ni nuevos e inmaculados. La fealdad es la falta de libertad, que busca en el pasado todas las coartadas para seguir oprimiendo y obstruyendo todo lo que nos haga libres. Los tiranos rehúyen la libertad porque saben que ésta les haría perecer.